Pasan los días, se repiten desde Estados Unidos las amenazas del presidente Donald Trump a Irán si no se aviene a liberar de una vez por todas la circulación petrolera por el estrecho de Ormuz, pero Teherán sigue con su plan de "parecer" que acata las imposiciones para, horas o días más tarde, con los ataques a algunos de los buques, como forma de que las demás empresas teman que a sus envíos pueda "pasarles lo mismo". Y esa práctica persa de intimidar a opositores con algunas postales extremadamete crueles, este sábado se anunció que había sido ahorcado el joven Erfan Kiani, de 26 años, uno de los miles de civiles detenidos en las protestas sociales de enero pasado, al que la Justicia persa acusó de "cumplir misiones del Mossad", y bajo el cargo de "enemistad contra Dios" fue ejecutado sin que se atendieran los múltiples pedidos de clemencia que hicieron entidades de derechos humanos de otros países.
La de Kiani fue la última en una serie de ejecuciones llevadas a cabo desde que el 28 de febrero estalló la actual guerra, con los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra Irán. Mizan Online, la web del poder judicial iraní, señaló que Kiani era uno de los "principales operativos de una misión encargada por el Mosad", el servicio de inteligencia exterior israelí, durante unos incidentes en la provincia central de Isfahán.

El poder judicial iraní, que no admite más que defensas de tono testimonial, lo encontró "culpable de destrucción de propiedad pública y privada, incendio intencionado, posesión y uso de cócteles molotov, atacar a agentes de la autoridad y crear miedo y pánico entre los ciudadanos".
El régimen ira´ni sostiene que las protestas masivas contra el régimen ocurridas en enero "fueron instigadas por Israel, Estados Unidos y grupos opositores", como los ilegalizados Muyahidines del Pueblo.

Un ahorcado cada 4 días
Desde el 19 de marzo, las autoridades iraníes ya ejecutaron a nueve hombres relacionados con dichas protestas, el promedio es escalofriante: un ahorcado cada 4 días.
Irán es el segundo país del mundo que más recurre a la pena de muerte, sólo por detrás de China, según grupos defensores de los derechos humanos como Amnistía Internacional.
En el estrecho, ataques selectivos
En tanto en el estrecho de Ormuz, los ataques por sorpresa de la Guardia Revolucionaria a algunos buques petroleros siguen siendo una amenaza latente, y Trump en sus amenazas respondió deteniendo a algunos cargueros cargados con petróleo iraní. Esa guerra de nervios se ha extendido en medio de la jaqueada "tregua" que en los ámbitos diplomáticos parece seguir en vigencia, pero que en el día de guerra va sumando nuevos y sopalados capítulos de violencia.
En tanto, los ataques con misiles y drones de Irán contra sus vecinos del Golfo cesaron, pero se está todavía lejos del regreso a la normalidad en las ricas monarquías petroleras.
Sucede que Irán asestó un duro golpe a la región, y las reparaciones de las infraestructuras energéticas destruidas podrían durar meses, o incluso más.
Aunque una frágil tregua se mantiene desde el 8 de abril, las negociaciones entre Washington y Teherán que podrían haber tranquilizado a inversores y visitantes están estancadas. Las conversaciones parecen centrarse en el tema nuclear y en el estrecho de Ormuz.
A los países del Golfo les preocupa sobre todo contener a Irán y a sus aliados, y privarlo del control de esta vía marítima estratégica, por la que normalmente transitaba una quinta parte de los hidrocarburos mundiales.
Si el estrecho no se reabre, "algunos de estos Estados sufrirán golpes muy duros. Y ya es el caso", señala Dania Thafer, directora del Gulf International Forum.
Catar detuvo su producción de gas natural licuado (GNL) y, al igual que los productores de energía de Kuwait y Baréin, declaró un "caso de fuerza mayor", que lo protege frente a sus clientes.
AFP/HB