Nueva teoría

Científicos descubrieron un "atajo" a la Luna: podría abaratar el costo de las futuras misiones espaciales

Un nuevo método de cálculo desarrollado por científicos europeos y brasileños identifica rutas mucho más eficientes en consumo de combustible hacia la Luna. El hallazgo podría impactar de lleno en los costos, la logística y el diseño de las próximas misiones tripuladas y comerciales.

Fotos de la Luna desde la reciente misión Artemis II Foto: Artemis II-NASA X

Un grupo de científicos descubrió un “atajo” a la Luna que podría reducir de manera significativa el costo de futuras misiones espaciales. El avance se basa en un método matemático que permite optimizar las trayectorias de las naves y minimizar el combustible necesario para llegar al satélite natural, uno de los principales factores que encarecen cada lanzamiento.

En los viajes espaciales, el combustible no se mide por volumen sino por la capacidad de modificar la velocidad de una nave, un parámetro clave conocido como delta-v. Cada pequeño ajuste en ese valor implica grandes diferencias en costos, especialmente en misiones lunares, donde el gasto total de propelente es extremadamente alto.

Para dimensionar el problema, el cohete Space Launch System utiliza más de dos millones de litros de combustible por lanzamiento, con un costo estimado de miles de millones de dólares, mientras que la nave Orión requiere aún más propelente para completar la navegación hasta la órbita lunar y regresar a la Tierra.

En ese contexto, los investigadores lograron identificar una ruta que necesita 58,8 metros por segundo menos de delta-v que las trayectorias más eficientes conocidas hasta ahora. Aunque la cifra parece menor frente a los 3.342,96 metros por segundo que demanda el viaje completo, el impacto es considerable. Como explica el autor principal del estudio, el Dr. Allan Kardec de Almeida Júnior, de la Universidad de Coimbra, Portugal, “en los viajes espaciales, cada metro por segundo equivale a un consumo masivo de combustible”.

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Puntos de equilibrio y millones de trayectorias posibles

Una de las formas más eficientes de viajar a la Luna consiste en aprovechar los llamados puntos de Lagrange, regiones del espacio donde las fuerzas gravitatorias de la Tierra, la Luna y el Sol se equilibran. En estos puntos, una nave espacial puede mantenerse prácticamente sin gastar combustible adicional.

El sistema cuenta con cinco puntos de Lagrange, conocidos como L1 a L5. Algunos se ubican entre dos cuerpos celestes, otros detrás de ellos, y varios forman verdaderas “bolsas gravitacionales” donde los objetos pueden permanecer durante largos períodos. De hecho, el Telescopio Espacial James Webb opera alrededor del punto L2 entre la Tierra y el Sol, a aproximadamente un millón de millas del planeta.

El problema histórico de estas trayectorias es su inestabilidad. Pequeñas variaciones iniciales pueden generar enormes diferencias en el resultado final, lo que vuelve extremadamente complejo calcular rutas seguras y eficientes hacia la Luna utilizando estos puntos de equilibrio.

Para superar esa dificultad, el Dr. Almeida Júnior y su equipo desarrollaron un nuevo marco matemático denominado “teoría de las conexiones funcionales”. Gracias a este método, lograron analizar millones de trayectorias posibles en lugar de apenas miles, como permitían los enfoques tradicionales.

En total, los investigadores simularon unas 30 millones de rutas distintas hasta encontrar la más eficiente en términos de consumo de combustible. El resultado contradice la creencia previa de que era necesario aproximarse a las órbitas del punto L1 desde el lado más cercano a la Tierra.

Paradójicamente, el estudio demuestra que es más eficiente hacerlo desde el lado más próximo a la Luna. De ese modo, una nave podría mantenerse en una órbita estable y esperar allí el momento adecuado para iniciar la segunda etapa del viaje lunar.

Menos combustible, más comunicación y nuevas posibilidades

Además del ahorro de combustible, la ruta propuesta presenta ventajas operativas clave. Una de ellas es que la nave estaría siempre a la vista de la Tierra, evitando interrupciones en la comunicación con los centros de control de misión.

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El Dr. Vitor Martins de Oliveira, coautor del estudio y profesor de la Universidad de São Paulo, señaló: “En lugar de asumir que es más fácil elegir la parte de la variable más cercana a la Tierra, podemos utilizar un análisis sistemático con métodos más rápidos para intentar encontrar soluciones no triviales”.

La importancia de este punto no es menor. Durante la misión Artemis II, por ejemplo, se produjeron pérdidas temporales de comunicación cuando la nave quedó oculta detrás de la Luna. Según De Oliveira, “la órbita que proponemos es una solución que mantiene una comunicación ininterrumpida”.

El ahorro exacto de combustible dependerá del tamaño de la nave, el tipo de propelente, la eficiencia de sus motores y la carga transportada. Sin embargo, los investigadores remarcan que el beneficio es proporcional al tamaño, por lo que las naves más pesadas serían las más favorecidas.

Un ejemplo concreto es la nave Starship, desarrollada por SpaceX, que podría transportar hasta 100 toneladas de carga. Una leve modificación en su trayectoria lunar permitiría liberar enormes cantidades de combustible, con un impacto directo en los costos y la viabilidad de misiones comerciales.

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El Dr. Almeida Júnior incluso proyecta usos futuros más ambiciosos. “La estrategia propuesta en este artículo implica órbitas alrededor del punto L1, desde donde se podría disfrutar de una perspectiva única: ¡la Tierra y la Luna se pueden ver en lados opuestos de la nave!”, explicó. Y agregó: “La nave espacial podría permanecer en esta órbita alrededor del punto L1 en múltiplos de 13 días, durante los cuales se podrían realizar conexiones con la Luna o la Tierra para reemplazar a los turistas”.

Según el investigador, este tipo de rutas podría servir no solo como escala para misiones científicas, sino también como base para una futura industria turística o incluso para actividades mineras.

Los propios autores reconocen que el modelo tiene limitaciones. En las simulaciones solo se tuvo en cuenta la gravedad de la Tierra y la Luna, sin incorporar la influencia del Sol, que podría permitir trayectorias aún más eficientes.

Sin embargo, sumar al Sol complica el escenario. Incluirlo reduciría la flexibilidad de las misiones, ya que las rutas serían válidas solo para fechas de lanzamiento muy específicas. Como explicó el Dr. Almeida Júnior, “sería necesario ejecutar la simulación para una posición específica del Sol. Por ejemplo, si simulamos la fecha de lanzamiento de la misión para el 23 de diciembre, obtendremos resultados válidos solo para una misión lanzada en esa fecha”.