En el marco de la nueva carrera espacial, el desafío de establecer una presencia humana sostenida en la Luna enfrenta un obstáculo tan silencioso como extremo: las temperaturas gélidas. La NASA reconoce que el límite térmico es uno de los factores más críticos para avanzar en sus planes de colonización lunar dentro del programa Artemis, que busca llevar astronautas de regreso al satélite natural y sentar las bases de futuras misiones a Marte.
A diferencia de la Tierra, el satélite natural carece de una atmósfera significativa que regule el calor. Esto provoca variaciones térmicas abruptas entre el día y la noche lunar, con diferencias que pueden superar los 300 grados centígrados.
En tanto que, durante el día, la superficie puede alcanzar temperaturas cercanas a los 120 °C, mientras que en la noche desciende a niveles extremos, poniendo en riesgo tanto a los astronautas como a los equipos tecnológicos.

Los ingenieros de la agencia espacial trabajan en sistemas avanzados de aislamiento, generación de energía y regulación térmica para garantizar la supervivencia en estas condiciones. Desde trajes espaciales de nueva generación hasta hábitats inflables con múltiples capas protectoras.
Las noches crudas en la superficie de la Luna que alcanzan los -170 °C
Uno de los mayores retos que deberá afrontar la NASA son las prolongadas noches lunares, que pueden durar aproximadamente 14 días terrestres. Durante dicho período, la temperatura puede descender hasta los -170 °C, generando condiciones comparables con algunas de las regiones más frías del sistema solar.
El gerente del programa del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) de la NASA, John Honeycutt, explicó que “el frío extremo no solo afecta a las personas, sino también a las baterías, los sistemas electrónicos y los materiales estructurales”,uno de los responsables técnicos del desarrollo de infraestructura para misiones Artemis. “Garantizar que todo funcione durante la noche lunar es uno de los desafíos más complejos que enfrentamos actualmente”, declaró Honeycutt.

Para hacer frente a este problema, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio evalúa diversas estrategias, entre ellas el uso de fuentes de energía nuclear compacta que puedan suministrar calor y electricidad de manera constante, incluso en ausencia de luz solar.
Además, se estudia la posibilidad de ubicar bases en regiones cercanas a los polos lunares, donde ciertas áreas reciben iluminación casi permanente y las variaciones térmicas son menos extremas.
PM