Bye-bye, Milei
El desgaste de cada año como presidente equivale siete años de la misma persona en su vida normal anterior. En el caso de Milei, se confirma comparando la foto oficial del día que asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2023 con esta última del reportaje de Blomberg en Nueva York la semana pasada.
Si gana sin cambiar triunfa su teoría, si pierde sin cambiar conserva su teoría y
libera obligaciones
Las comprensibles conjeturas sobre sus tres semanas sin pisar su oficina en Casa de Gobierno y el aislamiento en Olivos, sus continuos viajes al exterior y las versiones sobre sus peleas con su hermana y sostén emocional cobran sentido con los desalentadores datos que arroja la marcha de la economía y su consiguiente reflejo en el rechazo de los votantes a su gobierno en las encuestas.
Es un trabajo insalubre, más aún para quien le toque ajustar, y pocos hubieran estado dispuestos a asumir la tarea que llevó adelante Milei. Agregando el comprensible malestar que le genera su percepción de ingratitud por parte de los mercados, los inversores y aquellos pocos que él benefició poniendo su cuerpo como escudo.
Este último viaje a Nueva York le agregó sabores amargos. No recibió de Trump el trato privilegiado que esperaba, la mayor cadena de noticias económica del mundo –Bloomberg–, en lugar de rendirle pleitesía a su modelo económico promercado, le hizo las mismas críticas que escucha de los mandriles y econochantas locales: inconsistencia de su política cambiaria y tendencia a la recesión.
El periodista de Bloomberg, John Micklethwait, no lo interrogó prioritariamente sobre inflación o déficit, que es donde Milei tiene sus mejores argumentos, sino sobre recesión, desempleo, restricciones cambiarias, China y reelección. Prácticamente al mismo tiempo que Milei decía a Bloomberg: “No vemos ningún problema con el crecimiento”, unas horas después se conoció la caída de 2,9% de la actividad mensual –EMAE– en julio.
Milei con el periodista de Bloomberg, John Micklethwait, esta semana en su visita a EE.UU.
El titulo de tapa de ayer de PERFIL fue “Caputo habló con el corazón en EE.UU. y el riesgo país respondió con el bolsillo” (609 puntos), después de diez ruedas consecutivas de suba y en su mayor nivel en cinco meses, cuando estaba 20% más bajo que hoy.
Después que Caputo pronosticó los mejores 18 meses de la Argentina de mayo pasado a diciembre de 2027, o sea, el último año y medio del Gobierno, ahora Milei dice que el mejor año de la Argentina sería 2028 si él fuera reelegido. El problema de prometer el futuro es que cada día que pasa el futuro se convierte en presente y hay que inventar otro futuro.
Antes de viajar, en la Argentina reiteró ante empresarios su resonante frase: “Yo ya estoy hecho”, agregando que si no lo reeligen, vivirá mejor que antes de ser presidente, dando conferencias por el mundo. Un presidente que puede ser reelecto habla de qué hará en un segundo mandato y no sobre qué haría si no fuera reelecto. Lo que no puede no interpretarse como una explicación anticipada de una eventual derrota electoral. “Yo ya estoy hecho” indica que ya comenzó a imaginar públicamente un escenario en que el proyecto continúa sin él o no continúa el proyecto.
Por un lado, Patricia Bullrich y Mauricio Macri marcan la diferencia entre la continuidad del “proyecto” de la continuidad de Milei, por el otro, el peronismo propone directamente otro “proyecto”. En los tres tercios en que están divididas las preferencias electorales de los argentinos, dos tercios parecieran inclinarse por distintas formas de sin Milei. Del “no hay otra alternativa” con el que asumió Milei a pasar a ser Milei una alternativa más.
En su texto La negación, Freud cuenta que un paciente le dice: “Usted pregunta quién puede ser esa persona del sueño, mi madre no es”, a lo que Freud responde que en la negación ya apareció la asociación “madre” . La negación es una forma de permitir que algo rechazado llegue a la conciencia sin que la persona tenga que aceptarlo. En el caso del “Yo ya estoy hecho” de Milei la pregunta es ¿por qué aparece espontáneamente la necesidad de decir que su futuro personal está asegurado si la cuestión que supuestamente está en juego es el futuro político de su gobierno? ¿Milei sabe inconscientemente que va a perder y neutraliza la pérdida diciendo que igual él no perderá nada y los que lo perderán a él serán los argentinos?
No se puede hoy saber si Milei imagina que puede perder pero sí que ya está imaginando qué hará después. Así como el riesgo país de más de 600 puntos también anticipa que el mercado financiero imagina qué podrá pasar después.
También el “Yo ya estoy hecho” puede reflejar un deseo más que un temor a perder, que refleje un deseo inconsciente de liberarse de la carga de ser presidente y por eso no estaría dispuesto a hacer ninguna concesión a su plan económico para asegurar su triunfo. Explicando también otra frase de Milei que preocupó a los mercados cuando dijo que está dispuesto “a morir con las botas puestas” antes que modificar el núcleo de su programa.
La eventual derrota no sería únicamente algo temido, sino también contener una ganancia psíquica secundaria: regresar a dar conferencias viajando por el mundo obteniendo reconocimiento sin soportar las mismas responsabilidades del ejercicio del poder.
Pero lo más interesante es que ambas interpretaciones puedan ser simultáneamente correctas: “Quiero ser reelegido y quiero liberarme del costo de ser presidente”. Freud precisamente permite pensar que los deseos no necesitan ser coherentes. Se puede querer conservar aquello de lo que simultáneamente uno desea liberarse.
Al prometer futuro cada día que pasa se convierte en presente y hay que inventar otro nuevo futuro
Así, si Milei gana sin cambiar, triunfa su teoría. Y si pierde sin cambiar, conserva intacta su teoría y recupera su libertad. En ambos resultados queda protegido algo esencial: su identidad. Un ejemplo más terrenal es en una discusión, cuando una persona se enfrenta a querer tener razón o querer conseguir lo que busca.
Es plausible imaginar que para la psicología epistémica de Javier Milei, tener razón sea más importante que ganar.
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