Canibalismo mileísta
Es difícil enmarcar la reciente visita de Javier Milei a Mar del Plata, la capital del verano argentino, fuera de la dimensión electoral, aun cuando restan casi dos años para que ponga en juego su deseo reeleccionista.
Es difícil enmarcar la reciente visita de Javier Milei a Mar del Plata, la capital del verano argentino, fuera de la dimensión electoral, aun cuando restan casi dos años para que ponga en juego su deseo reeleccionista.
Es cierto que el mileísmo escenifica estos viajes presidenciales inhabituales por la geografía de nuestro país como parte de un “tour de la gratitud”, en referencia al apoyo recibido en las legislativas de octubre.
Esa idea resulta en la excusa perfecta para sostener la clásica estrategia de la campaña permanente, según la cual los gobiernos mantienen durante la gestión tácticas electoralistas para nutrir su capital político. Máxime si se exponen ante la opinión pública con medidas polémicas. En el fondo, hay que decirlo, Milei y su asesor en la materia, el cabizbajo Santiago Caputo, no inventaron demasiado al respecto.
Acaso lo más curioso, tampoco novedoso, sea que estos primeros pasos de proselitismo inocultable se desarrollen en territorios amigables, por llamarlos de alguna manera. Antes Córdoba, ahora Mar del Plata y próximamente Mendoza, son destinos nacionales donde LLA arrasó en los comicios de hace tres meses.
Más allá de que esa decisión intenta evitar en esta etapa conflictos callejeros con el amplio sector social crítico del Presidente (las pocas encuestas serias que hay divide por mitades la imagen de Milei), lo llamativo es que el oficialismo avanza sobre jurisdicciones gobernadas por aliados.
Milei se burló de la prisión domiciliaria de Cristina cuando cantaron "tobillera" en La Derecha Fest
Hay una determinación en lo alto del poder violeta, que ya atravesó el reciente laboratorio electoral: ir con candidaturas propias y que se sumen quienes puedan aportar algo. Votos, se entiende.
En Mar del Plata, como en el resto de Buenos Aires y otras provincias, consiguió que el PRO gobernante se sometiera a LLA. Lucen desagradecidos con Guillermo Montenegro, el intendente con licencia por asumir como senador bonaerense, a quien funcionarios nacionales sindican como “desesperado” por llegar al Gabinete libertario.
La cooptación del PRO es un ensayo de clínica política interesante. Sobre todo por la tensión en la Ciudad de Buenos Aires, donde Jorge Macri buscará ser reelecto y la hermanísima presidencial tiene definido plantarle batalla.
En esa partida de ajedrez también se exhibirá la elasticidad de la aparente “pureza” violeta, que tanto promociona la gente de Karina Milei. ¿Eso inhabilitaría a Patricia Bullrich para que enfrente a Macri en CABA? ¿O a Diego Santilli en la carrera hacia la gobernación bonaerense? Ya está presente ese debate en el oficialismo.
La UCR gobierna Mendoza, el próximo destino de Milei, desde hace mucho tiempo. Pero Alfredo Cornejo debió calzarse la peluca para mantenerse como interlocutor privilegiado de la Casa Rosada. Eso de poco sirvió para que, contra su voluntad, el ex ministro Luis Petri haya encabezado la boleta conjunta -violeta- y se encarame para sucederlo.
Otros radicales con peluca también se sienten mal pagos, como los cordobeses. Tanto cuando hace unas semanas giró por Córdoba capital o recientemente por el Festival de Jesús María, Milei los ignoró.
Idéntica actitud tuvo con Martín Llaryora, el mandatario del peronismo cordobesista. Otro de los que le brinda respaldo en el Congreso y hasta lo asistió con los dólares que la provincia consiguió con la emisión de deuda en el exterior.
En esta suerte de Plan Caníbal, en el que Milei se alimenta de los que más lo ayudan, habrá que ver cómo el Gobierno administra los platos del menú. No sea cosa que algunos ingredientes lo indigesten a la hora de las leyes que quiere aprobar en el Congreso. Acá, nunca se sabe