Fin de ciclo

Cavallo, Melconian y Adam Smith, los líderes de la oposición a LLA

El shock en el que está sumido el sector más grande del peronismo también le da al Gobierno la libertad de acción con la que continúa moviéndose.

Déja vù, Domingo Felipe Cavallo. Foto: Pablo Temes

“Las tropas victoriosas son las que han vencido antes de entablar el combate; las tropas vencidas son las que solo buscan la victoria en el momento del combate”.

Sun Zi, El arte de la guerra

 

1. ¿Quién giró? ¿Fue Javier Milei en los dos años de una gestión que empezó con un discurso a espaldas del Congreso de la Nación y ahora tiene mayorías casi automáticas en ambas cámaras o fueron los legisladores, llamados ratas o casta en su momento, y que ahora van detrás de los distintos proyectos del Ejecutivo? ¿Cambió la política o cambiaron los políticos? ¿Cuál es el rol del Parlamento en tiempos de posdemocracias? Y sobre todo, ¿cuál es el rol de la oposición?

2. 2025 fue el año de las derrotas parlamentarias del oficialismo y el del gran triunfo electoral, luego del apoyo de Donald Trump. Al alineamiento automático del gobierno argentino le siguió un alineamiento también automático de la gran mayoría de los legisladores. El discurso del estado de la Nación de Donald Trump (apenas unos días antes del que dará mañana Javier Milei) marca un estilo y un estado de cosas: demócratas echados de la sala y republicanos aplaudiendo lo que en otras épocas no aceptarían. Los últimos debates parlamentarios en la Argentina marcan un antecedente. La oposición se muestra con casi nula capacidad de movilización y una ineficaz capacidad de organización. Un kirchnerismo en estado de shock, que ve cómo se va resquebrajando (una palabra muy asociada a grieta) y un centro que aún no reacciona. La representación sindical tampoco parece orientada y, en muchos casos, lo que hace es defender la propia parcela antes de los intereses de sus representados. Si Carlos Menem tuvo la capacidad de ir minando a los otros poderes de la sociedad (especialmente el militar y el sindical), el gobierno de la LLA muestra un decisionismo avasallante acompañado de un empobrecimiento argumental en las discusiones. Parecen más importante el lobby, los acuerdos secretos, las negociaciones previas que los argumentos. Tanto en EE.UU. como en la Argentina, el empobrecimiento de lo argumental es un problema institucional cada vez más grave. 

3. Argumentar, fundamentar, brindar matices aun en lo que es política de Estado es, precisamente, parte del rol de las oposiciones. Mucho más que la negociación en nombre de intereses particulares. Y en la Argentina de hoy tales matices no están expresados por quienes tienen una distancia ideológica con el Gobierno, sino por dirigentes que supuestamente están más próximos. La sociedad encuentra más argumentos en las diferencias no menores, esenciales, expresadas por Domingo Cavallo y Carlos Melconian, que señalan las inconsistencias de un plan que empieza a encontrarse con su propio límite –la inflación, el riesgo país, como ejemplo– que entre quienes están en las antípodas de La Libertad Avanza. El ruido económico existe. Y nada es más funcional a quien avanza aún contra la institucionalidad que la parálisis del supuesto otro lado. Si nadie toma la representación activa de una cantidad muy importante de personas que se enfrentan al cierre de empresas, pérdida de sus trabajos y la carencia de una política industrial, se empobrece el conjunto.

4. Limitarse a decir “esto está mal” no es argumentar. Ni hacer política. Mucho menos, brindar alternativas, cosa que sí hacen muchos liberales en la Argentina. Aquí, el problema de los políticos y de la política abre la puerta a otro mayor: la carencia de lo político en una sociedad llena de pantallas, estímulos que, al mismo tiempo, funcionan como cámaras de silencio.

5. Mientras que la palabra que podría descubrir a la gestión de la ultraderecha en el mundo es “fascinus” –de la que vienen términos como fascinación, fascismo y falo–, la oposición va a tomando cada vez más un carácter testimonial. Testimonial también tiene una raíz latina: y su red conceptual incluye términos como testigo y testículos. Tornarse testimoniales es, algún sentido, quedarse en esa fascinación que genera un gobierno de personajes un tanto bizarros. Esperar que todo colapse no es hacer política. 

6. Hace cien años la humanidad asistía a cuestiones parecidas a las de hoy: el avance permanente de las autocracias, motivadas por una mitología y una mística convencida y cierta perplejidad de quienes debían enfrentarlas. Revisar las experiencias como la de los frentes populares en Europa vale la pena para no repetir errores: lo que sirvió para detener el avance autocrático también cayó en una parálisis. Sus militantes no creían que podría precipitarse todo hacia el desastre. Los liberales dejaron hacer pensando que prevenían males menores. Los socialdemócratas estaban en su propia guerra con los comunistas que, a su vez, no vieron el riesgo de lo que estaba pasando.

7. Testimonial, testigo, testículos. Hay un trabajo académico, de Joshua T. Katz, de Harvard, que examina la sorprendente polisemia del término latino testis, que significa tanto “testigo” como “testículo”. Más allá de etimologías, el estudio señala cómo en Roma aquella similitud sonora se transformó en un tema jurídico, vinculado a la verdad, a la posibilidad de establecer otras afirmaciones. Quizás ese movimiento, ese quiebre del lenguaje, podría repensarse. 

8. No es solo un tema ideológico. También se trata de una cuestión estratégica. El filósofo François Jullien tiene dos libros sobre un concepto que en China resuena diferente que en Occidente: la eficacia. El tratado de la eficacia y La conferencia sobre la eficacia quizás pueden dar algunas pistas metodológicas. Vale la pena leerlos.

9. ¿Qué propone Jullien? Básicamente desmodelizar la acción: no moverse por el cálculo previo, sino entender las posibilidades, lo que ofrece el misterio de lo real. Comprenderlo, descifrarlo. No se trata de ir de la matemática a las cosas únicamente (la racionalidad siempre es esencial), sino también de comprender el fluir de lo real. Y eso es lo que se extraña de la oposición.

10. Jullien se refiere a un personaje que no es chino, sino de la Grecia arcaica: Ulises. Tanto en La Ilíada como en La Odisea, Ulises es, antes que nada, el astuto: no el que se aprovecha de los demás, sino el que entiende la dinámica de las cosas. La palabra griega que lo define es polutropos. Nosotros diríamos que “tiene calle”. Esa capacidad interpretativa, esa sensibilidad es lo que aún no se observa de la oposición argentina. Aquella sensibilidad que uno ve en personajes como Zohran Mandani, por ejemplo, aún no se ve en la discusión política argentina. Se necesitan más voces en la política argentina. Pero es fundamental que sean empáticas, imaginativas, valientes.