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Deuda, dólares y poder

Caputo consolida su poder financiero y lanza el Bonar 2027 para cubrir vencimientos clave

Con una economía que creció 4,4% en 2025, dólar controlado e inflación en retroceso, el ministro Luis Caputo atraviesa su momento de mayor fortaleza política. El Banco Central acumula reservas, los depósitos en dólares superan los US$ 38 mil millones y el mercado volvió a financiar al país. En ese clima presentó el Bonar 2027, un título en dólares a 20 meses que paga renta mensual y apunta a reunir hasta US$ 2 mil millones para afrontar vencimientos de junio, mientras prepara un giro hacia créditos hipotecarios en moneda dura.

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Dale, campeón. | Pablo Temes

La economía, con ganadores muy ganadores y perdedores muy perdedores, mostró en 2025 un crecimiento respetable del 4,4%. El tipo de cambio está más que controlado. La inflación, pese a que sigue chúcara, continúa en niveles mostrables; y, quizá, a la baja para febrero. Después de un recálculo de octubre del año pasado (salvataje de Scott Bessent mediante), la relación con los mercados financieros con el país volvió a ser de respeto mutuo. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) lleva comprados unos US$ 2.700 millones; y aguarda acelerar el ritmo de divisas adquiridas en las próximas semanas, cuando en la segunda quincena de marzo comience la etapa sojera 2026, la que se espera más que importante. Cumplió con su promesa de pagar en tiempo y forma los Bopreales, los bonos emitidos para saldar parte de la deuda que el gobierno anterior dejó con los importadores. Los depósitos en dólares llegan a los U$S 38 mil millones; y si funciona bien la aplicación de la flamante ley de Inocencia Fiscal, probablemente el nivel de divisas en las cuentas corrientes y comitentes del sistema financiero y billeteras virtuales se incremente y, quizá, multiplique. Como se sabe, la presencia de dólares frescos en la economía es siempre un sello de calidad para cualquier ministro de Economía en cualquier gestión de cualquier presidente de la democracia moderna recuperada en 1983. No son pocos incluso los que especulan con que llegó el momento de levantar el cepo cambiario, la peor herencia que el kirchnerismo haya dejado en la economía local, que aún perdure en los tiempos.

En definitiva, Luis “Toto” Caputo vive su mejor momento desde que llegó al legendario Quinto Piso del Ministerio de Economía. Ni siquiera parecen tocarlo hechos graves como el cierre de FATE, la situación terminal de muchos sectores de la industria argentina, una construcción que no arranca y un consumo algo desorientado y la pérdida del poder adquisitivo ni la porfiada falta de crédito para la economía real. Se dice que no vive este empoderamiento en pose de “agrandado”. Que mantiene sus clásicas buenas formas. Y que aprendió a que lo suyo no son las humoradas o latiguillos públicos libertarios. Pero también se cuenta que está empoderado. En lo más importante del término: la capacidad de avanzar en medidas y normas que cambien radicalmente la realidad económica y financiera de la Argentina. El tiempo dirá si para bien o para mal.

Sobre esta plataforma de poder, Luis “Toto” Caputo logró esta semana un hito en su gestión. Que pasó casi de-sapercibido. El ministro logró colocar una nueva creación dentro del sistema financiero argentino (algo difícil en un ámbito donde lo que hubo durante las décadas anteriores fue creatividad al máximo); y con real éxito. El Palacio de Hacienda presentó, orgulloso, al nuevo Bonar 2027, por el que esta semana obtuvo unos 250 millones de dólares, y que a partir de marzo tendrá una repetición de emisión quincenal. Y por el que al final del primer semestre del año debería aportarle unos US$ 2 mil millones, necesarios para cubrir la cuota del pago total de unos US$ 4.300 millones que el 9 de junio deberán liquidarse a los tenedores de los Bonares y Globales emitidos en la reestructuración de deuda de agosto de 2020.

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Lo importante del Bonar 27 son sus novedosas características: paga un 6% anual en dólares, los intereses se cobran todos los meses, devuelve todo el capital al final (en octubre de 2027) y tiene una duración aproximada de 20 meses.

Se trata de un papel que genera un ingreso mensual en dólares, liquidado cada 30 días en cuentas comitentes de los particulares tenedores de la deuda, con lo que resulta un instrumento estable en el tiempo y previsible en el cumplimiento.

El vencimiento cae justo en el mes de elecciones para elegir el sucesor de Javier Milei (o su continuidad), con lo que es de cobro garantizado. Nadie puede pensar en un impago de esta deuda, justo en los días en que el propio libertario se juega su continuidad. Se estima que será un bono de mantenimiento en cuenta, con lo que habrá un mercado muy acotado de oferta; lo que probablemente haga que tenga precio de corte caro al cotizar.

Se presume será de ganancia estable y cobro de renta fija mensual. Esto convierte al título en más conservador y en una apuesta poco atractiva para la compra y venta del bono en el mercado de capitales.

Si bien la rentabilidad es inferior al resto de la deuda emitida por el país cotizante en los mercados (una ganancia que ronda entre el 7,5 y el 9% anual), se estima que tendrá un público alto de demanda; al comparar la vida útil del Bonar (20 meses) al resto de la deuda que tiene vencimiento desde 2030 en adelante.

En definitiva, será un bono más estable, menos volátil, con poca oferta y adecuado para perfiles conservadores. Como se observaba ayer en el mercado, es un bono con rentabilidad baja, pero de cobro seguro y de rendimiento superior a un alquiler en dólares. No apto para altos especuladores y quienes esperan un salto importante y positivo para la economía y los mercados locales; donde las rentabilidades en dólares podrían saltar por los aires.

Caputo logró así el sueño de todo trader (una rama de la ciencia que es mirada con cierto desgano desde la macroeconomía): crear un bono que se recuerde en el mercado financiero y que, de alguna manera, lleve su firma.

Ya lo había intentado en su anterior gestión como ministro de Finanzas de Mauricio Macri, al lanzar el “Bono Global 100” o “Bono del Siglo” o “Bono del Centenario”, un título público a cien años que liquidaba cupón en 2117 con un interés de 7,125% anual y que terminó en el basurero de la reestructuración de deuda de Martín Guzmán en agosto de 2020.

Ahora eligió lo contrario. Pasar a la historia, pero con un bono que se parezca más a un plazo fijo en dólares que a una deuda a largo plazo. Y que le aporte a los tenedores de divisas un interés mejor que los lánguidos plazos fijos en dólares locales o un alquiler de departamento en Recoleta.

Caputo muestra, holgado de satisfacción, la creación exitosa del Bonar 27. Ahora va por su siguiente opus. Arriesgado, por cierto. El Ministerio de Economía prepara la artillería técnica y legal para que los dólares depositados en el sistema financiero argentino sirvan para financiar sectores vinculados con la economía real. Comenzando en la posibilidad de créditos hipotecarios en dólares, una alternativa arriesgada que el mercado argentino no veía desde antes del estallido de la convertibilidad. Caputo quiere habilitar estos préstamos y que se conviertan en los impulsores de una nueva era de acceso de los ciudadanos locales a sus propiedades. La implementación no es difícil. Solo se necesita una reglamentación del Banco Central. El problema es la instrumentación. Y que los bancos se animen a prestar dólares en cuentas a tiro de salida, con créditos a largo plazo. Para esto el ministro elabora una idea: securitizar la deuda. Una nueva creación que el sistema financiero criollo no vivió nunca hasta ahora. Y que, de impulsarse, sería una nueva creación de Luis “Toto” Caputo. Un ministro empoderado para impulsar cambios radicales.