1. Los rectores de las universidades nacionales, que el año pasado obtuvieron la sanción y la ratificación de la Ley de Financiamiento Universitario, este año aceptarán una ley que recorta sensiblemente ese mismo financiamiento. Los sindicatos docentes aceptarían dócilmente la pérdida en los salarios de un año entero de inflación galopante (provocada por el mismo gobierno que dice combatirla). Y el aumento retroactivo de los sueldos se ofrecerá en cómodas cuotas mensuales. Si es así, los rectores han traicionado la causa educativa y habría que juzgarlos penalmente. Los niños de 12 años serán considerados criminales y los trabajadores que sean despedidos obtendrán el beneficio indemnizatorio de fondos que provendrán de los aportes jubilatorios realizados por los trabajadores (para jubilarse, no para otra cosa). Y a nadie le parece un escándalo triplicado.
2. En lo que va del verano, los animales domésticos (dos perras y un gato) mataron innumerables ratones (al menos 6), tres zarigüeyas, dos gatos vagabundos y dos pajaritos (sólo estos sirvieron de alimento, los anteriores murieron por principios). Lamentablemente no vimos que mataran a ninguna ardilla, despreciables criaturas que transitan por los cables de electricidad.
3. Termina febrero y creo que ya no podré seguir con mis anotaciones fragmentarias. Era un dispositivo bastante cómodo. Cada día escribía una parte de la columna, hasta completar los caracteres correspondiente a la semana. En mi blog los fragmentos llevan numeración correlativa y totalizan 40 entradas.
4. Este amigo cordobés que me invita a dar una conferencia en el Caribe y que me presta su casa y su auto me informa que “lo chocaron”. El auto sigue andando pero quedó muy mal de chapa, frontalmente. “Créanme, es estético”, insiste (como si fuera poca cosa). Exploro las compañías de alquiler y ya no quedan autos disponibles en la isla, y además los precios son exorbitantes. “Olvidate”, le contesto, “andaremos en la chata”, recuperando una palabra de infancia cordobesa que servía para designar a esos carromatos desvencijados y para todo propósito que se veían en las rutas serranas.