Dólares, deuda y blanqueo: cómo se rompió la relación entre Economía y los bancos

La falta de apoyo para conseguir dólares y la resistencia a aplicar el blanqueo fiscal profundizaron el conflicto entre el Palacio de Hacienda y los bancos que operan en el país. Dos episodios recientes expusieron la desconfianza del Gobierno hacia el sistema financiero argentino y reforzaron su preferencia por bancos internacionales. En Economía sostienen que los bancos locales no acompañaron el programa financiero en momentos críticos, lo que reavivó una vieja tensión con el Círculo Rojo. Desde el oficialismo aseguran que la banca local prioriza la cautela regulatoria antes que el respaldo y financiero al programa de Milei.

Trader. Los bancos no se estarían jugando mucho por la fluidez de aplicación del programa financiero. Desde Hacienda encontrarían más afinidad técnica desde los bancos internacionales. Foto: Pablo Temes

“No tuvimos ningún apoyo del sistema financiero local. Todo lo hicimos nosotros. No les debemos nada”. Así se confesaba uno de los funcionarios más importantes del gabinete de Javier Milei, al reflexionar sobre la complicada hora cruzada que vive el Palacio de Hacienda con el sistema financiero argentino en general y los bancos que operan en el país en particular. El hombre con responsabilidades importantes hablaba sobre dos situaciones de cierre del 2025 y comienzos del 2026. Una más importante que la otra, y donde se vio (al menos en la visión del oficialismo libertario), que los bancos no se estarían jugando lo necesario por la fluidez de aplicación del programa financiero. Y que, por el contrario, desde el Palacio de Hacienda encontrarían más afinidad técnica, pracmática, de ejecución e ideológica, desde los bancos internacionales. Donde, obviamente, Luis “Toto” Caputo mejor se mueve por su pasado trader.

Las dos referencias que se vivieron en los últimos días, fue, primero, la falta de apoyo desde el sistema local para conseguir los dólares necesarios para cumplir con el pago del próximo 9 de enero. Luego, tampoco encontró el Palacio de Hacienda el apoyo necesario para aplicar en tiempo y forma la flamante ley de Presunción de Inocencia Fiscal; un texto donde Caputo y su gente ver con hidalguía y esperanza, la posibilidad de conseguir nuevos dólares para reforzar la maltratada oferta de divisas dentro del sistema financiero argentino.

En los últimos días se observó una falta de apoyo por parte del sistema financiero local
 

Sobre el primer caso, la historia comienza el 10 de diciembre pasado, cuando el ministerio de Economía emitió un bono en dólares, la primera de las colocaciones de deuda para acumular divisas para pagar el 9 de enero los U$S 4.300 millones por los Bonares y Globales emitidos en 2020 durante la última reestructuración de pasivos. La intención del Palacio de Hacienda era la de conseguir en esa operación no menos de U$S 2.000 millones. O cualquier cifra que se acercara al monto del cumplimiento. Sin embargo, el dinero obtenido fueron unos U$S 910 millones de dólares, y con una tasa de 9,26% anual. Mucho más que las anteriores colocaciones de Repo de enero 2025, que liquidaba cupón al 8,8% y el de junio con un interés de 8,25%. El problema de esa colocación del 10 de diciembre, era que al no tener el ministerio de Economía aprobada la legalidad de la toma de divisas por no haberse avalado entonces el Presupuesto 2026, solo tenía como alternativa para ir sumando dólares al mercado de capitales local. Un lugar que, como se observó después de la operación, le cuesta prestar deuda al estado nacional, sin importar quién la emita, la garantía y el Presidente y su equipo. Lo que molestó a Caputo su equipo, es la falta de interés real que manifestaron en el mercado criollo los bancos y fondos de inversión locales, ante la colocación que el ministro consideró crucial. Sin embargo, la recaudación de divisas fue mucho menor a la esperada, y obligó al ministro a diseñar un nuevo REPO, y esperar la traumática aprobación del Presupuesto 2026 que el Senado convirtió en ley el viernes 26 de diciembre.

El segundo evento que separó, otra vez, a Economía de los bancos que operan en el sistema financiero argentino; fue la falta de apoyo que el ministerio encontró en las entidades locales al momento de defender la legalidad, oportunidad y, fundamentalmente, la practicidad del régimen de Presunción de Inocencia Fiscal; también llamado “Blanqueo para los dólares del colchón”. El propio Caputo picanteo el tema durante la semana, al afirmar que nadie tenía que dar muchas explicaciones en los bancos sobre la oportunidad y legalidad de traer dólares a las cuentas especiales que cada cliente persona o empresa tiene en su banco o billetera virtual. Fue Caputo quién aseguró que las entidades no debían “hinchar las pelotas” para que los interesados depositen sus dólares; aunque la medida no tenga las reglamentaciones necesarias, indispensables y obligatorias por parte de del Banco Central como autoridad financiera global, para justificar con todos los pergaminos reales, la tenencia de divisas fuera del sistema local. El propio Caputo había publicado el último fin de semana de diciembre en su cuenta de X, un reclamo a que los bancos no pidieran mayores requisitos ni impusieran trabas, para que los contribuyentes- clientes de los bancos, tuvieran investigaciones o aplicación de la temeraria reforma de control de la Agencia de Recaudación y Comercio Aduanero (ARCA); además de la UIF y el propio Banco Central. Caputo inventivo la rebelión legal al afirmar que el Banco Nación sería punta de lanza para recibir los dólares sin problemas legales; algo que hasta las autoridades de la entidad financiera pública argentina recibieron con precaución. Sucedía que tanto el Nación como el resto de los bancos que operan en el sistema local, esperaban la reglamentación legal desde el ministerio de Economía con aparición clara y concisa por parte de las dependencias públicas que deben fiscalizar la regulación de los dólares no declarados; antes de la aparición de ARCA en el conflicto. Finalmente, el lunes 29 y el martes 30 de diciembre del 2025 y el viernes 2 de diciembre del 2026, no hubo novedades en las entidades financieras. No hubo bancos ofreciendo cuentas alternativas, ni reglamentaciones desde el Banco Central. Y Caputo no pudo presentar en sociedad el presente cambio en las reglas que regulan el mercado del Blue en el país. Los bancos se plantaros y le dejaron claro al ministerio de Economía que hasta que no haya reglamentaciones caras, no harbá incentivo de los bancos privados a convencer a argentinos a regularizar sus deudas financieras en general.

En definitiva, es un capítulo más de dos mundos en los que, más allá de las presunciones originales de eventuales afinidades ideológicas y algún que otro enemigo intervencionista en común; hoy no hay mucha amalgama de acciones directas entre las partes. Como, en realidad, sucede entre Javier Milei y el Circulo Rojo.

No es la primera vez que desde el libertarianismo se culpa a los bancos de los problemas financieros. Ya en julio y agosto del año pasado, en medio de una mala hora cambiaria que sólo se solucionó con la intervención directa del Tesoro de los Estados Unidos y el salvataje diseñado por Scott Bessent; Javier Milei apuntó a “bancos conspirando”. Y no únicamente entidades financieras. Para la visión oficial, hubo integrantes del círculo rojo detrás. Aquellos que consideraban, según la visión oficial, que el tipo de cambio estaba atrasado, que la Argentina no era competitiva, que la velocidad de contracción de los costos internos era demasiado lenta y que, en definitiva, había que recurrir a la acción cambiaria para modificar una realidad. Una cotización que en esos tiempos se pensaba por arriba de los 1.400 pesos; para cerrar el 2026 por arriba de los 1.500 pesos. Y así mejorar la competitividad y encarecer importaciones. Y para provocar una acción directa, en la visión libertaria, todas las fuerzas negativas privadas se encapsularon en la misma posición demandante de divisas, provocando una reacción en cadena en el mercado cambiario oficial que llevó la cotización del dólar de mitad de tabla para arriba. La llegada de Bessent bombardeó la posibilidad, y cerró el torneo a favor del gobierno. Pero las partes quedaron peleadas. Separadas. Hasta aquí, lejanas.