Bueno, aquí un pronóstico: Aníbal Moreno la va a descoser toda en River. Si no se lesiona o pasa algo raro, estoy convencido de que es la mejor compra que hizo River en mucho tiempo. Por supuesto que los problemas de River no se resuelven con un mediocampista central, por más bueno que sea, como Paredes no logró cambiar el juego de Boca.
Un 5, cuando es bueno o muy bueno (como Moreno o Paredes), puede, a lo sumo, aportar criterio, buen primer pase, alguna pelota filtrada, pelota parada (sobre todo en el caso de Paredes) y, obviamente, quite.
Pero no más. Los problemas de River, que fueron en todas las líneas (salvo el arquero, que más o menos cumplió) no van a subsanarse solo por Moreno. Pero sí creo que su llegada debería cambiarle la cara al equipo. Incluso, si bien es cierto que el Mundial ya está demasiado cerca, no sé si no llega a meterse en la lista de la Selección, obviamente como suplente.
Salgamos ahora de Moreno y pasemos al otro tema del que venía hablando: los problemas de River. ¿Es Gallardo uno de esos problemas?
Cuesta decirlo en voz alta. Gallardo es el técnico que cambió la historia de River. No solo por ganarle la final de la Libertadores a Boca, lo cual no es poco. Tampoco por la forma en que ganó (estando tres veces abajo en el resultado entre los dos partidos), es decir, por haberle ganado River a Boca a lo Boca. Si no, precisamente, por eso mismo: porque Gallardo le cambió el carácter a River. Lo convirtió en eso: en un equipo de carácter.
Un equipo duro. Un equipo que pega cuando tiene que pegar. Que aguanta atrás si hay que aguantar atrás. El marketing de Gallardo –hecho de chupamedias televisivos, esos que cubren los entrenamientos y hablan bien de todo, a ver si ligan una camiseta firmada o un par de entradas gratis para sus sobrinos– nos quiere hacer creer que lo propio de los equipos de Gallardo es la recuperación alta y el hambre de gol.
No, nada de eso. Lo propio de los equipos de Gallardo reside en ser duros, en ser equipos duros, jugar a cara de perro, al borde del reglamento. Nada de eso fue el River de 2025 (e incluso desde antes, desde que volvió Gallardo a River). El River del año pasado fue un equipo blando, sin personalidad, al que cualquiera no solo le ganaba, sino que se lo llevaba por delante (¡como Gimnasia!). Hasta el triste Boca lo pasó por encima en el segundo tiempo, lo cual es mucho decir: ¿a cuántos equipos Boca pasó por encima el año pasado?
¿Entonces es Gallardo parte del problema o parte de la solución? El primer campeonato del año será clave para saberlo. Entre tanto, el año pasado vimos un técnico por momentos desorientado, errático y, como siempre, soberbio. No potenció un solo jugador y arruinó a otros que venían jugando bien (como Borja con Demichelis). Gallardo se juega mucho en este primer cuatrimestre, tal vez como nadie (sacando a Boca que, como sabemos, a Riquelme le da lo mismo tener o no tener técnico, o que sea bueno o malo. Para él, tener técnico es una contrariedad que lo malhumora y no puede soportar). Pero Gallardo tiene unas espaldas inmensas. ¿Volverá a ser el que fue?