“Gobernar después de Milei será mucho fácil para cualquiera que le toque hacerlo”.
♦ Ya no habría piquetes cortando avenidas, rutas y autopistas que terminaron con el gobierno de De la Rúa, hicieron tambalear el de Mauricio Macri y amedrentaron al de Alberto Fernández.
♦ No habría déficit fiscal y quedaría instalado que cada nuevo gasto público a generar debe tener su contrapartida en un nuevo impuesto haciendo que se inhiba parte de las demandas de la sociedad.
♦ La administración púbica estaría “disciplinada” tras los procesos de purgas con distintas formas de despidos de estatales y con todos los que quedaron trabajando presencialmente.
♦ Tras recesiones y contracciones, la inflación estaría dominada o camino a serlo con la reaparición del crédito para los consumidores.
♦ La renovación de la deuda pública se habría normalizado después de un paulatino descenso del riesgo país (el propio Mauricio Macri lo tuvo en 300 puntos básicos en 2017).
♦ Así como Michel Temer, quien asumió la presidencia tras la destitución de Dilma Rousseff, legó la reforma laboral e impositiva, Milei dejaría aprobadas por el Congreso leyes que ningún gobierno anterior pudo, mejorando la competitividad y rendimiento de las actividades productivas.
♦ Milei sería un gran Remes Lenicov, el primer ministro de Economía de la presidencia de Duhalde, quien se llevó los costos del ajuste y licuación de todos los ingresos fijos (salarios y jubilaciones) tras la salida de la convertibilidad.
♦ Como le atribuyen haber dicho a Carlos Melconian recién asumido Alberto Fernández, “san pandemia” porque con el ajuste que había hecho Mauricio Macri entre 2018 y 2019 dejando en cero el déficit fiscal, si no hubiera sido por la necesidad de emitir en gran escala por la pandemia el peronismo podría haber hecho un gobierno razonable en materia económica y “no se iban más”. Y Milei dejaría un país aún mejor en términos de flujo de fondos.
♦ Desaparecerá la restricción externa por falta de dólares porque aquel a quien le toque gobernar 2027-2031 sería el protagonista del sensible aumento de las exportaciones por habitante al alcanzar Vaca Muerta su madurez y comenzar las exportaciones de la minería.
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El hechizo. A veces pienso que quienes aborrecen los modos de Milei desvalorizan su intelecto, son conscientes del riesgo que implican sus problemas emocionales y secundarizan lo anterior ponderando el valor del “trabajo sucio” que está haciendo el Presidente y nadie más se animaría a hacerlo. Alguien que no piense en el día después a dejar de ser presidente.
Ciertos aparatos de legitimación del poder fingen demencia, como se dice últimamente, y por algo será que se repite esa combinación de verbo y sustantivo.
Algunos fingen demencia como una forma de evitar responsabilidades, conflictos y sus consecuencias. Para otros es una técnica para ganar tiempo, una forma de complicidad silenciosa: “El poder se ejerce desde la ambigüedad”. Sartre decía que “elegir no saber” era un acto de mala fe.
Pero a veces es un mecanismo de defensa inconsciente. También puede ser el resultado de la fatiga, el agotamiento y la impotencia.
Pero, ¿qué se finge?
La tormenta. Se finge desconocer el riesgo de que el experimento termine mal. Termine mal porque no logre su cometido e implosione por sus propias inconsistencias. Termine mal porque logre su cometido con efectos secundarios –externalidades– muy costosos para muchas personas.
“Abróchense los cinturones”, propuso Milei en su mensaje de fin de año. Más rápido, más fuerte. ¿Correr cuando llueve más intensamente?
Nadie sabe. La política es como el Teorema de Bell en la física cuántica: “Ninguna teoría física de variables ocultas locales puede reproducir todas las predicciones de la mecánica cuántica”. Las llamadas desigualdades de Bell describen experimentos donde “el resultado predicho difiere del que se deduciría del realismo local”.
La política y la economía tienen “variables ocultas” con las que Einstein hizo su famosa objeción a la mecánica cuántica diciendo: “Dios no juega a los dados”.
Con el mismo superávit fiscal, el mismo déficit de cuenta corriente, la misma inflación mensual, las mismas reservas negativas, los mismos vencimientos de deuda, todos los indicadores económicos iguales antes de las elecciones de octubre, el riego país pasó de casi 1.200 puntos a casi 600. Pero más allá de ese medidor, los argentinos pasaron de comprar dólares a dejar de hacerlo mostrando de la manera más ilustrativa que la economía no es una ciencia exacta sino social, con todo lo que esa palabra significa.
El hechizo y la tormenta, ambos componentes de este comienzo de 2026 como prolongación de la montaña rusa de 2025. Lo más sensato en un lugar así es abrocharse los cinturones, como recomendó el Presidente.
Feliz 2026, lector. Lo cruzaremos juntos.