El mensaje de Patricia Bullrich: un gesto a PERFIL y un desafío a Milei
Bullrich profundizó sus gestos de autonomía dentro del Gobierno y ayer dio un paso más al participar de los Premios Fortuna, organizados por Editorial PERFIL. La teoría de Albert Hirschman sobre la “voz” y la “salida” como claves para entender su estrategia.
Albert Hirschman fue un economista alemán judío que huyó del Nazismo en 1933, combatió con los Republicanos en la Guerra Civil Española y trabajó en Marsella en la red clandestina que sacó de la Francia ocupada a cientos de intelectuales y artistas perseguidos por Hitler, entre ellos Hannah Arendt. Radicado en Estados Unidos tras la Segunda Guerra, participó en la planificación del Plan Marshall y a comienzos de los años cincuenta fue asesor económico en Colombia, experiencia de la que surgió su vínculo duradero con América Latina y con las economías en desarrollo.
Su obra se movió siempre en la frontera entre la economía, la ciencia política y la historia de las ideas. En 1970 publicó en la Universidad de Harvard, Salida, voz y lealtad. Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y Estados, un libro breve pero que todavía ordena la discusión sobre las crisis. Ante el deterioro de las organizaciones, sus miembros disponen de dos recursos, sostuvo Hirschman: la salida, que consiste en irse; o la voz, que consiste en quedarse y protestar. La lealtad es lo que permite ejercer la segunda sin desembocar en la primera.
Patricia Bullrich lleva cinco meses ejerciendo su voz, sin lealtad dirían los hermanos Milei. Lo que ayer sucedió en los Premios Fortuna, organizados por Editorial PERFIL, así lo demuestra.
El crescendo de Bullrich para marcar su autonomía, su voz en términos de Hirschman, comenzó el 6 de mayo, cuando exigió en el prime time televisivo que Manuel Adorni presentara de inmediato su declaración jurada. Si el jefe de Gabinete decía tener todo probado, no había razón para esperar al 30 de julio, advirtió entonces la senadora. Dos semanas después, Bullrich presentó su propia declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción. El desenlace es conocido: Adorni terminó renunciando. Los hechos le habían dado la razón a la díscola del Gobierno.
Luego sería el turno de un salto cualitativo, que llegó en junio. Fue con el pliego de la jueza María Verónica Michelli, cuya única objeción era ser cuñada de Hugo Alconada Mon, el periodista de La Nación que investigó la estafa de $LIBRA y el patrimonio de Adorni. Bullrich invocó la objeción de conciencia y ofreció su renuncia a la presidencia del bloque libertario, que Milei rechazó. A la hora de votar, se abstuvo, mientras dieciocho legisladores oficialistas votaban en contra de Michelli. Fue una desobediencia calibrada, no una ruptura. La tesis de Hirschman en estado puro.
Después llegó el turno de la agenda más sensible para Milei: la economía. En agosto, Bullrich admitió que “algunos sectores están pasando un momento difícil”. Y pidió “extender a todos los beneficios del RIGI”. Fue inteligente en su proclama: no discutió números con Luis Caputo, sino lo que significan estos números si todavía no llegan a una familia, una pyme o un comercio. Más tarde, en septiembre, protestó porque los recortes en Discapacidad no habían pasado por la Mesa Política: “Yo no quiero que me traten como tonta”. Y luego se mostró trabajando en su despacho mientras cantaba una canción de Lali Espósito. La artista popular que se convirtió en enemiga pública libertaria. No es ingenua Bullrich.
Y hace una semana, en el Coloquio de IDEA, llegó otra estocada. Bullrich fue la única figura del oficialismo presente mientras el Presidente estaba en París. Habló de la continuidad del “proyecto” pero no mencionó la reelección de Milei. Pidió competitividad para la industria, consumo para el comercio y hasta un aumento en la obra pública. Y definió el sistema previsional como “un tanque agujereado”. Fue la más aplaudida.
Pero el broche de oro, quizá el paso más osado, llegó ayer, en la vigésima primera edición de los Premios Fortuna. En la Bolsa de Comercio, Bullrich entregó la distinción a la Mejor Automotriz y repitió su tesis: que los beneficios del RIGI no sean solo para las grandes empresas, sino para toda la cadena de valor. Después posó junto a Jorge Fontevecchia y Mauricio Macri, con quien no se mostraba desde su paso a La Libertad Avanza.
No fue un gesto menor. No fue un tan solo paso más. Los Premios Fortuna fueron organizados por PERFIL y aceptar la invitación significó un desafío al propio Milei: el Presidente promovió la quiebra de PERFIL, calificó a su fundador Jorge Fontevecchia como “ensobrado” y enfrenta de este grupo de medios juicios por daños y perjuicios, por afectar maliciosamente el desenvolvimiento de una empresa privada, por falta de pago de la publicidad pública adeudada, por instigación a la violencia contra periodistas y por injurias contra Fontevecchia.
¿Qué hará ahora el Presidente? Si calla, convalida que la jefa del bloque oficialista legitime al medio que Milei más detesta. Si la ataca, convierte la libertad de prensa en una frontera interna y consagra a Bullrich como la candidata del Círculo Rojo, precisamente, los representantes del establishment argentino con los que la senadora se reunió en los Premios Fortuna.
Hirschman advertía que la voz pesa mientras la salida resulte creíble. Y Bullrich lo puso en práctica junto a PERFIL.
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