Los paulistanos comenzaron a votar desde la mañana temprano como es habitual; prefieren dejar libre sus tardes para pasear con la familia. En total, son 158 millones de brasileños, aproximadamente el 73% de la población, los habilitados para ir a las urnas. Y todo indica que la inasistencia será baja, a pesar de que impera un desencanto político que viene de larga data.
Las últimas encuestas, publicadas ayer, lo dan como ganador en la primera vuelta a Lula da Silva, aunque con un margen superior bastante estrecho, de 3%, en relación a su gran oponente. Según Datafolha, los resultados de hoy podrían ser de 42% para el senador Flavio Bolsonaro y de 45% para el presidente busca su cuarto y último mandato, tal como él mismo definió.
Estos nuevos comicios son un auténtica “prueba” para el jefe de Estado, que se encuentra en una situación peculiar: enfrenta un adversario que solo tiene una virtud para sus seguidores, la de representar al padre preso, Jair Bolsonaro, quien fuera condenado por la Corte Suprema a 27 años de cárcel por intento de Golpe de Estado. Y todo sugiere que podrá repetirse el mismo escenario de octubre de 2022, cuando la derrota del ex presidente fue por apenas 2 puntos de diferencia.
En Brasil temen que EE.UU. no reconozca un triunfo de Lula si el margen sobre Bolsonaro es estrecho
Las consultoras dedicadas a investigar las preferencias de los ciudadanos, señalan que Lula obtiene el mayor volumen de votantes en las franjas más pobres de la población. A ellos no les ha fallado: amplió los recursos destinados al programa “bolsa familia”, con reajustes de los ingresos. Y en gran medida fomentó la movilidad social de esas capas con el plan “Mi casa, Mi vida”. Como consecuencia, hubo unas reducción notoria en las tasas de extrema pobreza y pobreza.
Otros compromisos de cumplieron a medias. Se reanudó la política de aumento del salario mínimo, pero con límites precisos vinculados a la situación fiscal. Las filas de espera para obtener los beneficios jubilatorios pasaron de 2,5 millones de personas mayores, a 1,2 millones. "Se redujo mucho, pero no llegó a cero” indicaron especialistas.
Parafraseando a Clinton...
Es bueno recordar, aun cuando sea algo repetitivo, aquella frase famosa de Bill Clinton: “Es la economía, estúpido”. De hecho, la peor dificultad de este gobierno lulista, iniciado en enero de 2023, procede de las altas tasas de interés vigentes durante los cuatro años (fue del 14% y ahora se redujo a 13,75%). Esto produjo un endeudamiento, en tarjetas de crédito y en préstamos, que afecta hoy a 80% de las familias. Lula lanzó dos medidas de refinanciación, y el viernes puso en vigencia la tercera; pero esta última disposición demuestra que esas “soluciones” no resultan suficientes. Y eso aparta de este gobierno a un sector importante de la clase media; aquel que supone que Flavio Bolsonaro le dará la respuesta.
El lado bueno de la historia de este tercer mandato petista, es que Brasil redujo el desempleo a su menor tasa histórica. Pero muchos puestos de trabajo fueron conseguidos a expensas de empresas unipersonales y de servicios de entrega a domicilio. Lo que sí cumplió el gobierno actual fue con el impuesto a los ingresos de los más ricos, que entró en vigencia este año con un aporte de 10% sobre ganancias y dividendos.
En la visión del actual ministro económico, Dario Dulligan, el impacto de los conflictos mundiales, especialmente el de Medio Oriente, es crítico para la inflación. “Nosotros buscamos mitigar el efecto de la guerra, con subsidios a los combustibles, sea diésel, naftas o etanol. Pero estos no se van a mantener” declaró. Se quejó, en cierto modo, de la conducta del mercado financiero: “Cada vez que el presidente Lula disputa una elección, reacciona con mal humor y repite los mismos argumentos. En la práctica los resultados del gobierno no justifican los temores anunciados”.