"Kari es Moisés y yo soy el que divulga"

El país en manos de Karina Milei

El país adoptó una extraña gobernanza no prevista en la Constitución. El elegido para gobernar maneja la macro y la diplomacia. La no-elegida controla el Gobierno.

El jefe. En estos años se demostró que no era una metáfora de Milei. Por eso Karina controla los hilos del poder y lo controla a él. Foto: AFP

No pasa un día sin que el nombre de Karina Milei aparezca entre las noticias relevantes. Es que para los actores políticos y económicos, ella representa la centralidad indiscutida del Gobierno. Todos entienden que, si su hermano es el poder, ella es quien maneja sus hilos. 

El poder de los hermanos es un tópico habitual de la historia universal. Con ejemplos internacionales, como los Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba, los Kim en Corea del Norte o los gemelos Kaczynski en Polonia. O en la Argentina, desde los Reinafé en Córdoba hasta los Menem y los Rodríguez Saá. 

Pero lo de los hermanos Milei es diferente.

El poder detrás del Jefe. La racionalidad promedio siempre optó por interpretar metafóricamente a Javier Milei. Como traducir que “ama a los perros” cuando él cree que ellos lo asesoran en distintas disciplinas.

Con los dichos de Milei acerca del poder de su hermana ocurre lo mismo. Se sigue eligiendo pensar que son metáforas para que no entren en conflicto con la razón media. 

El problema es que se trata del jefe de Estado más literal que gobernó el país. 

Desde antes de 2023 viene sosteniendo que su hermana es “el Jefe”. Lo decía en privado y lo repetía en los reportajes. Antes de asumir, en un encuentro con importantes empresarios, lo reiteró cada vez que uno de ellos le hacía alguna propuesta: “Hablalo con Karina”. Al final, el empresario que había organizado la cita y mantenía una cordial relación con él, se quedó para hacerle entender que el establishment necesitaba verlo como líder excluyente y que sus continuas menciones a Karina podían desdibujar esa imagen. Su respuesta fue clara: “No, los que no entienden son ustedes, él es el Jefe”. 

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En privado y en público se encargó de explicar el origen de ese poder. 

Es recordada la entrevista con Viviana Canosa en la que, entre lágrimas, lo definió así: “Moisés era un gran líder, pero no era bueno divulgando. Entonces Dios le mandó a Aarón para que divulgue. Bueno, Kari es Moisés y yo soy el que divulga. Soy solo un divulgador”. 

También la calificó reiteradamente de “ángel” y en el documental realizado por el actual funcionario Santiago Oria (Pandenomics, 2021) pidió que ella apareciera con alas en sus espaldas para que se la viera, precisamente, como un ángel.

Puede que cueste aceptarlo, pero no hay metáfora en Milei. Es literalidad en estado puro. 

Cada vez que asocia a su hermana con Moisés (según los textos bíblicos, fue el único humano que llegó a tener comunicación directa con Dios) lo que hace es repetir las escenas que les contaba a sus amigos más íntimos, reveladas por las investigaciones de la revista Noticias, y que él nunca desmintió: está convencido de que ella se comunica con Dios (a través de su fallecido perro Conan) y que fue así como le anticipó que llegaría a presidente. 

La última revelación conocida fue que el “Uno” le adelantó que ganaría los comicios de octubre pasado, de acuerdo a lo que les confió a los evangelistas que por entonces lo visitaron en la Casa Rosada. 

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No se sabe si su hermana menor cree, de verdad, poseer la capacidad que se le atribuía a Moisés o si, como suponen algunos examigos, es la forma que encontró para contener la “emocionalidad importante” de su hermano (Bullrich dixit) y controlarlo.

En todo caso, lo importante no es lo que Karina crea, sino lo que crea el Presidente, que le cedió el poder a la mujer que siempre lo cuidó.

Extraña gobernanza. Desde hace dos años y medio, el país adquirió esta extraña forma de gobernanza no prevista por la Constitución.

Quien fue elegido para presidir el Ejecutivo en realidad se encarga de la macroeconomía y las relaciones internacionales. Y quien no participó de elección alguna y solo ocupa el cargo de secretaria general es quien controla el manejo diario del Gobierno. Una mujer que, según dos encuestas conocidas esta semana, posee una imagen positiva que apenas ronda entre el 13% (Management &Fit) y el 16% (Atlas Intel).

Es ella quien lidera la mesa política del Gobierno desde la cual se marcan los lineamientos que deben seguir estrictamente los funcionarios, legisladores y dirigentes de LLA. Es ella la que acaba de ordenarle a Bullrich que avance en el Senado con el proyecto completo de reforma electoral y se deje de buscar acuerdos parciales con los gobernadores. Es ella la encargada de disciplinar a sus diputados para que traten ya las leyes que les envió, en especial la Ley Hojarasca. Es ella la que impuso a su operador Sebastián Pareja como presidente de la bicameral de fiscalización de la SIDE, para controlar a los espías que controla Santiago Caputo. Es ella la que está detrás de la designación de decenas de nuevos jueces. Y es ella la que lanzó los “Cabildos Abiertos por la Libertad”, el entramado territorial en los 135 municipios bonaerenses, y la que conduce armados similares en el resto de las provincias. 

También es ella la que aparece mencionada en distintas causas de corrupción. Como $Libra, la criptomoneda que promocionó su hermano y resultó una estafa; y la de la Agencia de Discapacidad, por el famoso 3% de supuestas coimas.

La otra causa en la que se la menciona es en la que se investiga si Manuel Adorni obtuvo y usó dinero de manera lícita y declarada. Pero en este caso no porque se sospeche de ella, sino porque hasta los periodistas más oficialistas se preguntan por qué lo sostiene en el cargo.

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El poder del jefe de Gabinete no devino del presidente electo, sino de su hermana no electa, quien lo convirtió en consejero, confesor y en casi-amigo. Él conoce bien las verdaderas ambiciones y secretos de Karina. Soltarle la mano no solo sería quedarse sin un colaborador confiable, sino que conllevaría el riesgo de despertar en su casi-amigo un peligroso sentimiento de traición.

Ella/Adorni. Un párrafo aparte para el clamor del oficialismo mediático y político que pide aquella renuncia. 

Es cierto que la espectacularidad del caso es atrapante para la audiencia e inevitable aun para medios y periodistas adiestrados en solo dar buenas noticias. También es cierto que ese caso les permite recuperar una mínima cuota de sentido crítico y compensar levemente el foco unidireccional sobre la “corrupción kuka”, a la cual la mayoría de estos oficialistas supo descubrir demasiado tarde. 

La forma que eligieron para tratar el tema es resaltando la “lealtad” de los Milei con su funcionario, reemplazando la crítica por una suerte de consejo amistoso: los hermanos deben soltarle la mano porque su permanencia “empaña la imagen de transparencia del Gobierno” y “la sociedad habla de esto en lugar de hablar de los buenos resultados” de la gestión libertaria.

Habrá que ver hasta cuándo les es posible sostener a Adorni pero, en el mientras tanto, el oficialismo mediático y político puede encontrar algún consuelo. 

El escándalo al menos relega las noticias más acuciantes sobre el estancamiento económico, la parálisis del consumo, el cierre cotidiano de empresas y la suba del desempleo. Además de un aumento de precios que en abril fue de 2,6% (la amabilidad mediática tituló como “baja de la inflación”) y que en los primeros cuatro meses del año ya superó en dos puntos el proyectado en el Presupuesto para todo 2026. 

Quizá sin el Adornigate, hasta no habría más remedio que empezar a preguntar por qué si la inflación es un fenómeno estrictamente monetario, tras dos años y medio de superávit fiscal, aún no comienza con un cero delante. Que es la tan repetida e incumplida promesa de Milei.

Pero que Karina maneje el poder no significa que en esto pueda ayudarlo.