Pasó Stalin y dijo que era mucho
Perder el sentido, forzar los simulacros, el “hacer como que”, fingir demencia. Lo que comienza en una cascada puede convertirse en catarata.
Estoy triste, pero estoy contento de estar triste/Sin embargo, estoy triste de estar contento de estar triste/Pero me pongo contento, muy contento de estar triste/
Canción de la alegría, Leo Masliah
Si el amor es catarata/Quién lo va a dominar/Si es libre naciendo en los montes/Aún más libre llega al mar./Era sabio y a la vez/Era ciego y veloz/Y no había más voz que su voz/Río gigante y feliz/ El amor
Catarata, Pedro Fernández
Sin embargo, declaro que me asombra la ingratitud o la indiferencia de los mortales, pues aunque todos me festejen celosamente y reconozcan de buen grado mi bondad, jamás ha habido ninguno en tantos siglos que haya celebrado las glorias de la Estulticia en un agradable discurso, al paso que no han faltado quienes, a expensas del aceite y del sueño, hayan abrumado con relamidos elogios a los Busiris, a los Falaris, las fiebres cuartanas, las moscas, la calvicie y otras pestes semejantes.
Elogio de la locura, Erasmo.
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1. No fue necesaria la providencial aparición de un Santiago Caputo para hacer interrupciones incómodas: la conversación entre el relator de fútbol y publicista político Alejandro Fantino y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue, como tantas otras cosas que suceden en la política argentina, un simulacro. Parecía una entrevista en un streaming, pero era otra cosa: representación sin contenido. Mantener la formalidad, pero para hacer otra cosa. No hubo aclaraciones, justificaciones, explicaciones del funcionario. No hubo lo que define a los reportajes periodístico. No hubo racionalidad, aunque se mantuvieron las supuestas formas. La opinión de Adorni y su estado de ánimo (Jorge Fontevecchia habló de “pobreza”: aquí se trata de pobreza conceptual) es irrelevante para los ciudadanos que carecemos de los datos concretos que expliquen algo tan simple como de qué vive el jefe de gabinete de ministros.
2. No son pocas las citas a Gramsci o a Lenin de los ideólogos de la ultraderecha. Steve Bannon habló de leninismo organizativo y la propia idea de batalla cultural es original del teórico marxista italiano, así como “casta” fue un término que nació de los populismos de izquierda europeos. Ahora tenemos un paso más en ese camino. Karina Milei ensaya una suerte de stalinismo dentro de LLA: discurso único y bajada de línea como método. La purga y la burocracia como moral de estado. Por eso, la irrupción de Patricia Bullrich reclamando algo tan elemental como explicaciones, actuó como una disonancia o un detonante —lo mismo pasó con el caso Espert—. Todo lo que siguió se inscribe en la reducción de daños. Y un poco improvisada. Quizás el reportaje que Milei concediera a Luis Majul y Esteban Trebuq y la noentrevista de Adorni con Fantino sean, luego de lo de Bullrich acciones parecidas a la interrupción de Caputo a Joni Viale.
3. Mientras el gobierno se hablaba en los medios, el escritor y psicoanalista Jorge Alemán concedía una entrevista a raíz de su último libro Neoemperadores a María O´Donnell y Ernesto Tenembaum. Allí, el intelectual describía un rasgo de la política actual –que trasciende a la política argentina. Si Giuliano Da Empoli habla de “depredadores”, para Alemán la política actual tiene mucho de “psicosis” ¿Cómo definir esa psicosis rápidamente? La palabra de los políticos, de los dirigentes, se disloca: se puede afirmar algo en un momento y decir lo contrario inmediatamente. Como dijo Donald Trump: el límite moral es lo que a mí se me ocurra.
4.Dice Alemán: “En los nuevos emperadores las apariencias democráticas y la racionalidad económica correspondiente van perdiendo su importancia. Se acabó la mano invisible y las ficciones de felicidad sostenidas en el Mercado. De allí el horror de algunos liberales de derechas frente a las ultraderechas tanto en América Latina como en Europa. Son pocos ejemplos circunstanciales pero testimonian del declive del Liberalismo, tanto en su agenda cultural como en su racionalidad económica”.
5. Para explicarlo en términos adornianos (de Adorni, no de Adorno): es la racionalidad de la política lo que parece caer en cascada. La contradicción es intrínseca a lo que se dice. La Fake News elevada a la potencia tal que todo entra en todas partes discurso. “La tierra es plana”, “destruiremos una civilización de mil años”, “son pedófilos”. Todo cabe.
6. El mismo Alemán señala que todo esto sucede en un contexto global de aceleración tecnológica, aumento de la desigualdad hasta límites inéditos en la historia de la humanidad. A esto agregamos que hay que sumar la perdida de eficacia de las representaciones e identidades políticas tal como las conocimos desde la revolución francesa (y en la Argentina desde la irrupción del peronismo) que hablan de un cambio civilizatorio inminente. El intelectual sostiene que estamos viviendo una “revolución”, en el sentido casi de un nuevo paradigma. Instituciones como las naciones unidas son, en el esquema ideológico de Donald Trump, de Javier Milei o de Benjamin Netanyahu, o bien un problema o una inutilidad.
7. Sin embargo, psicosis discursiva mediante, en el menú de los neoemperadores, de los neodepredadores, la opción puede ser una suerte de anarcolibertarianismo de topos que destruyen el estado desde adentro a la monarquía con un CEO que propone el bloguero Curtis Yarvin, una de las influencias del mismo presidente Donald Trump o su vice JD Vance.
8. Se habla de ideólogos de la ultraderecha global, de intelectuales. Peter Thiel, el dueño de Palantir, aparece como uno de ellos que habla desde un supuesto rigor, al igual que Yarvin. Una lectura cuidadosa de sus textos obliga a pensarlos desde la misma lógica: ¿son tan novedosos? ¿Tan profundos? ¿O simplemente son propaladores de una serie de justificativos que justifican una deriva con una serie de citas más o menos Straussianas? ¿el pensamiento de ultraderecha es algo más que una sofisticación de los “Lali Depósito” de Javier Milei? Domingo Cavallo alertó esta semana al respecto, en lo referido a nuestro país: según el exministro de Economía, nuestro presidente sería un difusor de ideas más o menos filosóficas más que un macroeconomista consciente. De la misma manera, podemos decir que, en materia de pensamiento, Yarvin o el mismo Thiel son algo parecido: del aceleracionismo de Gilles Deleuze a las ideas de Nick Land lo único que habría es simplificaciones, paraísos artificiales y ciencia ficción Pulp.
9. Si vale la anarquía igual que la monarquía, estamos frente a un problema a la hora de las ideas: quizás esa sea la causa que justifique el heroísmo de los evasores del que habló el presidente o la no necesidad de explicaciones de algunos funcionarios públicos. Pasó Stalin y dijo que era mucho.
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