Dictadura Militar

“Cada fragmento puede representar una identidad”: así buscan restos de desaparecidos de la dictadura en Loma del Torito

Tras la identificación de nueve personas desaparecidas enterradas en el predio cercano a La Perla, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense continúa entre tierra removida, zarandas y miles de pequeños fragmentos. “No buscamos esqueletos”, explican: buscan rastros que permitan reconstruir nombres, historias y familias.

DICTADURA Foto: DICTADURA

Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bordereau tenía 22 años cuando fue secuestrado. Néstor Albino Acosta tenía 20. Pascual Delfín Ludueña, 29. Claudio Norberto Nardini, 34. Cecilia Alicia Pessina de Ávila, 27. Mónica Protti de Guillén, 24. Mercedes del Valle Ramírez, 22. María Luisa Salto, 20. Juan Carlos Soulier, 23.

Casi 50 años después de sus secuestros, sus restos fueron identificados en Loma del Torito, el predio donde el Equipo Argentino de Antropología Forense continúa buscando rastros de las víctimas de la última dictadura cívico-militar.

Los nueve nombres fueron anunciados el viernes 23 de octubre en los Tribunales Federales de Córdoba por el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja, titular del Juzgado Federal N°3. Las identificaciones corresponden a restos hallados en el predio ubicado en cercanías de La Perla, donde los equipos de investigación trabajan sobre una superficie alterada durante la dictadura para ocultar los cuerpos de personas asesinadas y enterradas clandestinamente.

Una búsqueda centímetro a centímetro

En Loma del Torito no aparecen cuerpos completos, sino que la tarea es mucho más compleja. “Acá lo que estamos encontrando es sedimento, suelo revuelto con pequeños fragmentos”, explicó Mariela Fumagalli, directora para Argentina del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

La especialista explicó que la dificultad está relacionada con una intervención realizada durante la dictadura. “En el año 1979, los altos mandos del Ejército ordenaron una operación en la Loma del Torito que consistió en la remoción de los cuerpos que había sido ejecutados e inhumados clandestinamente con anterioridad”.

Por eso, el equipo trabaja sobre las huellas que quedaron de aquella alteración del terreno.

“No nos imaginemos esqueletos, no nos imaginemos la imagen tradicional del arqueólogo con un pincelito y un cucharín excavando un esqueleto. Acá encontramos sedimento, suelo revuelto con pequeños fragmentos”, explicó Fumagalli.

La búsqueda comienza con la extracción de tierra del lugar. Ese sedimento pasa por una máquina con tres mallas de diferentes tamaños: 3, 15 y 30 milímetros. El material más pequeño, que representa aproximadamente entre el 75% y el 80% del volumen, se descarta. Lo restante continúa hacia la revisión manual.

“Lo que queda para revisar es ese 20% del sedimento. Ese es el que se revisa manualmente”, explicaron desde el equipo.

En esa etapa trabajan las personas encargadas de observar cada fragmento.

Nueve horas buscando una pista

Tania Quiroga forma parte de la cooperativa Roby Santucho, el equipo que realiza la revisión manual del sedimento. Su tarea consiste en analizar cada resto que llega desde la máquina.

“Nosotros lo que hacemos es del acopio que nos traen con la máquina buscar fragmentos como huesos, dientes y a veces anillos o pertenencias”, contó.

Esos objetos pueden ser claves para reconstruir una identidad. “Las pertenencias a veces tienen algún dato que pueda reconocer a alguien: nombres, descripciones, grabados”, explicó.

Identifican a nueve personas desaparecidas enterradas en el centro clandestino El Torito, próximo a La Perla

La jornada de trabajo es extensa. “Nosotros estamos nueve horas”, señaló Catania. Durante ese tiempo, la búsqueda es constante. “Siempre se encuentra algo. Así sea mínimo, siempre aparece”.

El procedimiento es manual y requiere paciencia: “Viene la máquina, nos deja el sedimento y de ahí nosotros con el cucharín y las manos vamos separando”.

Encontrar un fragmento humano tiene un impacto particular para quienes realizan la tarea. “A nosotros particularmente nos pone contentos encontrar”, contó Catania.

Una cadena hasta la identificación

Cada hallazgo inicia un largo camino. Los fragmentos recuperados son trasladados al laboratorio para ser analizados y determinar cuáles pueden aportar información genética.

Fumagalli explicó que el proceso tiene varias etapas: primero la recuperación en terreno, luego el análisis de los restos y finalmente la comparación genética.

“Los elementos óseos seleccionados van al laboratorio genético para extraer el perfil genético y compararlos con las muestras de sangre que los familiares de personas desaparecidas han entregado a lo largo de los años al EAAF”, explicó.

Actualmente, esas comparaciones se realizan con alrededor de 11.000 muestras de familiares de personas desaparecidas de todo el país.

La directora del EAAF remarcó la importancia de que más familias se acerquen a aportar muestras o actualizar sus datos de contacto.

“Muchos familiares se han acercado, pero muchos familiares todavía no. Es importante que se acerquen para actualizar su dato de contacto”, sostuvo.

También destacó que los avances científicos permiten ampliar las posibilidades de identificación: “Hace 20 años quizás necesitábamos muestras muy próximas biológicamente, como una mamá, un hermano o un hijo. Hoy se pueden hacer cosas con familiares más distantes”.

Una excavación distinta

Durante la campaña de trabajo se realizaron excavaciones para detectar anomalías en el terreno. Una de ellas permitió delimitar una zona particular donde se concentraron hallazgos.

Flores secas dejadas por familiares

Los investigadores compararon los sedimentos con una zona de referencia que consideraban no alterada. Allí observaron diferencias en color, granulometría y profundidad.

En ese sector, la excavación llegó a casi cuatro metros de profundidad, mucho más que las trincheras habituales, que tienen alrededor de 20 metros de largo, 1,30 metros de ancho y 1,20 metros de profundidad.

Ese lugar ya fue revisado completamente. Allí se recuperaron cerca de 1.000 fragmentos, algunos de los cuales permitieron avanzar en las primeras identificaciones.

Un trabajo que continúa

La campaña 2026 del EAAF comenzó en abril y continuará hasta fines de octubre. Luego habrá una interrupción por cuestiones climáticas y se retomarán las tareas en 2027.

La próxima etapa incluirá la revisión manual del sedimento explorado en las ocho hectáreas excavadas en Loma del Torito.

Fumagalli explicó que todavía queda mucho material por analizar: “Sabemos que son miles los fragmentos que se han recuperado y que muy posiblemente vaya a haber nuevas identidades reveladas”.

El objetivo es que ningún rastro quede perdido. “Cada elemento, por minúsculo que sea, puede representar una identidad. Entonces no se puede escapar ninguno”, resumió la directora del EAAF.