La adoración de la libertad
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Antes de cumplir 54 años, en 1859, murió por la tuberculosis el jurista e historiador francés Alexis, Vizconde de Tocqueville. El monárquico pensador escribió, en general con escasas fuentes, “El contrato social” de Rousseau y “El espíritu de las leyes” del Barón de Montesquieu. Partiendo de datos empíricos, construía modelos para hacer comprensible la realidad. Éstos no la reflejaban; privilegiaban rasgos (luego lo haría Max Weber) de “tipo ideal”. Era exagerar, llegando a veces, a caricaturizar.
El precursor de la sociología fue una persona compleja y que funcionaba a una velocidad muy superior a la normal y al contrario de John Stuart Mill, por ejemplo, tuvo el don de la profecía.
Consideraba un hecho fundamental y trascendente la tendencia de las sociedades modernas hacia la igualdad de condiciones entre las personas. Es una tendencia claramente anclada en el pasado, que permite encontrar unidad en el devenir histórico. Esta idea central permite seguir su obra según la oposición entre aristocrático y democrático (o entre aristocrático e igualitario).
En su obra, de alto vuelo intelectual, vaticinó que en el futuro los sistemas políticos serían mejores dependiendo del nivel de libertad y de cómo se abordase la cuestión de la igualdad y las posibilidades serían solo tres.
El primero y el mejor sistema político sería aquel en donde la libertad fuera lo más importante: en ese caso no importaría si se tratara de una democracia, monarquía, etc., ya que sí la libertad impera, las formas políticas serían innecesarias. El segundo y más probable sería aquel sistema donde hubiera un equilibrio entre libertad e igualdad: un sistema “bueno”. El tercer caso que imagino era uno donde si predominaba la igualdad se tendría un régimen malo y del que resultaría muy difícil salir para recuperar la libertad.
Lamentamos ver que, incluso en Estados Unidos y Europa, se transita por esta tercera vía y se viven las llamadas “democracias”, sin libertad. Esto trae aparejado (y también lo predijo el Vizconde) que la igualdad primaria desate la competencia por destacar económicamente y entonces el individualismo impera.
De este modo, lo complejo y trascendente deja paso a lo práctico y rápido, o sea, aquello que pueda enriquecer monetariamente al individuo. El problema se agrava a nivel político, ya que, ante la falta de preparación y tiempo para resolver temas complejos (como los sociales) se hace lo que la mayoría piensa correcto: si es o no la solución adecuada, no importa. Con Tocqueville nace el concepto de “tiranía de las mayorías”, primer paso a la auto tiranización: de ésta es tan difícil salir como del mal sistema de predominio de la igualdad.
Esto viene pasando por que el concepto de igualdad es muy fácil de entender, es la base de la razón. En cambio la libertad es un sentimiento, una sensación muy difícil de definir; como el amor, es complicado delimitarla.
Interpelado en una conferencia para que definiera la “libertad”, Alexis respondió: “No le voy a contestar, ya que si me hace esa pregunta, es porque nunca se sintió libre”.
Gestor de patrimonios financieros y Contador Público
rubenmorero@estudiomorero.com.ar
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