Más demanda y menos donaciones: alerta por la asistencia alimentaria en Córdoba
En medio del debate por la medición de la pobreza, la experiencia de la Iglesia y del Banco de Alimentos aporta una mirada desde la “primera línea” social. En ambos casos, se describe un escenario de crecimiento sostenido de la demanda, caída de donaciones y expansión de organizaciones asistidas. “La clase media, que siempre colaboró en la donación de alimentos, hoy necesita ayuda para llegar a fin de mes”, advierten desde el Arzobispado de Córdoba.
El reciente dato oficial que estimó la pobreza en 26,9% en el tercer trimestre de 2025 reavivó el debate metodológico sobre cómo se mide la realidad social. En concreto, el dato es una estimación difundida por el Ministerio de Capital Humano y surge de un cálculo realizado por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (CNCPS), en base a los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Medido en cantidad de personas, esto significa que aún hay 12.849.616 personas pobres en Argentina, 5.239.474 menos que un año atrás y 6.680.087 menos que los que se contabilizaban al inicio del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, estos números no deben llevar a confusión respecto a los mencionados por el Gobierno, que en más de una ocasión ha afirmado que “más de 12 millones de personas salieron de la pobreza durante la gestión actual”. ¿Qué ocurre? Que la administración libertaria no hace la comparación con el momento en que se inició la gestión, sino con el momento en el que se dio el pico máximo de pobreza, en el primer semestre de 2024.
Lejos de la discusión técnica, las organizaciones que trabajan en el territorio ofrecen otra perspectiva: la de la demanda concreta de asistencia. En Córdoba, el Banco de Alimentos se convirtió en un termómetro directo de esa situación. La organización rescata alimentos aptos para consumo humano y los distribuye a comedores, merenderos y entidades sociales. En los últimos años, el crecimiento de la demanda modificó el perfil de los beneficiarios y tensionó la capacidad de respuesta.
Dos IPC y una canasta vieja: qué cambia (y qué no) en la medición de la inflación
En diálogo con “Es por acá” (lunes a viernes de 13 a 15 por Punto a Punto Radio 90.7), Alejo Ruíz Díaz, director Ejecutivo del Banco de Alimentos sostuvo que “no me voy a meter en la cuestión metodológica (de la medición de la pobreza) porque no tengo las herramientas para hacerlo. Lo que sí puedo decir es que la cantidad de beneficiarios que asisten a nuestras organizaciones sociales ha crecido exponencialmente. Antes trabajábamos sobre todo con niños en merenderos, pero hoy también vemos adultos y adultos mayores. Desde nuestra posición, no vemos reflejada la baja de la pobreza. La realidad que viven nuestras organizaciones por ahora es otra. Cada vez vemos más gente solicitando alimentos. Me encantaría ofrecer otra visión, pero lamentablemente por ahora es eso lo que vemos”.
Más pedidos y menos donaciones
Uno de los datos más sensibles es la caída del aporte del sector privado, históricamente clave para sostener la red de asistencia. ¿Cómo impactó la caída de donaciones? “En los últimos meses de 2025 las donaciones de alimentos cayeron entre un 10% y un 15% y la tendencia continúa en 2026. Las empresas optimizan sus procesos, reducen mermas y venden productos hasta el último día. Además, hoy compiten con aplicaciones que comercializan alimentos próximos a vencer”, sostiene Ruíz Díaz. Esa combinación de mayor demanda y menor recupero tensiona el sistema y obliga a reforzar alianzas con empresas y donantes individuales.
El Banco de Alimentos opera dentro del Mercado de Abasto de Córdoba, donde recupera frutas y verduras a diario y recibe donaciones de supermercados y empresas.
“Recolectamos alimentos que están en condiciones óptimas para el consumo. Luego se seleccionan, se arman combos nutricionales y se distribuyen a las organizaciones. Nuestro objetivo es aumentar la proporción de productos de medio y alto valor nutricional, como leche, arroz o fideos”, precisó Ruíz Díaz.
En la actualidad, el Banco de Alimentos pasó de 179 entidades a más de 500 organizaciones. “Hoy llegamos a 64.000 personas por día”, destaca el director ejecutivo de la entidad, quien pone de manifiesto que el aumento de comedores, merenderos y organizaciones en lista de espera muestra la expansión de la asistencia alimentaria en la provincia. Para la entidad, la realidad social no distingue edades ni sectores.
La mirada de la Iglesia
Munir Bracco, responsable de comunicación del Arzobispado de Córdoba, describe un escenario social cada vez más complejo: más personas se acercan a parroquias, comedores y merenderos, mientras disminuyen las donaciones y se interrumpió la asistencia nacional. Además, destaca un cambio en el perfil de quienes piden ayuda y advierte que la situación se vuelve cada vez más difícil de sostener.
—¿Qué están viendo hoy en las parroquias y comedores?
—Lo notamos claramente desde la Iglesia de Córdoba y en las comunidades parroquiales: cada vez hay más gente que solicita comida y ayuda. En enero se siente más porque la necesidad no cesa, pero la ayuda suele frenarse un poco. Entonces, la gente se acerca más, pide, necesita. Lo vemos todos los días.
—¿Qué tipo de situaciones aparecen con más frecuencia?
—Nos preocupa mucho la gente que no llega a fin de mes. Jubilados que tienen que trabajar, profesionales que se quedaron sin empleo y no consiguen otro, familias que trabajan y aun así no alcanzan a cubrir los gastos básicos. Esa es la realidad que vemos.
—¿Cómo funciona la red de ayuda?
— La asistencia de la Iglesia se canaliza principalmente a través de Cáritas y la Vicaría de los Pobres, que articulan la ayuda con parroquias, comedores y organizaciones comunitarias. La ayuda llega por la solidaridad de la gente. En las parroquias pedimos donaciones de alimentos, se arman bolsones y se reparten. También ayudamos a espacios que no son propios, pero trabajan en los barrios.
—¿Qué pasó con la ayuda estatal?
—Había asistencia nacional que se cortó hace meses y no volvió. Entendemos que pudo haber problemas de transparencia en algunos espacios, pero eso no puede justificar dejar de ayudar a quienes realmente necesitan.
—¿Empiezan a llegar familias de clase media a pedir alimentos?
—Sí, eso es muy palpable. Docentes, jubilados, familias donde trabajan los dos adultos y aun así no llegan a fin de mes. Personas que antes donaban y hoy necesitan ayuda. Es algo que vemos cada vez con más frecuencia.
—¿Ve una salida a esta situación?
—El panorama es difícil, pero la esperanza está en la solidaridad de la gente. Cuando hay una necesidad urgente, aparece la ayuda: medicamentos, alimentos, sillas de ruedas. La gente se conmueve y colabora en situaciones límite.
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