Cambio de hábitos

Ni boliche, ni alcohol, ni sexo: por qué la Generación Z eligió una "vida más aburrida"

La crisis económica, la hiperconexión digital y una mayor preocupación por el bienestar están modificando las formas de divertirse, vincularse y vivir la intimidad. Bares y boliches registran una caída en el consumo, mientras las meriendas, los encuentros en casa y las salidas diurnas ganan espacio entre los jóvenes.

Adolescente en su habitación Foto: .

Desde hace un tiempo, las conversaciones cotidianas y los balances nocturnos confirman un fenómeno contundente: los jóvenes de la Generación Z se volvieron aburridos. Ya no salen de fiesta, casi no consumen alcohol y mantienen una vida sexual llamativamente menos activa que la de sus padres. Pero este repliegue voluntario hacia sus casas y planes más tranquilos no es un capricho apático: responde a una combinación inevitable de crisis económica, hiperconexión digital, priorización del bienestar físico y barreras estructurales para acceder a la intimidad.

Aunque el fenómeno se traduzca en pistas de baile semivacías, los analistas señalan las razones detrás de este cambio de época. "Lo que nos dedicamos a estudiar el tema de juventudes siempre insistimos en lo mismo: cuando el tema entra en la agenda pública, normalmente es en sentido peyorativo o desde una mirada adultocéntrica que intenta juzgarles", explica Andrés Hernández, investigador especializado en estudios sobre juventudes. 

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Para el especialista, señalar que los jóvenes "no están consumiendo" parte de una expectativa impuesta por el propio mercado. "Las juventudes aparecen socialmente como un nicho de consumo. Postpandemia aparecieron transformaciones en esas dinámicas que empiezan a llamar la atención de quienes producen bienes y servicios", señala Hernández.

A esta transformación de hábitos se suma la realidad económica en la Argentina. "En nuestro país, la caída de la capacidad de gasto en entretenimiento es generalizada". Quienes manejan bares y fiestas coinciden en que el gasto por persona cayó estrepitosamente y es habitual ver a jóvenes pasar toda la noche con una sola bebida en la mano.

Guillermo Natali, de la Cámara de Bares y Restaurantes, confirma esta retracción en las salidas: "Salir a comer afuera o a un bar es una experiencia que a todo el mundo le gusta, pero ante el ajuste del bolsillo es lo primero que se restringe porque representa un presupuesto grande". En las pistas de baile, el escenario es similar. Piero Giordano, empresario al frente de Keops en Carlos Paz, detalla: "Nos dedicamos a la noche y nuestros principales ingresos son los tickets y el alcohol. Año a año vemos caer tanto la asistencia como la venta de bebidas".

Merendar y la cultura "fit"

El descenso en el consumo nocturno no es solo una restricción económica; también responde a un cambio consciente de hábitos en torno al cuidado personal y el bienestar físico. Hoy, la tendencia hacia el entrenamiento y la salud ocupa un lugar central en la vida diaria de los más jóvenes.

"Hoy los jóvenes están muy preocupados por su salud, por su cuerpo y por su bienestar, y eligen no tomar", evalúa Giordano. Esta transformación obligó incluso a la industria de bebidas a innovar con alternativas sin alcohol, desde cervezas hasta tragos preparados.

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Al mismo tiempo, la forma de encontrarse migró hacia otros horarios y espacios. En las consultas con jóvenes de entre 19 y 28 años, la constante se repite: limitan sus salidas nocturnas a dos fines de semana al mes o menos, mientras que en otros meses ni siquiera salen. En su lugar, ganaron presencia las meriendas, los encuentros en casas o las previas privadas como el evento principal de la jornada.

"Las salidas más diurnas a espacios públicos o ir a tomar un café son tradiciones instaladas hace mucho tiempo en ciudades pequeñas que ahora se trasladan a las grandes urbes. Y las previas se tornaron en la principal salida: muestran cómo los pibes buscan desmarcarse y generar sus propios descubrimientos fuera del control de la mirada adulta directa", aclara Hernández. 

La vida en pantalla y la intimidad en pausa

La virtualización de las relaciones sociales redefinió la forma de conocerse. "Para las generaciones más jóvenes no existe una frontera rígida entre el mundo online y el offline; construyen sus vínculos directamente a través de las redes y plataformas", puntualiza Hernández. 

Esta constante mediación digital y las dificultades cotidianas terminaron trasladándose a la vida íntima. En un análisis sobre el comportamiento sexual en jóvenes, la licenciada Cecilia Ce derribó el mito de que las nuevas generaciones mantienen una actividad sexual desenfrenada. "Un estudio realizado en Argentina reveló que los menores de 30 años inician su vida sexual cuatro años antes que la generación anterior, pero tienen menos regularidad y se perciben menos fogosos que sus padres", detallo la especialista.

Al Indagar en los motivos principales de esta baja en la frecuencia sexual, las respuestas exponen factores sociales y económicos estructurales:

  • • Estrés y trabajo: Indicado por un 28% de los encuestados como la razón determinante.

  • • Falta de tiempo: Representa el 27% de las respuestas.

  • • Dificultad económica e independencia: Organizar una cita demanda un presupuesto elevado. Dado que cerca de la mitad de los jóvenes aún convive en la casa de sus padres por las barreras para emanciparse, el acceso a un espacio de intimidad se vuelve sumamente complejo.

A diferencia de las generaciones anteriores, que mantienen la costumbre de salir por haber crecido bajo otras dinámicas de sociabilidad, la Generación Z atraviesa un momento histórico atravesado por la hiperconexión, el cuidado de la salud y un contexto económico restrictivo. Más que un desinterés generalizado, lo que se observa es una reorganización de sus prioridades y del modo en que eligen vincularse con sus pares.