ANIVERSARIO

Resistencia y mística: los 25 años del Cineclub Municipal

El Cineclub Municipal Hugo del Carril celebra su cuarto de siglo como el corazón cinéfilo de Córdoba. Nacido de la visión de Daniel Salzano y consolidado mediante un modelo de cogestión, este espacio resiste el avance del streaming reivindicando el ritual colectivo.

Salzano de nuevo en casa. Tras su inauguración en el bar Sorocabana en 2016, la escultura fue trasladada a la Plaza San Martín, para llegar ahora al Cineclub, lugar que el periodista y escritor ideó un cuarto de siglo atrás. Foto: Fino Pizarro

Aunque la cuenta personal de Guillermo Franco, programador de la Sala Mayor, arroje un resto: “Son 25 años más uno, porque llevó un año aproximadamente hacer la infraestructura”, ese tiempo de descuento fue el prólogo de una de las instituciones culturales más potentes de Córdoba. 

Lo que hoy es el Cineclub Municipal Hugo del Carril fue, a finales del siglo 19, la Sociedad de Socorros Mutuos Unione e Fratellanza, hasta que una deuda impositiva con el municipio permitió que el inmueble pasara a manos públicas. La visión de Daniel Salzano hizo el resto.

“Cuando llegamos esto era el paraíso”, recuerda Franco sobre la tarde en la que Salzano lo citó en Boulevard San Juan 49. “Si Córdoba fuera un embudo, creo que desemboca justo donde está el Cineclub. Estamos en medio de edificios habitados por estudiantes, en el límite con el centro; para convocar gente a ver películas era ideal”.

En obra. Un año demandó que la exmutual italiana abriera sus puertas, hace 25 años, como Cineclub Municipal. 

La estética del deseo

El espacio no solo se define por su pantalla sino que hay una gramática visual que sobrevive a su fundador. El piso rojo, el robot metálico en la entrada, el neón que reza “Dime que me amas” y el espectador perpetuo en la sala son marcas de identidad. Salzano incluso soñó con un King Kong en el techo con un anillo luminoso. “Nunca se pudo con los costos de ese proyecto, pero de a poco fue haciendo esos otros íconos que aún conservamos”, explica Franco.

El Instituto Franco-Alemán abrirá sus puertas en mayo

Uno de esos pilares es la revista, un objeto de culto que resiste el avance de lo digital. Memé Gastaldo, presidenta de la Asociación de Amigos, defiende su permanencia física: “La revista en papel es un lujo que nos damos. Es lo que hace que la gente entre al Cineclub a buscarla; pasó a ser una tradición”.

Franco agrega que la publicación nació de una necesidad práctica: “Teníamos abundancia de programación y los medios no daban abasto, entonces Daniel dijo: ‘Hagamos nuestro propio medio’”.

La cogestión como salvaguarda

El cineclub funciona bajo un sistema híbrido. Mientras el municipio aporta el edificio y parte del presupuesto, la Asociación de Amigos —una entidad civil sin fines de lucro— agiliza la operatividad diaria.

“Es un modelo de cogestión admirable y trasladable”, señala Gastaldo. “Si se quema una lámpara, hay que comprarla ya y la Asociación permite cumplimentar esos gastos que por el camino burocrático serían dificultosos”.

Este sistema se nutre de una comunidad fiel. A lo largo de los años pasaron más de 12.000 asociados y hoy hay un núcleo activo de 75 socios que renuevan su abono mensual para acceder a funciones diarias y a la biblioteca, confirmando que el sentido de pertenencia es generacional. “Vemos desde estudiantes que pisan la casa por primera vez hasta jubilados que vienen todos los días”, describe Gastaldo. 

Y Gloria Kreiman, subdirectora de Cooperación Cultural, es testimonio de ese vínculo: “Gloria es hija de Anita, una de las primeras socias”, apunta Franco, subrayando que hoy asisten hijos de quienes estuvieron en la inauguración.

Equipo. Gloria Kreiman, Memé Gastaldo y Guillermo Franco, al frente del espacio cultural. 

El refugio del cine propio

En un contexto de retracción para la industria audiovisual argentina, el Cineclub funciona como una zona de protección. No solo cumplen la cuota de pantalla, sino que la desbordan por convicción. “Las películas cordobesas tienen un trato preferencial: se llevan el 50% de la recaudación”, revela Franco.

En el mismo sentido, Kreiman añade que el espacio está más allá de lo económico: “Es un lugar que tiene un prestigio que trasciende Córdoba y el país. Para los directores locales es importante estrenar acá porque es un lugar respetado”.

El rescate de un amor que se convirtió en patrimonio

Sin embargo, el futuro inmediato proyecta sombras. “Avizoramos que no va a haber la cantidad de películas nacionales o cordobesas que hubo estos años”, advierte Franco. Para Gastaldo, el impacto no es sólo estadístico: “No es solo que se estrene menos, es que se cuentan menos nuestras historias”.

Contra el aislamiento del algoritmo

Frente a la hegemonía de las plataformas de streaming, el cineclub apuesta al ritual. Franco reflexiona sobre el cambio de paradigma desde la apertura en 2001 hasta hoy: “Cuando abrimos, el objetivo era acceder a las películas porque no estaban en cualquier lado. Hoy hay sobreabundancia. Quizás el objetivo ha virado: ya no es solo mostrar películas, sino mostrar cómo se veía antes el cine”.

Ese “cómo” implica la sala oscura, el desconocido en la butaca de al lado y la conversación a la salida. “El cineclub sigue poniendo en comunión las películas. La comunidad sabe que todavía puede vivir esas emociones y cuida estos espacios. Así de simple”, concluye Franco.