“La restauración es una forma de transmitir la memoria histórica. Una obra y su creación se puede ir desvirtuando por el paso del tiempo o por la acción del hombre. Al restaurarla se devuelve a la obra el momento en que se ha ejecutado”, dice Gustavo Márquez, conservador y restaurador de bienes culturales, especializado en escultura.
Márquez es cordobés, pero es vecino de Madrid hace 50 años. Emigró muy joven, cuando todavía era estudiante de Arquitectura en Córdoba. En Madrid dio sus primeros pasos en un taller de restauración como ayudante, hasta que ingresó a la Escuela Superior de Restauración y Conservación. En España participó de la restauración de la espectacular catedral de Burgos y del Dessert de las Glorias Reales, un antiguo centro de mesa de nueve metros que se usó en la boda del actual rey Felipe VI. “Es un trabajo itinerante porque, por lo general, las obras están en los sitios”, cuenta.
Márquez se especializó en escultura y, en especial, en retablos de iglesias. “Uno del siglo XVI se puede desmontar como un Mecano, pero a partir del siglo XVII, del barroco, eso es imposible”, detalla. Perfil Córdoba habló con él en su último paso por esta ciudad. Ya retirado de la actividad, dio una charla sobre “Descubrimiento y restauración de esculturas grecorromanas” en el Centro Cultural Por amor al arte, de barrio Empalme.
-¿Cómo es el proceso de restauración de una obra de arte?
-Primero se hace una evaluación de la obra y un diagnóstico sobre el estado de conservación estructural. Luego se evalúan los materiales con los que está hecho (...), se hace un análisis y una propuesta de restauración. Cada obra es como un ser humano: es un caso distinto. Puede tener ataques de xilófagos, de termitas neocarmocas, haber sufrido repintos. Se realizan limpiezas superficiales y, luego, una reconstrucción si la obra lo permite. Si a una escultura le falta un brazo, por ejemplo, eso no se restaura; sería invención.
-¿Siempre es así?
-Es muy distinto trabajar para un museo que para una cofradía o iglesia donde el santo tiene que estar entero por que los fieles quieren una imagen completa. Ahí hay que buscar algunos datos, ver otros ejemplos; si se conoce al autor o escultor, se puede reconstruir. En un criterio museístico, no. Se hace una conservación estructural y falte lo que le falte, ahí queda.
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-En el caso de un cuadro al que le falte una capa de pintura, ¿cómo se reconstruye?
-Se puede reconstruir si hay un documento, una foto o un grabado. El color tiene que ser reversible (...) Son colores al agua, acuarelas o témperas; no se usan óleos porque sería una falsificación. Están las técnicas de integración cromática, que son italianas. Se hace por tramas; por puntos, se van aproximando a los colores de tal forma que desde una distancia no se note. Pero cuando se acerca al cuadro se tiene que notar lo restaurado.
-¿Qué se siente al restaurar una obra de arte de valor histórico y cultural para la humanidad?
-En lo personal es como si estuvieses dialogando con un artista de hace siglos. La parte mágica de la obra es cuando -una vez que se ha hecho la limpieza- vas reintegrando color y el cuadro o la escultura va tomando vida y complementándose. Creo que es el momento más emocionante de la restauración, cuando le das la vida al cuadro. Además de la técnica, juega lo emocional y lo espiritual al trabajar sobre las obras antiguas. Ante toda obra, sea grande o no, lo que sientes es una responsabilidad ética muy fuerte; es como un médico ante una operación. Si la obra está muy oscurecida por el tiempo, por barnices oxidados o por cúmulo de polución atmosférica, te preguntas qué habrá debajo de todo eso y qué podría suceder. En algunas obras aparecen detalles que hasta cambian el significado (...) Es muy emocionante ir descubriendo huellas del pasado, que han intervenido en la obra después de su ejecución.
-¿Qué se puede encontrar?
-Puedes encontrar firmas falsas o firmas auténticas (...) Hay otros datos interesantes como las huellas digitales, muchas se encuentran en algunas partes de los óleos.
-¿Hay casos polémicos?
-Sí, puede haber cambios en la identidad de la obra. Un caso que conocí fue la restauración de un cuadro de Santa Teresa de una familia muy tradicionalista y católica de Madrid, que veneraba a la santa. El cuadro estaba muy oscurecido, pero al restaurarlo se vio que no era Santa Teresa sino Santa Rita de Casia, con su espina en la frente. Estaba tan sucia la obra que no se veía y la familia exigió que se quitara la espina. No podía quitar la autenticidad de un cuadro del siglo XVII. Hubo su polémica.
-¿Qué se restaura en una obra?
-La materia, pero sobre todo la apariencia de la obra en su estilo y en su época. Pocas veces se puede volver a un estado prístino de la obra; siempre quedará una huella del tiempo. Hay que respetar que quede algo, no una limpieza a fondo. Se necesita mucha técnica para poder rescatar y que haya una continuidad cultural.
-¿Por qué se sigue restaurando?
-Cada obra es irrepetible, es única y hay que mantenerla y transmitirla para las futuras generaciones, para ser un puente cultural. Una obra del siglo XVI que se rescata puede tomar vida para los estudiosos y expertos en el siglo 21. Mientras más auténtica se muestre la obra, más fiel es la transmisión histórica
-Ese es el motivo por el que nunca desaparecerá la restauración de bienes culturales…
-La restauración se creó junto con el nacimiento del arte. Se hacía restauración de obras antiguas del imperio egipcio, babilónico. Se restauraba y se falsificaba. La restauración no puede desaparecer porque sería el final de la transmisión histórica de las obras. Para mantener esa memoria, la materia te transmite el espíritu de una época y eso no puede desaparecer. Sería imposible, el objeto artístico es un dato histórico.
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-¿Cuáles son las principales obras que restauró?
-Estuve trabajando un año y medio en la catedral de Burgos restaurando la capilla del Condestable; los retablos de Bigarny, un escultor francés en la época de los reyes católicos. Otras obras fueron las fuentes de Apolo y de Hércules y el puente de la Reina en los jardines de Aranjuez, en el jardín de la isla. Dos esculturas interesantes, la fuente de Apolo es del Renacimiento, comprada por Felipe II en el siglo XVI (...) El retablo de Berruguete, el escultor más importante del manierismo español. Muchas obras en conventos de Toledo, Tordesillas, en Logroño (...); también restauré el centro de mesa de la boda del príncipe Felipe, hoy Felipe VI, un centro de mesa llamado técnicamente dessert, que es de casi nueve metros de largo, una obra del siglo XVIII. Presidió la mesa de los novios. Esa pieza está ahora expuesta en la casa del Labrador del Palacio de Aranjuez (...) y estuvo estos últimos meses en las Galerías de las Colecciones Reales, que es el nuevo museo de Madrid donde hacen muestras del patrimonio nacional. Se llama Dessert de las Glorias de España.
-¿Qué características tiene?
-Es una pieza muy interesante, decorada con arquitecturas que recrean el ambiente de la Roma imperial sobre una bandeja, y escenas mitológicas. Es un trabajo increíble de estuco con bronce.
-¿Qué ocurre cuando hay un error en la restauración de una obra de valor?
-Ha sucedido por malos diagnósticos o mala aplicación de materiales. Está la responsabilidad profesional. Por suerte, no me ha pasado. Es muy complicado enmendar errores. Todo tiene que ser reversible.
-¿Qué obra le gustaría restaurar?
-Muchas, pero estoy jubilado desde hace ocho años. Colaboro con colegas. La última colaboración fue el dessert, hubo que retocar para exponerla. Trabajamos tres personas durante esos nueve metros, en la realización de colores. Había que hacer 40 tonos distintos de colores. Es lo último que he hecho presencialmente y lo demás son informes técnicos de restauración, alguna opinión, pero todo teórico. Ya no restauro. Tengo 72 años, y no me subo más a los andamios.