Una escritora estadounidense rechazó un premio literario de 175.000 dólares
El episodio habla de las condiciones y exigencias detrás de estos reconocimientos, así como también de las tensiones entre la creación literaria, el mercado y la exposición pública. A partir de una serie de textos publicados por la propia autora se despliega una trama que combina malestar personal, críticas al aparato cultural del “primer mundo” y cuestionamientos sobre los límites entre promoción y prestigio artístico. La fragilidad de la profesión literaria y las contradicciones del sistema.
Helen DeWitt (Maryland, 1957) publicó su primera novela en 2000, editada en nuestra lengua por Penguin Random House con el título El último samurái. Al día de la fecha completan su obra tres novelas más y un libro de cuentos, que por la misma casa editora se ofrece traducido en formato electrónico, Los ingleses entienden de lana y otros trucos.
DeWitt vive entre Berlín y Estados Unidos, y en los últimos días fue noticia por una actitud insólita: rechazó el premio literario Windham-Campbell que le otorgaba US$ 175.000. Según la escritora Rhiannon Lucy Cosslett, en una nota publicada por The Guardian el miércoles pasado: “Un premio así es un sueño, y la controversia de DeWitt ha eclipsado en cierta medida a los otros ocho ganadores. Una de ellas es Gwendoline Riley, autora de libros sutiles y conmovedores que exploran las relaciones familiares. Riley goza de cierto prestigio, pero su inmenso talento ha sido ignorado durante mucho tiempo y su anterior editorial la despidió. Curiosamente, rara vez sonríe en las fotografías. Al recibir el premio, se mostró atónita. Es una suma enorme que cualquier escritor no puede evitar imaginar.”
“Ciertos ‘momentos’ pueden impulsar tu carrera: un premio, una aparición en televisión, que Kaia Gerber lea tu novela en una reposera, que Dua Lipa la seleccione para su club de lectura. La ficción literaria está de moda en ambos sentidos, aunque no está claro si esto se traducirá en ventas reales y una carrera duradera.” La autora británica concluye: “La escritura literaria es una profesión inestable”.
Sí, para una sociedad argentina abrumada por la decadencia, esta noticia parece una broma de mal gusto, o queja exagerada. Porque aquí todas las profesiones parecen inestables. No obstante, la noticia está detrás de la noticia, donde se encuentran las razones, los motivos de DeWitt, y que parte de su aparente sinceridad (que a su vez puede ser cuestionada, como un gesto de marketing desde el antimarketing).
El pasado 8 de abril, DeWitt publicó una serie de textos en su cuenta de la red social X, entre ellos remite a una bitácora con el intercambio de mails, llamadas y mensajes telefónicos con los organizadores del premio rechazado (entre ellos, un tal Mike). Lo hizo en su blog, paperpools.blogspot.com. Se trata de una maraña de sensaciones mezcladas con la reproducción de esos materiales citados, una progresión (o puesta en abismo) de reflexiones sobre lo que ese premio ofrecía: lisa y llanamente, un espanto, un horror. Diecisiete páginas de Word, incluyendo comentarios de lectores, muestran la trastienda del reconocimiento corporativo y el mecanismo de promoción del mercado editorial del “primer mundo”.
“Había algunas condiciones: asistir a un festival de seis días en Yale en septiembre, cuando se entregaría el premio. [Eso no sonaba tan mal. Pero él siguió hablando, y cada requisito sonaba peor, y lo presentaba como algo insignificante]. Escribir un artículo para la Yale Review, grabar un podcast con él, hacer una grabación de audio y video antes del anuncio del 8 de abril. Explicó que durante la pandemia habían tenido limitaciones, ¡pero habían encontrado la manera de hacer videos y grabar entrevistas enviando equipos de producción a los hogares de las personas!”.
Esto ocurría en febrero, en Ámsterdam, donde parece que conseguir wifi o telefonía afín es peor que Buenos Aires. No obstante, relata: “Creo que estoy cara a cara con la muerte. No logro asimilarlo; es imposible imaginar a Pynchon o Cormac McCarthy, al principio de sus carreras, contemplando esto sin sentir horror. Si tuviera ocho meses libres antes del festival, tal vez podría ir, pero ¿cómo voy a dejarlo todo ahora, cuando por fin había encontrado tiempo para escribir después de cinco años muy malos?”.
“19/2/26 00:39 [correo electrónico enviado a Mike desde el teléfono]: Lo siento, te mereces una respuesta amable, pero estoy muy enferma. Tengo espasmos estomacales insoportables, no puedo comer ni beber ni levantarme de la cama. Tengo escalofríos intensos, fuertes y dolorosos. No sé cuánto durará. 23/2/26 15:06 [correo electrónico de Mike]: Mike lamenta saber que estoy enferma. Ha estado consultando con la junta directiva y sus colegas de la universidad. Usar grabaciones de terceros o filmar en un lugar vacío no cumpliría con los requisitos del premio. Mi participación es esencial; sugiere posponer mi premio un año. Así podría filmar cuando me convenga durante esos doce meses”.
Más adelante hace crisis y escribe DeWitt: “¿Es esto legal? Janet Frame estaba a punto de ser lobotomizada cuando su primer libro ganó un premio inesperadamente. Artaud fue internado en un manicomio y sometido a terapia electroconvulsiva. Walser fue internado en un manicomio. ¿Acaso se esperaría que hicieran un video? ¿Podría un premio excluir a alguien con esquizofrenia, depresión clínica o trastorno de estrés postraumático? Laura Hillenbrand tiene síndrome de fatiga crónica (SFC): ¿pueden descalificar a alguien con SFC? ¿Y a alguien con covid persistente?”.
¿Los organizadores del premio no sabían que esta autora sufre depresión? Tuvo dos desapariciones sugiriendo suicidio, la última en 2004, como consigna The New York Times: “Apareció ayer en Niagara Falls, Nueva York, tras haber desaparecido de su casa en Staten Island, según informó la policía. (…) La Sra. DeWitt había desaparecido al menos una vez antes, en 2000, después de decirles a sus amigos que estaba deprimida. Reapareció unas dos semanas después.” Más que antimarketing, existe una profunda angustia, ¿eso es motivo para ser inflexible en las condiciones del premio? Entonces no lo rechazó: hicieron que decline a él.
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