Apoyo y promoción de la salud mental: el Ministerio invirtió menos de una jubilación mínima por mes
El 83% de los argentinos encuestados por la UBA cree que su situación económica es determinante en su bienestar psicológico. Pero, mientras la angustia, la depresión y la ansiedad crecen, el presupuesto orientado a estos temas baja: en total, el Ministerio de Salud devengó $ 2,7 millones en las actividades destinadas a cumplir con la ley vigente, lo que equivale a $ 450 mil mensuales. El de los jubilados es uno de los grupos más afectados, pero, denuncian desde la Defensoría de la Tercera Edad, no tienen acceso a diagnóstico ni a tratamientos.
La salud mental es, también, un asunto de economía: en una encuesta reciente de la UBA el 83% de los argentinos entrevistados respondió que sus finanzas personales tienen mucha o bastante incidencia en su bienestar psicológico. Año a año el análisis registra un deterioro: en 2025 el 12% manifestó que había experimentado una pérdida del sentido de la vida, mientras que en 2026 este número se elevó al 15%. La angustia aumentó del 31% al 42% y la ansiedad del 39% al 46%.
El presupuesto nacional destinado a atender estas problemáticas, sin embargo, bajó: en la primera mitad del año el Ministerio de Salud ejecutó $ 2,7 millones para las acciones de Apoyo y Promoción de la Salud Mental: unos $ 450 mil mensuales en promedio, menos que una jubilación mínima ($ 470 mil con bono incluido) para la única actividad dependiente de esa cartera orientada a la aplicación de la ley vigente (26.657). En la actual gestión estos recursos pasaron de los $ 699 millones (2023) a los $ 48 millones actuales.
Esta partida, describe un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), financia la capacitación y cooperación técnica con equipos de salud y autoridades locales, la implementación de intervenciones comunitarias, el seguimiento de la adecuación de instituciones monovalentes, la promoción de externaciones sustentables y el fortalecimiento de la red de dispositivos intermedios (casas de medio camino, viviendas asistidas, talleres de inclusión sociolaboral, entre otros).
“Hay muchísimas personas, de todas las edades, que están enfermándose física y psíquicamente”, comentó en diálogo con este medio Silvia Schverdfinger, licenciada en psicología de la UBA y directora del espacio institucional El Paso. “Cada vez que hay una crisis social o económica se ven afectadas muy fuertemente la salud mental, psíquica, espiritual y emocional de las personas. Cuando no se tiene posibilidades de tramitar con palabras y con acciones aquello que nos está pasando, se tiende también a somatizar y a enfermarse”. Entre otras cosas, como profesional advierte cada vez más casos de ataques de pánico, angustia, ansiedad “muy intensa” y depresión.
“En aquellas personalidades que tienen una estructura básica de melancolía esto se torna en depresiones a veces bastante graves y con tendencias al suicidio”. Los más afectados, afirmó, son jóvenes adolescentes y adultos mayores. “En el caso de los jóvenes se encuentran con que no hay demasiadas posibilidades de generar un proyecto. Algunos se han podido independizar y tienen que volver a la casa de sus padres o compartir con otros, pierden autonomía, les baja la estima”.
Según la Fundación Tejido Urbano, casi cuatro de cada diez jóvenes (38,3%) de entre 25 y 35 años no logran independizarse a causa de “salarios bajos, alquileres altos y un mercado laboral que no genera oportunidades”. Entre las mujeres y hombres de entre 14 y 29 años el desempleo duplica el porcentaje general (7,8%): del 15,5% y del 14,6% respectivamente, de acuerdo con el último reporte del Indec.
“Todo lo que tiene que ver con las políticas gubernamentales que hacen a la economía, a la salud y a la educación afectan muy directamente en las personas. No siempre son conscientes de esto, a veces lo disocian y se lo adjudican a problemáticas de tipo personal, como que están fracasando”, agregó Schverdfinger. Y destacó el contexto de recortes en la salud integral de las personas, cada vez más dependientes del servicio público: el Instituto Argentina Grande, basado en datos oficiales, informó que en dos años más de 1 millón dejó de tener prepaga, mutual u obra social, con lo que más de 10 millones utilizan únicamente el sistema estatal.
El nivel de endeudamiento también complica el panorama. Tal como detalló PERFIL, una de cada cuatro familias no puede pagar las deudas que tomó para financiar consumos básicos. “Esto es una preocupación tan estresante que uno de los síntomas más comunes es el insomnio. El insomnio y la agresividad”, afirmó la especialista. “Se nota en la calle el nivel de violencia, el maltrato, el destrato. En adultos medios parejas que se separan, situaciones de violencia, porque es tal la desesperanza y la desolación frente a las problemáticas económicas que surgen esos fenómenos”. En estas edades también se nota, destacó, una tendencia a las adicciones. “A canalizar a través de las adicciones, a evadirse para no afrontar la realidad”.
En el caso de los adultos mayores se suman otros factores: “no se sienten reconocidos, no sólo en lo económico, sino también a nivel de lo cultural”. Si además de los problemas económicos “no pueden disfrutar de esta etapa viajando, regalando cosas a sus nietos, ayudando a sus hijos, sufren una angustia muy grande”, concluyó.
Frente a esta realidad, los jubilados están en condiciones “muy precarias”, agregó Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, en comunicación con PERFIL. “No existe el concepto de salud mental en Argentina en general. Obviamente con la edad y la fragilidad hay mucho más deterioro por problemas vasculares, Alzheimer y otras enfermedades que hoy no hay forma alguna ni de tratarlas ni de contenerlas”, aseguró el gerontólogo.
En resumen, agregó, faltan diagnósticos tempranos y tratamientos que permitan detener el avance. “Amesetar este tipo de patologías en una persona de 80 años durante cuatro o cinco años es mucho tiempo, y eso es calidad de vida”. Pero eso no es posible, describió, porque conseguir turno con un especialista puede demorar varios meses. “Cuando se accede al sistema la enfermedad está instalada y el paciente con gravísimos problemas. No sólo él, sino también el resto de la familia. Necesitamos tratamientos y no hay nada, necesitamos cuidados y tampoco hay”, sentenció. En varias oportunidades Semino denunció la falta de camas en geriátricos y de cobertura del PAMI. “La del cuidado es una función que, como en el siglo XIX, siguen desempeñando las mujeres: casi como un castigo, el tema de cuidado a pesar de todo y a pesar de no tener relación de parentesco en muchos casos”.
“Es una verdadera epidemia lo que estamos viviendo en cuanto a la carencia de detección y seguimiento de las enfermedades mentales”, afirmó. Las condiciones socioeconómicas también son fundamentales para el desarrollo de patologías en adultos mayores: un paciente que no llega a fin de mes “es un paciente que no se relaja, por lo cual no descansa y esto obviamente redunda en potenciar esas enfermedades y en muchos casos también en acelerar procesos físicos de deterioro”. La tasa de empleo en adultos de más de 65 años alcanzó un pico histórico, según IAG: para el cuarto trimestre de 2025 alcanzaba casi el 17% frente a un 15,5% en 2023.
No solamente se ven afectados por su situación personal, comentó Semino. “El jubilado piensa en el nieto que se quedó sin trabajo, qué va a pasar con el hijo, y obviamente que su haber no alcanza para nada. Esto potencia muchísimo y rompe los sistemas de relaciones. El jubilado tiende a retraerse, se mete para adentro, sobre todo los hombres. Es una generación que se sintió muy autosuficiente a partir del trabajo y hoy ya no es así”. Como destacó en otra entrevista en PERFIL, el ingreso mínimo cubre hasta un 30% de la canasta de bienes y servicios básicos.
La salud mental se deteriora y por otro lado aparecen nuevas complicaciones. “Las patologías físicas son más notorias, aunque también se detectan tarde: es impresionante la cantidad de amputaciones que hemos tenido esta semana por falta de seguimiento de la diabetes”, detalló.
“La situación está tan mal como hace 90 días, cuando comenzó la protesta de médicos de cabecera. Hay lugares del interior del país donde directamente se quedaron sin médicos, y los jubilados tienen que hacer 30, 40 kilómetros para atenderse”, finalizó.
PERFIL contactó a fuentes del PAMI para consultar sobre este deterioro, pero, hasta el momento de la publicación de esta nota, no obtuvo respuesta.
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