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Utrera: "La inflación se va a quedar clavada en el 30% anual y el año que viene puede ser peor"

El economista diseccionó la coyuntura argentina ante empresarios y ejecutivos cordobeses: cambio estructural, costo financiero, escenario electoral y los desafíos del sector privado para los próximos tres años.

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INFLACION ROCOSA. La suba de precios seguirá en torno al 30% y podría subir más durante el 2027. | Cedoc

El salón principal de Once11 recibió a ejecutivos y empresarios que llegaron con preguntas concretas sobre cómo sobrevivir —y crecer— en una economía en plena mutación. Gastón Utrera, titular de la consultora Economic Trends y director académico del Centro de Estudios Económicos de la Universidad Siglo 21, fue el encargado de trazar el mapa. El escenario que dibujó, en el marco del Desayuno de Análisis de Coyuntura organizado por la editorial Punto a Punto, no fue tranquilizador, pero sí claro: Argentina atraviesa un cambio estructural genuino que convive con una inflación que no va a bajar, un costo financiero que asfixia a las empresas y a la espera de un año electoral que promete turbulencias cambiarias.

Un país que cambia de piel. El punto de partida del análisis de Utrera es que la economía argentina está experimentando una transformación estructural que no es coyuntural ni accidental, sino el resultado de políticas de promoción concretas. "Lo que plantea la Ley de Bases en su discurso, y tiene políticas de promoción asociadas, se empezó a ver hace varios meses en la economía argentina, y todos los meses cuando van apareciendo nuevos datos van confirmando que está cambiando la estructura", sostuvo el economista.

Esa transformación tiene ganadores y perdedores claros. El sector agroexportador, el energético —petróleo, gas y minería—, la logística, la construcción y el financiero son los sectores que según la hoja de ruta oficial ganarán participación en el PBI durante la próxima década. En el lado opuesto: industria y comercio, que vienen perdiendo empleo y actividad.

La proyección de largo plazo es ambiciosa: si Argentina consolida su perfil exportador en energía y minería, el PBI per cápita podría pasar de los actuales 14.000 dólares a cerca de 30.000 en los próximos veinte años. "Todavía no va a alcanzar a España, que tiene 45.000, pero implicaría un salto grande", reconoció, fijando expectativas realistas sin renunciar a la perspectiva positiva.

La inflación que no cede. Uno de los mensajes más contundentes de Utrera fue sobre la inflación. En pocas palabras: no va a bajar del nivel actual, y quien lo niegue no tiene los datos a su favor.

El razonamiento es estructural. Los precios de la economía se determinan por tres grandes grupos de bienes: los transables, cuyo precio depende del tipo de cambio; los no transables, que siguen la evolución salarial; y los regulados, que se mueven por decisión política. "Las paritarias hoy suben con un techo del dos por ciento mensual, los servicios regulados promediaron desde diciembre a la fecha un 3,8% mensual, y el tipo de cambio subió 5% en el último mes", detalló. "Si todos los grandes componentes de la formación de precios suben por encima del dos, ¿cómo es que la inflación se va a acercar a cero?", planteó.

La conclusión es que Argentina terminará el ciclo de Milei con tres años consecutivos de inflación en torno al 30%, 32% o 33% anual. "Es indefectible, casi", dijo. Y eso tiene implicancias políticas concretas: esa inflación del 30% anual es similar a la que tuvo el gobierno de Cristina Fernández en su segunda etapa y más alta que la que promedió Macri. "¿Cuál es el logro?", se preguntó, anticipando el argumento que usará la oposición en campaña.

La buena noticia, si es que puede llamarse así, es que, a diferencia de los ciclos anteriores, esa inflación probablemente no acelere. El gobierno tiene déficit cero, no necesita emitir y se compromete públicamente a no devaluar. "Lo que podríamos tener es lo mismo que vimos en 2013 a 2017: inflación clavada en el dos mensual, sin esas aceleraciones que después demoran meses en resolverse", apuntó Utrera. Estabilidad a medias, pero estabilidad al fin.

El costo financiero. Quizás el debate más rico del encuentro fue el que se instaló alrededor del sistema financiero. Un empresario del sector interrumpió para hacer la pregunta que muchos tenían: ¿de qué sirve hablar de crecimiento si el costo financiero sigue siendo prohibitivo?

"La inflación viene a la baja, los precios relativos se acomodaron, pero el costo financiero sigue siendo altísimo y su impacto en cualquier tipo de producción es alto", planteó el empresario. Y otro ejecutivo remató: "¿Quién financia el supuesto crecimiento que se viene?"

Utrera tomó el guante y construyó una respuesta estructural. Argentina tiene un ratio de crédito al sector privado sobre PBI del 15%. Uruguay tiene 30%, Colombia y Paraguay entre 40% y 60%, Chile entre 100% y 120%. La brecha no es casual: es consecuencia de décadas de represión financiera, corridas cambiarias, defaults y de un Estado que históricamente se apropió de los recursos bancarios antes de que llegaran al sector privado.

"Hasta que no se retire el Estado —volviendo a los mercados internacionales para no tener que forzar tanto el mercado de pesos— no va a crecer la posibilidad de crédito", explicó. La hoja de ruta que describió tiene tres capas: aumentar la liquidez del sistema vía mayor depósito sobre PBI; mejorar la intermediación financiera para que los bancos puedan prestar más de lo que reciben; y profundizar el mercado de capitales con ahorro institucional, fondos de pensión y seguros que apalanquen todo el sistema, como ocurre en Chile.

Sobre cada uno de esos tres ejes, Utrera identificó señales de que el gobierno está yendo en esa dirección: el blanqueo apuntó a aumentar liquidez, la flexibilización de restricciones sobre el uso de dólares depositados apunta a mejorar la intermediación, y el FAL —Fondo de Asistencia Laboral— podría tener una lectura de profundización del mercado de capitales, aunque también puede leerse, dijo, como una nueva forma de financiamiento del Estado. "Hay que ver cómo termina implementado", advirtió.

El año electoral y el cepo que no se va. El otro gran tema fue el escenario para 2027. Utrera fue directo: no hay ninguna posibilidad de que un año electoral transcurra sin presiones cambiarias. "El año pasado tuvimos la novedad de que las presiones ya no son solo en elecciones presidenciales, sino también en de medio término de una provincia. El riesgo político que hay por detrás de cualquier elección en Argentina es tan alto que va a haber presión sobre el dólar", afirmó.

¿Por qué el gobierno no salió del cepo? La respuesta de Utrera no fue técnica, sino política: miedo. "Si tuvieras sentado acá a alguno de ellos en confianza, te diría: déjame que pase el año que viene". El gobierno entiende que la liberación cambiaria en un contexto de incertidumbre electoral sería un riesgo inaceptable. Y después de las elecciones, en cambio, el economista sí ve las condiciones maduras: una economía que genera dólares crecientes por el perfil exportador, superávit fiscal consolidado y eventual acceso a los mercados internacionales hacen que mantener el cepo sea cada vez más absurdo, incluso para un gobierno de perfil industrialista. "Cuando sobran los dólares, tener cepo es una contradicción en sí misma", resumió.

El desafío del sector privado. Utrera cerró con un llamado al sector empresarial a no quedarse en el rol de espectador. Si el sistema financiero no acompaña la transición, si el Estado no devuelve los saldos técnicos de IVA que inmoviliza capital en las empresas industriales, si el mercado de capitales no se profundiza, el crecimiento que promete el cambio estructural llegará más lento y más desigual. "Desde las entidades empresariales tenemos que pensar en esos tres grandes ejes: cómo hacemos que vayan más recursos a los bancos, cómo hacemos que los bancos puedan prestar más, y cómo profundizamos el mercado de capitales", sintetizó.