Milei-Caputo-Sturzenegger, el Triángulo de Hierro para blindar la matriz económica
La alianza técnica del Gobierno diseña reformas irreversibles para atraer inversiones extranjeras a costa de una profunda recesión industrial. El establishment advierte que el oficialismo aplica una estrategia de shock para cambiar la matriz productiva de la Argentina de manera definitiva.
“La recesión productiva no era parte de un plan de estabilización, sino que era la clave para entender el plan para la nueva matriz económica de la Argentina”, sentenció uno de los empresarios más encumbrados del país. El encargado de idear, diseñar y ejecutar un modelo con características de “irreversible” fue el verdadero Triángulo de Hierro, como denominan en el establishment a la sociedad que mantienen el presidente Javier Milei y sus dos ministros Luis Caputo (Economía) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Modernización del Estado). Lejos de los flashes de la negociación política, el tridente económico diagramó las condiciones para responder a los intereses internacionales que esperan una consolidación del modelo para enterrar sus dólares en los negocios argentinos más rentables.
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que presentó Milei en cadena nacional sirvió, para el grueso de los analistas, como el lanzamiento de la campaña de reelección. Días atrás, en su paso por el Ministerio de Economía, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, hizo su aporte a la carrera proselitista cuando elogió el plan económico al destacar el cuestionado descenso de la pobreza. Pero el subtexto de la visita del FMI y del “plan de eternización” de Santiago Bausili en el BCRA “va en línea con el respaldo internacional al desarrollo del modelo económico, como condición necesaria para que las inversiones y el retorno al mercado mundial sean reales”, resumieron desde la oficina de una empresa multinacional con presencia en el país.
Para el economista y exvicepresidente del BCRA, Jorge Carrera, la jugada del oficialismo con la Carta Orgánica persigue tres objetivos convergentes. Por un lado, busca cumplir con un pedido expreso del FMI y, al mismo tiempo, mover el centro del debate público desde la recesión productiva y el desempleo —una "economía bipolar" para la cual el Gobierno carece de respuestas a corto plazo— hacia una discusión estructural. El tercer punto es estrictamente político: “el oficialismo se prepara para una eventual derrota electoral y busca blindar la permanencia de un funcionario propio, estrechamente ligado a Caputo, durante la próxima administración”.
El Triángulo de Hierro económico no compite con el político. Santiago Caputo y Karina Milei son los encargados de alinear a la tropa legislativa para lograr que los cambios de la matriz económica se implementen a largo plazo. Las negociaciones por cargos, recursos y lugares en las listas legislativas son tan importantes como las cuentas que se realizan en el quinto piso del Ministerio de Economía para “sostener el ajuste de las cuentas públicas y cumplir a rajatabla con la orden de superávit fiscal que le demanda el acuerdo con el Fondo Monetario”, según la mirada de uno de los analistas que asesora a empresarios de distintos rubros del país.
El costo productivo y la mirada empresaria
Para el círculo rojo, la administración libertaria se entiende hoy como un sistema de engranajes coordinados, pero de naturalezas distintas. En las cúpulas corporativas, la bicefalia técnica del Gabinete genera tensiones operativas. Al analizar el tablero, un integrante del Grupo de los Seis (G6) trazó una radiografía precisa en estricto off the record: "Caputo es el más pragmático de los tres, el que está tratando de ver los números, las variables del presupuesto; mientras que Sturzenegger es el más ideológico, el que está focalizado en las transformaciones, en los cambios sistémicos. Muchas veces se mete en muchos temas, pero en definitiva hay una convivencia entre los tres".
El pragmatismo financiero y el dogmatismo desregulador convergen en un punto que asfixia a la economía real. El empresariado, aunque coincide plenamente con el plan de "déficit cero" de la administración pública, advierte que la motosierra está cortando el tejido productivo tradicional. "El ritmo de la economía es preocupante, sobre todo para muchos sectores", se quejaron fuentes consultadas de la Unión Industrial Argentina (UIA), donde ya preparan carpetas con reclamos formales sobre la matriz impositiva y la competencia externa para llevarle al secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne.
El Gobierno ya demostró que no habrá red de contención estatal ni piedad para los históricos "campeones nacionales". La antesala de este escenario fue la cruzada de Milei contra Paolo Rocca cuando el Ministerio de Desregulación dio de baja el decreto de la chatarra. No sólo fue una pelea mediática contra el Grupo Techint, sino que también en lo simbólico ratificaba que el modelo iba a ponerle tope a la industria, sin importar tamaño, ni peso en la economía. Otro caso paradigmático fue la tensión productiva con el cierre de FATE y el duro contrapunto público de la Casa Rosada con Javier Madanes Quintanilla.
Pragmatismo técnico, blindaje y el management del poder
En el ámbito privado, el concepto del "Triángulo de Hierro" fue acuñado en 1969 por Martin Barnes para la gestión de proyectos corporativos, estableciendo que el éxito depende del equilibrio entre Costo, Tiempo y Alcance (calidad). La regla de hierro indica que es imposible optimizar los tres vértices a la vez. El tándem Caputo-Sturzenegger aplica esta doctrina de management a la política pública con absoluta frialdad y prioriza el "Alcance" (desregulación estructural) y el "Tiempo" (terapia de shock). Para lograrlo, deciden sacrificar el "Costo", materializado en una recesión profunda y sostenida para la industria manufacturera, el comercio y la construcción.
Ese pragmatismo corporativo llevado al Estado tiene un correlato normativo que busca ser irreversible. El proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada es la pieza que diseñó Sturzenegger para asegurar este andamiaje. La iniciativa busca desregular por completo la compra de tierras argentinas por parte de capitales extranjeros. Para la dupla técnica, esto funciona como una vía rápida para atraer dólares frescos que sostengan el modelo, creando un paraguas jurídico que, atado a tribunales internacionales, hará casi imposible que futuras administraciones desarmen el esquema sin enfrentar demandas millonarias.
Esta anatomía del poder bifronte es monitoreada de cerca en los despachos de consultoría. El analista político y titular de la consultora Gob Partners, Agustín O'Reilly, desglosa esta convivencia y advierte que el Gobierno funciona de manera nítida con "una fase más política y una fase más técnica". En la arena política, el poder descansa en Milei, su hermana Karina y Santiago Caputo, quienes marcan el pulso ideológico y se apoyan en alfiles con despliegue legislativo y territorial como Martín Menem y Sebastián Pareja, esenciales para sostener la estructura partidaria.
En paralelo, la trinchera técnica es dominada por Luis Caputo, Sturzenegger y Pablo Quirno. Desde que asumió en octubre pasado como ministro de Relaciones Exteriores, Quirno dejó la secretaría de Finanzas para convertirse en el canciller encargado de abrir las relaciones políticas internacionales del país bajo una mirada económica netamente pragmática. Es en esta tríada transversal en la que, a resguardo del desgaste de las batallas culturales, se diseña y ejecuta el modelo que busca reconfigurar la Argentina de forma irreversible.
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