Tras el dato del INDEC, la UCA advirtió por la consolidación de un núcleo de pobreza crónica del 30%

El Observatorio de la Deuda Social analizó los números oficiales y advirtió que la fase de recuperación se agotó por el deterioro laboral. Remarcan que, sin la AUH, la indigencia llegaría al 15%.

Hambre. El endeudamiento de los sectores humildes se utiliza para comprar alimentos. Foto: cedoc

La ilusión de una caída sostenida en los índices de vulnerabilidad social llegó a su fin. Tras un período de recuperación que parecía afianzarse, la realidad económica volvió a golpear de lleno en los hogares argentinos. Los últimos datos oficiales del INDEC correspondientes al primer semestre de 2026 confirmaron que la pobreza trepó al 32,3% y la indigencia alcanzó al 7,5% de la población. Frente a la foto del semestre anterior, las cifras representan un preocupante salto de 4,1 y 1,8 puntos porcentuales, respectivamente.

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Para el Observatorio de la Deuda Social de la UCA (ODSA-UCA), el problema central no es solo el número estático, sino el abrupto cambio de tendencia. El organismo analizó la película completa y marcó cómo el índice pasó de tocar un piso del 26,9% en el tercer trimestre de 2025 a escalar hasta un alarmante 34,6% en el segundo trimestre de este año. Esta escalera ascendente confirma que la fase de fuerte reducción de la pobreza quedó oficialmente agotada y fue reemplazada por un proceso de deterioro.

La casa de altos estudios también le puso una lupa crítica a las mediciones del Estado. Según detallaron en su informe, la caída de la pobreza que el INDEC celebró hasta 2025 fue real, pero estuvo sobredimensionada por problemas técnicos con las canastas y los ingresos declarados. Por lo tanto, que los indicadores vuelvan a dispararse incluso bajo esa medición oficial sin corregir, constituye una señal de alarma indiscutible sobre la gravedad del escenario actual.

Al final, la bonanza llegará algo más tarde (y con una condición)

A la hora de explicar por qué se rompió la racha positiva, el documento de la UCA apunta a un cóctel letal para el bolsillo. En primer lugar, señaló la caída en el nivel de actividad económica y una notoria precarización del mercado laboral, donde los salarios registrados volvieron a perder contra la inflación. Ya no se trata sólo de cuántos puestos de trabajo se crean, sino de que los empleos generados son cada vez más informales, inestables y con remuneraciones que no alcanzan a cubrir el costo de vida.

A este combo de recesión y sueldos deprimidos se le sumó un cambio brutal en la estructura de gastos de las familias. Mientras que en 2024 los alimentos subían por debajo de la inflación general, desde fines de 2025 esa ecuación se invirtió. El encarecimiento acelerado de la comida básica, combinado con el peso asfixiante de las tarifas de servicios públicos y los alquileres, terminó por devorar los ingresos disponibles de los sectores medios y bajos.

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El escudo estatal y la barrera del 30%

Más allá de los vaivenes de la macroeconomía, la UCA lanzó una cruda advertencia sobre el muro que Argentina no logra derribar. Los datos ratifican la existencia de un núcleo de pobreza crónica que oscila en el 30% y una pobreza extrema anclada en el 7%. El observatorio aclaró que esto no es un "piso natural", sino la consecuencia directa de décadas de fracasos en materia de integración laboral, educación, hábitat y productividad, problemas que una simple desaceleración inflacionaria no puede solucionar por sí sola.

En medio de este panorama sombrío, el informe rescató el rol vital de la asistencia estatal como última contención. Las simulaciones de los expertos demostraron que si el Estado eliminara la Asignación Universal por Hijo (AUH), las pensiones no contributivas y otros programas de transferencias, el nivel de indigencia saltaría automáticamente a un rango de entre el 14% y el 15%. Es decir, sin la política social, la cantidad de personas que no pueden cubrir sus necesidades alimentarias básicas prácticamente se duplicaría.

El diagnóstico de la Universidad Católica dejó planteado un doble desafío para la clase política. Por un lado, exigió preservar con urgencia el poder de compra de las transferencias sociales, que ya empezaron a perder efectividad frente a la suba de la canasta alimentaria. Por el otro, demandó avanzar sobre las raíces reales de la pobreza, advirtiendo que, sin combatir la informalidad laboral y el déficit educativo, el país seguirá atrapado en un ciclo eterno de mejoras fugaces y recaídas crónicas.

 

TC