Apuntan a Marruecos por la pasividad deliberada de sus fuerzas de seguridad
La versión oficial del Gobierno de Pedro Sánchez se centró inicialmente en culpar a las redes clandestinas de tráfico de personas por la crisis de Ceuta. Pero luego, la narrativa comenzó a girar y terminó apuntando a la monarquía de Marruecos por lo sucedido.
Diversos sectores del Gobierno y de la inteligencia española, y también partidos aliados como SUMAR, acusan directamente a Marruecos por ejercer una complicidad deliberada en la desestabilización del perímetro fronterizo del enclave.
De acuerdo a los diarios españoles, los informes de seguridad descartan que una movilización de miles de personas hacia la frontera de Fnideq (Castillejos) responda a un fenómeno espontáneo. Las acusaciones concretas señalan que la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares marroquíes retiraron intencionadamente los controles en los accesos a los espigones de Tarajal, permitiendo el lanzamiento masivo a nado sin ejercer contención alguna en su propio territorio.
Qué hizo Marruecos. Las fuentes de inteligencia y seguridad señalan que la Fuerzas Auxiliares y la Gendarmería Real marroquí se “plegaron” o miraron hacia otro lado.
En la frontera de Fnideq (Castillejos), contigua a Ceuta, Marruecos suele mantener un despliegue de seguridad muy férreo. Que miles de jóvenes y familias se concentren, caminen hacia la costa y se lancen al agua de forma simultánea sin ser interceptados antes en suelo marroquí solo es posible si existe una orden superior de no intervenir o de desmantelar los controles.
Por otro lado, las llegadas masivas no ocurren por generación espontánea; suelen coordinarse a través de redes de mensajería y redes sociales. Los análisis apuntan a que los servicios de inteligencia de Rabat conocían perfectamente las convocatorias masivas que se estaban gestando en ciudades marroquíes para marchar hacia la frontera y no hicieron bloqueos previos ni desplegaron controles de rutas para impedir la llegada de esas personas a la zona limítrofe.
Chantaje político. En la diplomacia hispano-marroquí existe el término “abrir el grifo” para referirse a la relajación deliberada de los controles con fines políticos. Sectores del Gobierno de Sánchez consideran que Marruecos utiliza la relajación de sus fronteras como una palanca de presión para para exigir más fondos: presiona a España y a la Unión Europea para que desembolsen más millones de euros en partidas de “cooperación y control fronterizo”.
La monarquía marroquí, además, busca mantener a España firme en sus compromisos sobre el Sáhara Occidental, que está en disputa entre Marruecos y grupos separatistas.
Ante esto, ministros y jefes políticos le exigen a Sánchez romper el tono cauteloso, pedir explicaciones formales a Marruecos y condicionar la ayuda financiera para la custodia fronteriza.
El cambio de postura en el gobierno de Sánchez demuestra que la crisis traspasó el plano asistencial: acusar a Rabat compromete la alianza bilateral, pero ignorar su calculada omisión arriesga la credibilidad del Estado ante sus ciudadanos.
El episodio encendió las alarmas en la Unión Europea, que observa con inquietud la fragilidad de su frontera sur. Aunque el refuerzo de la Guardia Civil y la presencia del Ejército han devuelto una calma precaria.
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