Los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, en el norte de África, que constituyen las únicas fronteras terrestres entre la Unión Europea y África, son plataformas que atraen la inmigración clandestina hacia Europa continental por su proximidad y fácil acceso.
Ceuta, una antigua colonia romana con una población de 84.000 habitantes, mide unos 18 kilómetros cuadrados y se encuentra justo al otro lado del estrecho de Gibraltar. Fue capturada por árabes y portugueses en su momento, y ha estado bajo soberanía española desde 1640.
Melilla, que mide unos 200 kilómetros cuadrados, está situada en el extremo oriental de la costa mediterránea de Marruecos, y España ejerce su control desde 1497.
Tiene una población diversa de aproximadamente 87.000 habitantes, de los cuales alrededor de la mitad son musulmanes, y miles de marroquíes van allí a trabajar y hacer compras en sus comercios todos los días.
Los dos territorios están protegidos por altas vallas reforzadas con alambre de púas, cámaras de video y torres de vigilancia. En el pasado, migrantes han muerto o resultado heridos al intentar atravesar las barreras.
Territorio disputado. Luego de la expulsión de moros y judíos de España en 1492, ambos enclaves fueron conquistados como parte de una estrategia de los reyes católicos de establecer puestos avanzados de la cristiandad en el continente africano.
Reclamadas por Marruecos, las dos ciudades han sido durante mucho tiempo un punto de conflicto en las relaciones diplomáticas entre España y el país árabe, con Madrid insistiendo en que ambas son partes integrales del territorio español.
Tanto Ceuta como Melilla, ciudades portuarias, se han desarrollado como centros militares y comerciales que vinculan África con Europa. Desde la década de 1990 han gozado de un estatus similar a otras zonas autónomas, como el País Vasco y Cataluña.
Marruecos tiene otra visión de estas prósperas ciudades españolas en el norte de África. La monarquía de Mohamed VI, cuya familia gobierna el país desde 1631, las considera parte integral de su territorio y califica su actual situación de “presidios coloniales”.
Muchos migrantes, especialmente jóvenes marroquíes, ven estos enclaves como el primer paso para luego poder trasladarse hacia la España peninsular y al resto de Europa, en busca de trabajo y mejores condiciones de vida que en su país.