El peso del fujimorismo, el fantasma que acorrala a Keiko
La política peruana actual está atravesada por el antifujimorismo. No se trata simplemente de una oposición partidaria, sino de una identidad política transversal que une a estudiantes, intelectuales, sectores de izquierda y centristas bajo una sola consigna histórica: evitar, a cualquier costo, que el apellido Fujimori regrese al Palacio de Gobierno.
Para una mitad del país, ese apellido es sinónimo de estabilidad económica y derrota del terrorismo; para la otra, representa la época más oscura de la democracia moderna en el Perú.
La sombra que proyecta Keiko Fujimori proviene directamente de la gestión de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó el país entre 1990 y 2000. El expresidente llegó al poder como un outsider en medio de una crisis catastrófica, marcada por la hiperinflación y la sangrienta ofensiva de la organización terrorista Sendero Luminoso.
En sus primeros años, Fujimori cosechó una enorme popularidad al estabilizar la economía mediante un shock de libre mercado y descabezar a las cúpulas terroristas. Sin embargo, el método elegido devoró las instituciones.
En 1992 dio un autogolpe con el respaldo de las Fuerzas Armadas. Fujimori disolvió el Congreso, intervino el Poder Judicial y suspendió la Constitución, concentrando el poder absoluto.
También inició una guerra sucia contra la guerrilla, violando derechos humanos. Su gobierno quedó manchado por las masacres de Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), perpetradas por el grupo paramilitar “Colina”, lo que años más tarde le valdría una condena a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad.
Además, se lo recuerda por la profusa red de corrupción que estableció de la mano de su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, jefe del temido Servicio de Inteligencia Nacional (SIN)
El régimen de Fujimori montó un sistema de compra de voluntades que incluyó el soborno sistemático de legisladores, dueños de medios de comunicación y empresarios, todo registrado en los tristemente célebres “vladivideos”.
Los vladivideos fueron una gigantesca colección de videos caseros filmados en secreto por Montesinos. En estas cintas, grabadas en las oficinas de la inteligencia peruana, se registraba de manera explícita cómo Montesinos entregaba fajos de miles de dólares en efectivo a dirigentes corruptos. El escándalo estalló en septiembre del año 2000, cuando se difundió públicamente el primero de estos videos, mostrando el soborno al legislador Alberto Kouri para que se pasara a las filas del oficialismo.
La revelación de los vladivideos desnudó ante la sociedad la existencia de una red de corrupción institucionalizada y sistemática que controlaba los poderes del Estado y los medios de comunicación. El impacto de estas imágenes fue tan devastador que desplomó la legitimidad del gobierno en pocos días, forzando la huida de Fujimori a Japón y provocando la caída definitiva de su régimen. Renunció por fax desde allí.
Esto dejó una herida profunda. Keiko, quien había asumido el rol cinematográfico de Primera Dama a los 19 años tras el divorcio de sus padres, heredó la estructura política y el liderazgo del movimiento.
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