¿Saltó o lo empujaron?

Murió un periodista ruso en París al caer de un octavo piso y la teoría del suicidio no convence a la policía

El reportero freelance, de 38 años, se estrelló contra la vereda en un exclusivo suburbio francés. En el departamento encontraron una silla, cartas en cirílico y un compañero de piso en shock que no hablaba el idioma.

Paris torre Eiffel. Foto: Pixabay

La gravedad parece haberse convertido en el enemigo público número uno de la disidencia rusa, esta vez en el corazón de Europa. Un periodista freelance de 38 años, cuya identidad se mantiene bajo reserva, falleció este miércoles tras protagonizar una caída fatal desde la ventana de su departamento en un séptimo piso. El escenario no fue Moscú, sino Meudon, un suburbio acomodado y tranquilo de París que amaneció con el cuerpo del periodista sobre en la vereda y una trama digna de una novela de espionaje.

La Fiscalía de Nanterre se mueve entre dos teorías. La versión oficial y más "prolija" apunta al suicidio, respaldada por una escenografía hallada en el interior de la vivienda: una silla colocada estratégicamente frente a la ventana abierta, cartas de despedida escritas en ruso y envases de medicamentos en el tacho de basura. Sin embargo, según filtró el diario Le Parisien, los detectives no compran el paquete completo y sospechan que el hombre podría haber sido "ayudado" a saltar, dado que existían reportes previos de amenazas de muerte en su contra.

El cuadro se completa con un testigo mudo por las circunstancias: el periodista vivía con un compañero de piso que estaba presente en el momento de la caída. Cuando la policía irrumpió en el lugar, encontró al hombre en un estado de shock absoluto, incapaz de articular palabra. Para sumar frustración a los investigadores franceses, la barrera idiomática impidió (al menos en las primeras horas) determinar si el compañero vio el salto final o si sabe quién más pudo haber estado en ese departamento.

El desenlace fue agónico. El hombre no murió en el acto, sino que fue trasladado de urgencia con signos vitales débiles a un hospital cercano, donde los médicos no pudieron revertir el daño del impacto. La policía científica analizó la zona buscando huellas de terceros, conscientes de que en el universo de la política rusa, las apariencias de suicidio suelen ser la firma de autor de los servicios de inteligencia o de las mafias.

La investigación ahora se centra en traducir esas cartas y descifrar el pasado del freelance. Mientras la policía francesa intenta cerrar el caso, la pregunta que flota en el aire de Meudon es si el periodista saltó abrumado por sus demonios personales o si, como tantos otros compatriotas suyos últimamente, fue víctima de esa extraña "torpeza" que parece atacar a los rusos cerca de las ventanas altas.

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El antecedente del jefe de la Pravda y el "vuelo" de Moscú

El caso de París tiene un déjà vu escalofriante ocurrido hace apenas 90 días. El 6 de octubre, Vyacheslav Leontyev, el mítico y reservado ex director de la editorial Pravda, también se encontró con la muerte tras caer más de 20 metros desde su vivienda en el oeste de Moscú. A sus 87 años, Leontyev no era un jubilado cualquiera: había manejado el órgano principal del Partido Comunista y se dice que conocía como nadie los secretos de la fortuna oculta del partido tras el colapso de la URSS en 1991.

Esa muerte desató las mismas dudas que hoy rodean el episodio francés. La policía abrió una investigación barajando lo habitual: accidente, suicidio o “juego sucio”. El periodista exiliado Andrey Malgin no anduvo con vueltas y posteó en sus redes una frase que hoy suena profética: "Las caídas desde las ventanas continúan...", señalando la macabra tendencia que parece perseguir a quienes saben demasiado.

Rusia atraviesa una racha extraña y sospechosa de muertes de altos ejecutivos y gerentes de grandes compañías, intensificada antes y durante la guerra en Ucrania. La repetición del método sugiere un patrón siniestro donde las ventanas se transformaron en una herramienta política, convirtiendo cada "accidente" en París, Moscú o cualquier capital, en un capítulo más de una guerra silenciosa.

TC