Juicio por la muerte de Maradona

"Lo quería infinitamente, estar cerca de Diego era hermoso": Luque se defiende, mientras se acercan los alegatos

Al declarar por décima vez, el neurocirujano apuntó contra la junta médica que evaluó el trágico final del astro. Aseguró que los estudios no mostraban fallas graves y justificó el caos de la internación domiciliaria.

Leopoldo Luque Foto: NA

En el estrado del Tribunal Oral en lo Criminal de San Isidro, la estrategia de Leopoldo Luque se resumió en una imagen cruda: el Diego Maradona que analizaron los peritos tras su muerte parece no tener nada que ver con el hombre que él atendía. “Pareciera haber un paciente después de la muerte y otro en vida”, disparó el neurocirujano al sentarse a declarar por décima vez en el juicio que investiga el final del ídolo. El médico intentó desarmar lo que la junta interdisciplinaria volcó en su contra, marcando un quiebre en un debate que ya respira clima de veredicto, con un cronograma cerrado.

La aparición de Luque frente a los magistrados este jueves tuvo un fuerte componente de improvisación. El cronograma original marcaba que la etapa de los testigos de las defensas debía inaugurarse con Antonio José Maya, un cirujano que actúa como perito de parte del propio acusado. Sin embargo, Maya pidió tiempo extra para pulir los detalles de su informe técnico, lo que obligó al tribunal a recalcular sobre la marcha y cederle el micrófono al principal imputado para que ampliara su indagatoria.

Frente a las preguntas de su abogado Francisco Oneto, Luque decidió chocar de frente contra el diagnóstico retrospectivo que impulsa la querella. Mientras que el cuerpo de expertos sostiene que el exfutbolista cursaba un cuadro gravísimo con fallas cardíacas, renales y hepáticas, el neurocirujano aseguró que en el trato diario no existían tales alarmas. Argumentó que los estudios clínicos daban bien, que el paciente no manifestaba dolencias severas y que si el ídolo le hubiera dicho simplemente que le dolía un dedo del pie, él habría ido "corriendo" a asistirlo.

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Para justificar el complejo escenario de los cuidados médicos, el imputado apeló a la personalidad inmanejable de Maradona. Recordó que tratar al astro era un desafío imposible de encasillar en los manuales, graficando su rebeldía con un ejemplo rotundo: era un hombre con un carácter tan fuerte que fue capaz de dejar plantado al mismísimo Papa. Además, reveló que tras la operación del hematoma subdural, la clínica Olivos buscaba darle el alta rápida porque lo veían estable, pero era él quien intentaba retenerlo para controlarlo y evitar que volviera a consumir alcohol.

Al correrse del terreno estrictamente técnico, Luque se sumergió en el vínculo personal que lo unía con el Diez desde 2016. Admitió sentirse frustrado por momentos, al percibir que sus esfuerzos no alcanzaban para ayudarlo del todo ante su constante tendencia a esconder síntomas, pero juró que ni él ni el resto de los procesados actuaron con mala fe. “Estar cerca de Diego era hermoso”, dijo ante los jueces, asegurando que jamás se le cruzó por la cabeza el trágico desenlace del 25 de noviembre de 2020. "Jamás imaginé el final que tuvo, ni se me cruzó por la cabeza. Yo lo quería infinitamente a Diego. No era un paciente más", declaró. 

A pesar de su intento por humanizar el conflicto, la sombra de una condena severa sigue sobrevolando la sala. Luque forma parte del grupo de siete profesionales de la salud que enfrentan la durísima carátula de homicidio simple con dolo eventual, un delito que contempla penas de hasta 25 años de cárcel. Junto a la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz y otros cuatro encargados del día a día médico, están acusados de haber sabido que sus acciones u omisiones podían llevar a la muerte del paciente, sin hacer lo necesario para evitarlo.

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La recta final hacia los alegatos

El juicio ya acumula 39 frenéticas audiencias y se prepara para una ronda de testimonios clave. El tribunal diagramó un calendario muy ajustado para escuchar a los 17 testigos propuestos por las siete defensas. Las jornadas quedaron fijadas para los días 8, 10, 15, 17 y 22 de septiembre, un esquema que obligará a los magistrados a hilar fino con las citaciones para no demorar los tiempos del proceso.

El peso de la prueba recae ahora sobre los acusados, que intentarán revertir el daño que dejó la artillería de la Fiscalía en las rondas previas. Las declaraciones de los peritos oficiales de la junta, como José Luis Covelli y Ramiro Larrea, fueron letales: calificaron el accionar del equipo de salud como "inadecuado, deficiente y temerario". En esa misma línea, el cardiólogo Gustavo Di Niro fulminó la coartada de Luque al asegurar que ignoraron señales evidentes de un colapso cardíaco (como retención de líquidos y taquicardia) que en cualquier consultorio normal hubieran ameritado medicación inmediata.

Con las cartas sobre la mesa, el reloj corre hacia el cierre definitivo del debate oral. Si el desfile de los testigos de parte no sufre nuevas alteraciones operativas, todas las miradas estarán puestas en el próximo 29 de septiembre, fecha marcada en rojo por el tribunal para el inicio de los alegatos. Será el momento decisivo en el que las partes intentarán convencer a los jueces sobre los verdaderos responsables de la precaria internación domiciliaria que terminó apagando la vida del astro mundial.

 

TC/ML