+Perfil

“Encadenados o el error de los efímeros”: una relectura de Prometeo para cuestionar el poder y la obediencia

El dramaturgo y director Héctor Alvarellos presentó en Ronda de Escritores (RDEsc) una versión contemporánea de Prometeo encadenado, atravesada por otros mitos griegos y por una pregunta central: qué hicieron los seres humanos con el fuego y qué ocurre cuando dejan de enfrentarse a la injusticia.

El dramaturgo y director Héctor Alvarellos. Foto: reperfilar.

Héctor Alvarellos habló en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, sobre Encadenados o el error de los efímeros, una obra que recupera el mito de Prometeo para interrogar problemas profundamente actuales. El dramaturgo tomó como punto de partida Prometeo encadenado, tradicionalmente atribuida a Esquilo, y sumó elementos de otros relatos de la mitología griega.

“Es una versión basada, por supuesto, en la de Esquilo, pero con este aggiornamiento que nos trae hoy su historia”, explicó Alvarellos. En esa actualización aparecen también las Moiras, vinculadas con el destino, mientras el conflicto central se desplaza hacia la relación entre poder, libertad y obediencia.

La rebeldía de Prometeo frente a la injusticia

Para Alvarellos, Prometeo continúa resultando vigente porque representa a alguien que decide actuar según su propio criterio aun sabiendo que deberá afrontar las consecuencias. “Tuvo la valentía de pensar por cuenta propia y enfrentarse al poder ante la injusticia”, sostuvo.

La obra recupera así la dimensión política del mito. Prometeo deja de ser solamente una figura castigada por los dioses para convertirse en alguien que se niega a aceptar una orden cuando considera que aquello que ocurre es injusto.

Esa decisión es justamente la que lo enfrenta con quienes buscan disciplinarlo. En la versión de Alvarellos, la tensión no se concentra únicamente en el castigo físico, sino también en las distintas formas de presión que intentan conducirlo nuevamente hacia la obediencia.

El castigo cambia de forma en la adaptación

Uno de los principales cambios de la puesta aparece en la ausencia del águila que, en el mito tradicional, devora repetidamente las entrañas de Prometeo. “Ahí el águila no aparece, pero sí aparecen todos los que lo vienen a rescatar”, explicó el director.

Ese “rescate”, sin embargo, adquiere un sentido ambiguo. Los personajes que se acercan no necesariamente buscan liberar a Prometeo, sino convencerlo de aceptar las reglas y abandonar su posición.

La obra plantea entonces una pregunta contemporánea: qué significa rescatar a alguien que se rebela contra el poder. ¿Ayudarlo implica sostener su resistencia o persuadirlo para que vuelva a obedecer?

El fuego como responsabilidad de la humanidad

El título Encadenados o el error de los efímeros introduce otra de las ideas centrales de la propuesta. Los “efímeros” son los seres humanos, atravesados por una existencia limitada y, al mismo tiempo, responsables de aquello que hacen con las herramientas que reciben.

Alvarellos contó que incorporó un monólogo final construido alrededor de una pregunta: “¿Qué hicimos con el fuego?”. La referencia remite directamente al gesto de Prometeo de entregar el fuego a la humanidad.

Pero en la adaptación ese fuego también representa conocimiento, libertad, poder y capacidad de transformación. El interrogante deja así de pertenecer exclusivamente al mito para convertirse en una pregunta dirigida al presente.

Parque Avellaneda como escenario del proyecto

La obra mantiene además una fuerte relación con Parque Avellaneda, espacio en el que Alvarellos desarrolla su actividad artística desde hace 35 años. Ese recorrido forma parte de una concepción teatral interesada en recuperar textos clásicos sin presentarlos como piezas inmóviles del pasado.

En Encadenados o el error de los efímeros, Prometeo funciona precisamente de esa manera: como una figura antigua capaz de interrogar discusiones actuales sobre autoridad, resistencia y responsabilidad individual.

La pregunta final concentra toda esa tensión. Si Prometeo entregó el fuego a los seres humanos, la obra obliga a mirar hacia el presente y preguntarse, como plantea Alvarellos: “¿Qué hicimos con el fuego?”.