La dramaturga y directora Sandra Franzen habló sobre el proceso creativo detrás de Maldita, una obra nacida a partir de una situación aparentemente cotidiana que terminó abriendo una pregunta mucho más profunda sobre la violencia, la rebeldía y los vínculos de sometimiento.
Todo comenzó durante unas vacaciones en una cabaña de Entre Ríos, cuando un perro callejero se acercó en busca de comida. “Le empiezo a dar de comer y las amigas con las que estaba me dicen: ‘Uy, ahora, ¿sabés qué? No lo sacamos más’”, recordó Franzen.
Una escena cotidiana que dio origen a la obra
El animal era apartado del lugar, pero regresaba una y otra vez. Esa insistencia despertó en la dramaturga una pregunta que terminó convirtiéndose en el germen de toda la historia.
“¿Qué hace que alguien que lo echen o le den una palmada en el lomo o le peguen, vuelva, y vuelva, y vuelva?”, se preguntó. A partir de esa imagen comenzó a construir una trama que trasladaba ese comportamiento hacia una experiencia humana.
La protagonista de la obra se llama Maldita, y el perro que aparece junto a ella funciona como un espejo de su propia condición. Ambos representan, de algún modo, aquello que la sociedad intenta disciplinar.
El perro como metáfora de la protagonista
Franzen explicó que el vínculo entre la mujer y el animal es una de las claves de la obra. “La obra cuenta la historia de esta mujer, de Maldita, pero en una metáfora con un perro que es el perro que ella tiene”, señaló.
El paralelismo aparece especialmente en la idea de la domesticación. “Hay que domesticar porque es un perro salvaje como ella”, explicó la dramaturga.
La figura del animal permite así hablar de una mujer que no encaja en los roles que le fueron asignados y que debe enfrentar las consecuencias de resistirse a ellos.
Los mandatos sobre las mujeres en los años 30 y 40
La historia está situada durante las décadas de 1930 y 1940, en una sociedad donde los márgenes de autonomía femenina eran considerablemente menores. Franzen buscó trabajar especialmente sobre el conflicto de una mujer que desafía el lugar que su marido y el entorno pretenden imponerle.
“Pensar en una mujer que se quiera revelar en los años 30 contra el marido, contra un hombre que la pretende como objeto, bueno, tiene sus consecuencias”, afirmó.
La violencia de la obra no aparece únicamente como agresión directa, sino también a través del mandato de obedecer, adaptarse y aceptar un lugar previamente definido.
La inmigración como parte del universo dramático
Otro de los elementos centrales de Maldita es la inmigración. Franzen explicó que su propia historia personal influyó en la construcción de ese contexto.
“Soy de la provincia de Santa Fe, o sea que tengo muy presente todo lo que tiene que ver con lo migratorio”, sostuvo. Aunque aclaró que “mi origen es suizo”, para la obra decidió construir una familia de inmigrantes italianos.
Ese universo le permitió combinar la historia íntima de la protagonista con una Argentina atravesada por desplazamientos, nuevas identidades y fuertes estructuras familiares.
El regreso de la obra
Maldita tuvo una temporada breve en el Método Kairós, luego de haber pasado por El Picadero. Franzen adelantó que la obra tendrá ahora una pausa, aunque está previsto que regrese durante el próximo año.
La propuesta queda así construida alrededor de una imagen sencilla pero potente: un ser que vuelve aun después de ser rechazado. Desde allí, Franzen desarrolla una reflexión sobre la violencia, la resistencia y aquello que ocurre cuando una persona se niega a ser domesticada.