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Gloria Vaccarezza en RDEsc: “La fábrica es como ese lugar de poder volver a reinventarse”

La escritora habló en Ronda de Escritores (RDEsc) sobre su novela Muestra permanente y trazó puntos de contacto con su obra anterior, Nada que corte. Durante la entrevista, reflexionó sobre la locura, los mundos de la televisión y la clínica psiquiátrica, y el valor simbólico de una fábrica abandonada.

La escritora, Gloria Vaccarezza. Foto: reperfilar

La escritora Gloria Vaccarezza habló sobre los vínculos entre Muestra permanente y Nada que corte, dos novelas atravesadas por protagonistas que enfrentan momentos de ruptura y buscan reconstruirse. En diálogo con Osvaldo Quiroga en Ronda de Escritores, por +Perfil, la autora explicó cómo los espacios que habitan sus personajes funcionan también como escenarios de transformación personal.

En Muestra permanente, la protagonista es Julieta, una mujer que atraviesa un momento de quiebre y decide abandonar a su familia para instalarse en una fábrica abandonada. “Esta historia sigue a Julieta, que es una mujer que en un momento de su vida tiene como un quiebre, abandona a su familia y se mete a una fábrica abandonada como a reconstituirse, a hacerse de nuevo de alguna manera”, explicó Vaccarezza.

Una fábrica para volver a empezar

El espacio elegido por Julieta adquiere un significado que supera su dimensión física. Se trata de un lugar que alguna vez tuvo una función y que ahora se encuentra vacío, una característica que acompaña el propio proceso que atraviesa la protagonista.

“Entonces la fábrica es como ese lugar, esa metáfora de poder volver a reinventarse”, explicó la escritora. La reconstrucción de Julieta queda así vinculada con un escenario que también puede ser resignificado después de haber perdido su propósito original.

Vaccarezza encontró allí uno de los puntos de contacto con Nada que corte, su novela anterior. En ese caso, la protagonista es Débora, quien ingresa en una clínica psiquiátrica y queda expuesta a un mundo completamente diferente del que habitaba hasta ese momento.

La televisión y el psiquiátrico

Quiroga señaló que Nada que corte contrapone dos universos: el vertiginoso ambiente de la producción televisiva y la dinámica de una institución psiquiátrica. Vaccarezza, que trabajó en televisión, respondió con humor al paralelismo: “Bueno, la televisión de una época por lo menos era bastante parecida a un psiquiátrico”.

La conversación avanzó entonces sobre las características de aquel mundo televisivo y, especialmente, sobre la necesidad permanente de producir algo capaz de captar la atención. Quiroga resumió esa lógica con una frase: “No importa, podés matar a tu madre, desvestirte. El asunto es sorprender”.

Vaccarezza coincidió con esa descripción y la vinculó con el universo que construyó en la novela. La búsqueda constante del impacto aparece asociada a un ambiente en el que la velocidad y la necesidad de generar novedades condicionan el comportamiento de quienes forman parte de él.

“Del ruido al silencio”

El contraste entre ambos espacios está determinado también por el ritmo. “Lo que pasaba era del ruido al silencio, de la rapidez, lo instantáneo, a un momento más de tranquilidad, de reposo, de introspección”, explicó Vaccarezza.

La clínica funciona de ese modo como una interrupción frente a la aceleración del mundo anterior de Débora. Si la televisión representa el movimiento permanente y la necesidad de producir, el nuevo espacio obliga a detenerse y habilita una experiencia de introspección.

Quiroga incorporó además el sufrimiento como otra dimensión de ese tránsito. En las dos novelas, las protagonistas llegan a esos nuevos espacios después de atravesar circunstancias que modifican su relación con aquello que las rodea.

Los espacios como territorios de transformación

En Muestra permanente, esa función recae sobre la fábrica abandonada. La elección permite asociar el recorrido de Julieta con un edificio que también conserva las marcas de un pasado y necesita encontrar un nuevo significado.

A partir de esa imagen, Quiroga trasladó la conversación hacia las fábricas que dejaron de funcionar y los edificios industriales que permanecen en pie después del cierre de la actividad. Recordó particularmente una construcción que observaba habitualmente y que con el paso del tiempo perdió por completo su función productiva.

“Hoy no existe más. Está el edificio, simplemente el edificio”, señaló el conductor. La imagen conectó el escenario literario elegido por Vaccarezza con espacios reales que alguna vez estuvieron asociados al trabajo, la producción y la vida cotidiana.

En las dos novelas, sin embargo, esos lugares adquieren sentidos diferentes a partir de quienes los habitan. La fábrica de Julieta y la clínica de Débora funcionan como interrupciones frente a sus vidas anteriores y como territorios desde los cuales intentar una transformación. En palabras de Vaccarezza, se trata de pasar “del ruido al silencio” y encontrar, en ese nuevo espacio, la posibilidad “de poder volver a reinventarse”.