La inversión de Toyota por más de US$ 1.300 millones para producir en la Argentina un vehículo 100% eléctrico abrió un debate entre economistas sobre los alcances del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El proyecto fue aprobado para radicarse en Zárate y contempla una nueva planta destinada a una tecnología que actualmente no se fabrica en el país.
Ricardo Carciofi, investigador de Economía Política, destacó especialmente que se trata de una iniciativa diferente de buena parte de las inversiones que ingresaron hasta ahora al régimen. “Creo que es el primer proyecto, hay uno sobre siderurgia, es el primer proyecto que escapa de las lógicas de las commodities dentro del RIGI”, sostuvo.
Toyota y la importancia del mercado brasileño
Carciofi puso el foco también en el vínculo entre la industria automotriz argentina y Brasil, uno de los principales mercados para la producción local. “Hay que cuidarlo con mucha cautela y no poner en riesgo la relación con Brasil”, advirtió durante su participación en +Perfil.
El economista se refirió particularmente al mecanismo conocido como “flex”, que regula las condiciones del intercambio automotor entre ambos países. Para Carciofi, preservar ese esquema resulta especialmente importante frente al déficit comercial argentino con Brasil y al peso que tiene ese destino para las exportaciones del sector.
Ese análisis lo llevó también al funcionamiento general del Mercosur. Según sostuvo, una inversión como la de Toyota no puede evaluarse exclusivamente desde el régimen promocional, sino que debe observarse dentro de la relación comercial regional que sostiene buena parte de la estructura productiva automotriz.
“El blindaje jurídico” del RIGI
Otro de los ejes centrales fue determinar qué elementos hacen atractivo al régimen para las grandes compañías. Carciofi identificó especialmente la previsibilidad normativa de largo plazo. “Cuando vos hablás con gente involucrada con estos proyectos, un activo que ven en el RIGI es el blindaje jurídico”, explicó.
El régimen contempla incentivos tributarios, aduaneros y cambiarios, además de estabilidad normativa durante 30 años y mecanismos específicos para la resolución de controversias. Durante 2026, el Gobierno también amplió el alcance del esquema para incorporar, entre otras actividades, la movilidad eléctrica e híbrida dentro del sector tecnológico.
Para Carciofi, estas características muestran además que existe una política de promoción activa detrás del régimen. “Esto es una política promocional, hecha y derecha, con unas determinadas características”, afirmó.
El debate sobre la política industrial
El economista rechazó de esa manera la idea de que el Gobierno carezca de una política industrial por su orientación favorable al mercado. “No es cierto que no haya una política industrial. La hay, definida de una manera particular, que es esta, o una política promocional determinada”, sostuvo.
Carciofi señaló que el diseño está orientado principalmente hacia inversiones capaces de generar exportaciones y divisas. En ese punto marcó una diferencia con otros esquemas promocionales que continúan vigentes, como el de Tierra del Fuego, históricamente más vinculado con la producción destinada al mercado interno.
“Vos dejaste un esquema promocional orientado al mercado interno, que no lo tocás, y con otro adicional que va en el sentido contrario, sentido que va orientado a la exportación”, explicó. Para el economista, esa convivencia también obliga a analizar el costo fiscal de los distintos beneficios.
Lozano: “No es el RIGI el que los trae”
Claudio Lozano, economista y presidente de Unidad Popular, planteó una lectura diferente. “Buena parte de los proyectos que entraron al RIGI ya estaban planteados para la Argentina. No es el RIGI el que los trae. El RIGI incrementa las ganancias de esos proyectos”, sostuvo.
Lozano señaló además que entre los proyectos incluidos en el régimen existe una participación importante de YPF, por lo que cuestionó que todas las iniciativas puedan ser presentadas simplemente como nuevas inversiones privadas atraídas por el esquema.
En el caso específico de Toyota, el economista sostuvo que el monto de inversión no debería ser la única variable considerada. “Nosotros necesitamos tener una estrategia donde miramos el balance de divisas de cada inversión”, afirmó.
Importaciones, utilidades y generación de dólares
Lozano propuso incorporar al análisis cuánto deberá importar la compañía para concretar el proyecto, cuáles serán sus futuras remisiones de utilidades y cuál será finalmente su aporte neto de divisas.
“Toyota no hay que presentar: hay una inversión de tanto que nos va a traer tantas importaciones. ¿Y cuántas importaciones va a hacer Toyota con esto? ¿Qué utilidades va a remitir? ¿Cuánto vamos a pagar por esto?”, planteó.
La discusión expuso así dos dimensiones del RIGI. Carciofi puso el acento en la seguridad jurídica, el perfil exportador y la aparición de una inversión industrial que se aleja de la predominancia de las commodities. Lozano, en cambio, concentró sus cuestionamientos en el costo de los beneficios y en el resultado integral sobre las divisas.
Para Carciofi, el punto de partida sigue siendo reconocer la naturaleza de la herramienta: “Esto es una política promocional, hecha y derecha”. Para Lozano, la evaluación debe completarse observando no solamente cuánto capital ingresa, sino también “qué utilidades va a remitir” y cuál será finalmente el balance económico de cada proyecto.