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Milei viajó a España sin reuniones clave, criticó a Sánchez y demostró tener relaciones facciosas

La visita de Javier Milei a España aparece atravesada por una relación complicada con el gobierno de Pedro Sánchez y también con sus eventuales aliados políticos. En ese contexto, el Presidente volvió a atacar a Sánchez y sostuvo una versión sobre la inmigración en Ceuta que no se corresponde con lo ocurrido.

Javier Milei en España Foto: Captura

La visita de Javier Milei a España es un viaje bastante raro. Encontré incluso algunos comentarios en la prensa europea. El País de Madrid planteó que la visita incomoda a la derecha en plena polémica preelectoral sobre el futuro de las pensiones.

Europa está atravesando una situación complicada y España también. Pedro Sánchez adelantó las elecciones. Sánchez es un gato con siete vidas. Habrá que ver si todavía le queda alguna. Sospecho que no.

Pero el ambiente en España tampoco está para que la derecha presente algunos argumentos como los que plantea Milei. No está el horno para bollos. Por lo que hemos visto, Santiago Abascal, su socio político español de Vox, se fue de viaje. Tampoco se pudo confirmar una reunión con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que hasta ahora no confirmó si va a recibirlo. Alberto Núñez Feijóo tampoco lo recibiría. Ni el rey.

Milei dará algunas conferencias y recibirá algún premio, como suele ocurrir en estos viajes. Entonces estamos frente a una visita bastante particular, porque aparentemente no tiene conexión con el gobierno español y tampoco demasiada conexión con quienes podrían ser sus aliados políticos, el Partido Popular y Vox.

Hay una frase de Antoni Gutiérrez-Rubí que recordaba Jessica Bossi en Clarín y que me parece tan cierta como lamentable: “Las elecciones siguen siendo generales, pero ya no son nacionales”. Es una gran definición. 

Todos los políticos parecen meterse actualmente en las elecciones de otros países. Las relaciones internacionales entre Estados y presidentes se han convertido, cada vez más, en relaciones facciosas. Milei está contra Sánchez. Está contra Lula. Está a favor de Trump. Todo depende de quién gobierne cada país. Y les cuento algo que es información: también hay problemas con Chile. Lamentablemente. Problemas que no deberían existir, porque Argentina y Chile podrían hacer muchísimas cosas juntos.

Los ataques contra Pedro Sánchez

La actividad de Milei en España quedó prácticamente limitada a una conferencia en el Nueva Economía Fórum, en un desayuno con políticos, empresarios, diplomáticos y corresponsales extranjeros.

También estaba previsto un encuentro con Jesús Huerta de Soto. Y, naturalmente, volvió a hablar de Pedro Sánchez. Milei llamó al presidente español “ladrón”, “dictador”, “delincuente” e “impresentable”. ¿Qué necesidad? Dijo que Sánchez es un “impresentable dictador” y volvió a acusarlo de corrupción. 

Es cierto que alrededor de Sánchez existen investigaciones judiciales muy complicadas. Pero también es cierto que Trump tiene casos judiciales y Milei no habla de Trump en esos términos.Putin también tiene conductas sobre las que el Presidente no formula este tipo de observaciones. Por eso creo que el moralismo de Milei es un moralismo selectivo. Muy selectivo.

Cuando los problemas de corrupción alcanzan a alguien enfrentado ideológicamente con él, aparece inmediatamente la cuestión moral. Cuando afectan a un aliado ideológico, la reacción es distinta. Milei conecta la corrupción con la ideología. Eso forma parte de esta idea suya de la moral como política de Estado.

Para él, el rival ideológico aparece asociado con una condición moral. Y si además ese rival tiene causas judiciales, como ocurre con Pedro Sánchez, la situación se potencia.

Lo que Milei dijo sobre Ceuta no es cierto

Después el Presidente volvió a confrontar con el socialismo español por la economía y por la política migratoria. La inmigración se ha convertido en una obsesión dentro de determinados sectores políticos europeos. Pero Milei dijo algo sobre Ceuta que no es cierto.Afirmó que el gobierno español fomenta una invasión porque cada inmigrante representa un voto.

Esto conecta con algo que comentábamos hace poco a propósito de una idea de Patrick Radden Keefe: estamos perdiendo las verdades compartidas. Hay cuestiones subjetivas sobre las que podemos discutir todo lo que queramos. Pero también existen hechos. Y algunos hechos deberían seguir siendo objetivos. 

Lo que ocurrió en Ceuta no fue lo que describió Milei. No fue el gobierno español fomentando una entrada masiva de inmigrantes para conseguir futuros votantes. Eso no ocurrió así. El problema aparece cuando se toma un hecho, se lo da vuelta y se construye un relato político sobre una versión falsa de lo sucedido.

Ceuta y la operación marroquí

Lo ocurrido en Ceuta fue otra cosa. Hubo una operación vinculada con Marruecos destinada a generarle un problema a España y a Europa. Después Sánchez cometió errores intentando manejar o disimular aquella situación.

Juan Luis Cebrián explicó en una entrevista que tenemos en el canal que, a su juicio, Sánchez estaba sometido a una fuerte presión por parte de Marruecos y de sus servicios de inteligencia. Marruecos es, además, un socio muy importante de Estados Unidos en el norte de África. Hubo una entrada masiva y también posteriormente una salida masiva de personas, y quedaron miles de marroquíes en una situación muy complicada en Ceuta.

Por eso la interpretación de que España abrió deliberadamente las compuertas migratorias para incorporar personas que luego votaran al socialismo no describe lo que ocurrió. Y además esas personas ni siquiera tenían una posibilidad inmediata de votar.

Una cosa es criticar a Pedro Sánchez y otra es considerar que su gobierno es malo. Y otra completamente diferente es modificar un hecho para convertirlo en un argumento político.

Que Sánchez pueda parecernos horrible no cambia lo que efectivamente pasó. Hay hechos que deberían seguir siendo compartidos. Y lo de Ceuta es uno de ellos.