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RDC: Protestas en Estados Unidos contra las cámaras de seguridad por vulnerar la privacidad

Norman Powell analizó en Ronda de Corresponsales (RDC) el creciente cuestionamiento a los sistemas de vigilancia instalados en ciudades de Estados Unidos y el temor por el uso de inteligencia artificial.

Cámaras de seguridad en calles Foto: Gentileza magnific.com

La instalación masiva de cámaras de seguridad en calles y espacios públicos de Estados Unidos abrió una discusión cada vez más intensa sobre los límites entre la prevención del delito y el derecho a la privacidad. Norman Powell explicó que distintos episodios protagonizados por organismos policiales contribuyeron a que una parte de la sociedad comenzara a cuestionar el alcance de estos sistemas de vigilancia.

Según relató, una encuesta realizada a nivel nacional mostró un fuerte nivel de rechazo entre los estadounidenses. “Hay tantas cámaras en todas las ciudades que es imposible ignorarlas”, sostuvo Powell al describir un fenómeno que ya no se limita a las grandes urbes y que también comenzó a generar resistencia en comunidades más pequeñas.

Una parte de la sociedad pide retirar las cámaras

Powell señaló que cerca de la mitad de los consultados en ese relevamiento manifestó que preferiría no tener cámaras de vigilancia en las calles. El cuestionamiento llegó incluso a algunas administraciones locales, donde grupos de ciudadanos presionaron para que esos dispositivos fueran retirados de los presupuestos municipales.

Las fuerzas policiales mantienen una posición diferente y defienden la utilidad de estas herramientas para combatir el delito. Las cámaras pueden aportar registros para reconstruir ataques, localizar personas desaparecidas, identificar fugitivos o seguir movimientos vinculados con investigaciones criminales.

Sin embargo, Powell señaló que la preocupación aparece cuando esa capacidad deja de concentrarse exclusivamente en sospechosos. “El común de la gente dice que está registrando los movimientos de gente inocente y que puede transformarse en un elemento de espionaje”, explicó.

“No sólo están registrando videos”

La incorporación de inteligencia artificial profundizó esas inquietudes porque los sistemas dejaron de funcionar únicamente como cámaras que almacenan imágenes. Ahora pueden cruzar registros, procesar información y detectar determinados patrones de movimiento de manera automatizada.

Powell puso como ejemplo el seguimiento de vehículos mediante el reconocimiento automático de matrículas. “Estas cámaras no sólo están registrando vídeos, sino que también se conectan con el sistema de inteligencia artificial para averiguar información de los ciudadanos”, sostuvo.

La identificación de una patente puede permitir reconstruir por dónde circuló determinado automóvil y asociar esos datos con la información disponible sobre su propietario. El interrogante aparece cuando esa capacidad se aplica a personas que no están siendo investigadas ni son sospechosas de haber cometido un delito.

De combatir el delito a reconstruir movimientos cotidianos

Ese salto tecnológico modifica el alcance tradicional de una cámara de seguridad. Ya no se trata solamente de revisar una grabación después de que ocurrió un hecho, sino de disponer de sistemas capaces de organizar datos sobre los desplazamientos de personas y vehículos.

Para quienes cuestionan el modelo, existe el riesgo de que una infraestructura creada para mejorar la seguridad termine utilizada para construir perfiles de comportamiento. “Puede transformarse en un elemento de espionaje”, insistió Powell al sintetizar una de las principales preocupaciones de los ciudadanos que reclaman límites.

El dilema, por lo tanto, no supone necesariamente rechazar cualquier herramienta tecnológica destinada a combatir delitos. La discusión pasa por determinar quién puede acceder a esos datos, durante cuánto tiempo pueden conservarse y qué garantías existen para impedir que sean utilizados con otros objetivos.

El antecedente de China

Durante la conversación, Jorge Elías trazó una comparación con lo que ocurre en grandes ciudades de China, como Beijing y Shanghai. Allí, explicó, existen sistemas capaces de registrar vehículos, identificar matrículas y enviar automáticamente esa información hacia centros de procesamiento.

A esas capacidades se suma el reconocimiento facial, otra herramienta que amplía considerablemente las posibilidades de identificación y seguimiento. Elías señaló que estos sistemas pueden funcionar integrados con dispositivos policiales y otras tecnologías, generando una infraestructura de vigilancia mucho más extensa.

El ejemplo permitió ampliar una discusión que ya excede a Estados Unidos. Cuanto mayor es la capacidad tecnológica para identificar, seguir y analizar a las personas, más difícil resulta establecer dónde termina una herramienta de seguridad y dónde comienza una forma de vigilancia permanente.

Seguridad y privacidad, frente a frente

El debate enfrenta así dos intereses que no resultan sencillos de compatibilizar. Por un lado, las autoridades sostienen que las cámaras pueden convertirse en instrumentos fundamentales para resolver delitos; por otro, una parte de los ciudadanos teme que la misma tecnología pueda terminar controlando sus movimientos cotidianos.

“Hay tantas cámaras en todas las ciudades que es imposible ignorarlas”, afirmó Powell, mientras advertía que la inteligencia artificial amplía todavía más las capacidades de esos dispositivos. La discusión que se abre es hasta dónde una sociedad está dispuesta a resignar privacidad a cambio de seguridad y qué límites deben existir cuando la vigilancia alcanza también a quienes no cometieron ningún delito.