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Tomás Rebord contra Sandra Pettovello y Alejandro Álvarez: "Todo es una cadena de chupamedias para arriba"

El conductor de +Perfil se refirió al relato de una estudiante que se reunión con autoridades del Ministerio de Educación, que por orden de Pettovello abandonaron el encuentro. "El galleguito graba el reel para agradar a Karina Milei, ¿se entiende lo decadente que es esto?", dijo. "La política se discute en términos performáticos", contó.

Tomás Rebord contra Sandra Pettovello y Alejandro Álvarez Foto: +Perfil

Tomás Rebord volvió a poner bajo la lupa el impacto de las redes sociales sobre la política y sostuvo que la búsqueda permanente de viralización terminó modificando la forma en que dirigentes, funcionarios y figuras de poder participan del debate público. En su programa de +Perfil, el conductor tomó como punto de partida un conflicto ocurrido en la Secretaría de Educación y amplió la discusión hacia TikTok, X y la lógica de los contenidos pensados para conseguir interacciones.

Todo comenzó a partir del relato de Agostina Olivera, estudiante que participó de una protesta en el Palacio Pizzurno. Según contó, durante el episodio apareció el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, quien habría grabado un video mientras les exigía abandonar el lugar.

Rebord utilizó esa escena para plantear una pregunta más amplia: qué ocurre cuando una discusión política comienza a pensarse al mismo tiempo como contenido para las redes.

Por qué hay una "deformación de la representación por las redes sociales”

“La deformación de la representación por las redes sociales, para mí, aún no se entiende en su completa magnitud”, sostuvo Rebord. 

Para el conductor, el problema no afecta solamente a un sector político determinado. “Produce algo en el hombre y en los hombres que deforma la representación, deforma la manera en que pensamos, todos, todos, y nadie es inmune acá”, explicó.

A partir de allí cuestionó la lógica mediante la cual un funcionario podría utilizar un conflicto para producir una pieza destinada a mostrar autoridad frente a sus propios seguidores o superiores.

Según su interpretación, ese mecanismo termina alimentando una política basada en escenas fácilmente transformables en videos, frases cortas y gestos de confrontación. “Después la política se discute en esos mismos términos. Después la política se discute en términos performáticos”, afirmó.

Cuando el entretenimiento ocupa el centro

Rebord aclaró que no rechaza que la política pueda resultar entretenida. El problema, dijo, aparece cuando el espectáculo deja de ser un recurso y pasa a ocupar el centro de la discusión. “Para mí la política tiene que ser entretenida. Yo no quiero acá pecar de pacato, pecar de solemne”, señaló.

Pero inmediatamente marcó el límite: “El entretenimiento tiene que ser condimento de una política real y de base y seria que sucede en el fondo de la cosa”. “Cuando el entretenimiento es centro de la cosa, todo está deformado”, resumió.

TikTok, X y una discusión cada vez más fragmentada

El conductor también analizó el efecto particular de distintas plataformas. Sobre TikTok, consideró que sus consecuencias sobre las generaciones más jóvenes recién podrán observarse plenamente con el paso del tiempo. “Para mí TikTok rompe la atención de una forma que vamos a ver en los próximos 20 años recién, porque afectó a capas más jóvenes, a pibes más chicos”, planteó.

En el caso de X, antes Twitter, puso el foco en otra característica: su influencia sobre dirigentes y personas con capacidad de decisión. “Twitter lo que hace es romper la discusión”, afirmó. Para Rebord, la plataforma genera “una serie de espejos rotos, en los cuales lo único que importa es la propia validación y nunca una idea de debate o de pensamiento”.

El ejemplo de Marcos Galperín

Para ilustrar su argumento, mencionó al empresario Marcos Galperín. “Yo no creo que Marcos Galperín esté loco. No lo conozco, pero yo no creo que de verdad sea un idiota. Ahora, Marcos Galperín, cuando entra a Twitter, como vos, como yo, como cualquiera, cuando entra a jugar a Twitter, se vuelve un tarado”, sostuvo.

La crítica, explicó, no estaba dirigida únicamente al empresario, sino al mecanismo que coloca a figuras con enorme poder económico o político en discusiones gobernadas por las mismas reglas de provocación y búsqueda de aprobación que cualquier usuario. “Ahora no hay arriba, no hay abajo, no hay poder, nadie sabe nada, todos son igual de idiotas que el otro y todo lo que quieren todos son likes”, afirmó.

El nuevo método es provocar antes que convencer

Para Rebord, esa dinámica tiene además un incentivo concreto: las posiciones más extremas suelen producir mayor repercusión. “Si vos querés que te vaya bien en redes sociales, vos lo que tenés que hacer es radicalizar tu posición”, planteó.

El resultado, según su lectura, es un debate en el que cada sector habla fundamentalmente para reafirmar a los propios y no para discutir argumentos. “La discusión está infantilizada y sobreideologizada”, sostuvo. Y resumió el fenómeno con una definición: “Lo que vos tenés son posiciones que se autoafirman, buscando provocar antes que convencer”.