TEATRO AUTOBIOGRÁFICO

Victoria Bertone en RDEsc: “Tenía muchas ganas de hablar sobre una especie de reconciliación de mi ser adulta con mi ser joven”

La dramaturga y actriz contó en Ronda de Escritores (RDEsc) cómo nació una obra de inspiración autobiográfica en la que conviven dos voces: la de su versión joven y la de la mujer adulta. Su hija interpreta al personaje de juventud, en un relato atravesado por la literatura, la familia, la infancia y el regreso a Mar del Plata, la ciudad de la que alguna vez decidió irse.

La dramaturga y actriz, Victoria Bertone. Foto: reperfilar

La dramaturga Victoria Bertone convirtió años de escritura personal en una obra teatral atravesada por su infancia, la literatura, los vínculos familiares y su relación con Mar del Plata. Durante su paso por Ronda de Escritores, explicó cómo aquellos textos inicialmente privados terminaron transformándose en un diálogo entre la mujer que es actualmente y la joven que alguna vez fue.

“Esta obra de teatro surge de una escritura autobiográfica, después de haber pasado por varios talleres de escritura y de haber escrito siempre cosas sueltas”, contó Bertone en +Perfil. Durante años, la escritura había funcionado como una forma personal de expresión, sin que necesariamente existiera la intención de convertir esos textos en una pieza teatral.

“Tenía muchas ganas de hablar sobre una especie de reconciliación de mi ser adulta con mi ser joven”, explicó sobre el impulso que terminó ordenando todo aquel material. De esa búsqueda aparecieron dos voces: la mujer adulta que observa su recorrido desde el presente y aquella joven que comenzaba a construir su identidad.

Los libros como parte de la memoria

“Cuando mamá nos llevaba a la biblioteca a sacar libros, todas las semanas con un carnet”, recordó Bertone al reconstruir una escena habitual de su infancia. La literatura aparece en la obra como parte de esa memoria familiar y como uno de los puentes que conectan a la protagonista adulta con aquella niña.

“Yo tengo el recuerdo de ese libro y nunca había escuchado que nadie nombrara ese libro”, le dijo una espectadora después de reconocer El pobre Blas, de la Condesa de Ségur, mencionado durante la obra. Para Bertone, ese encuentro mostró cómo un recuerdo aparentemente personal puede activar también la memoria de otra persona.

“Leer era algo común entre los niños, que ahora eso está tan lejos, con las pantallas y todo esto”, reflexionó. La presencia de los libros no funciona solamente como una referencia nostálgica, sino como una forma de reconstruir la cotidianeidad de una infancia donde la lectura ocupaba otro lugar.

Su hija interpreta a la Victoria joven

“Cuando escribí la obra la veía, ella es muy parecida físicamente a mí también, entonces la veía, escribiendo la obra, yo ya la veía ella actuándola”, relató Bertone sobre una de las particularidades más íntimas del proyecto. Su propia hija, también actriz, interpreta a la versión joven de la protagonista.

“Cuando terminé de escribirla y se la di, ella me dijo: ‘Sí, yo quiero hacer esta obra’, y se calzó el personaje”, recordó. La joven representa principalmente a Bertone entre los 18 y los veintitantos años, aunque el texto también retrocede hacia la niñez y recupera escenas familiares, recuerdos de sus hermanos y momentos anteriores.

Irse de Mar del Plata para convertirse en actriz

“Habla de la niñez, de los hermanos, de Mar del Plata, de la familia, de la huida de Mar del Plata a Buenos Aires”, explicó la dramaturga. La partida aparece como una decisión fundamental de aquella joven que necesitaba alejarse de su ciudad para buscar en Buenos Aires la posibilidad de convertirse en actriz.

“Decía Mar del Plata, no, jamás, y volví a Mar del Plata”, contó al contrastar aquella certeza juvenil con lo que ocurrió años después. La misma ciudad de la que sentía que debía escapar terminó convirtiéndose nuevamente en el lugar donde eligió construir su vida.

Volver al lugar del que alguna vez quiso escapar

“Ahora tengo mi casa en Mar del Plata, de la que yo huí”, señaló Bertone. El regreso adquirió así una dimensión diferente: ya no se trataba de volver al mismo sitio desde el que había partido, sino de reencontrarse con ese territorio después de haber atravesado su propio recorrido.

“Habla justamente de eso, de ese retornar a las raíces de uno con tantas ganas y con tantas felicidades, donde uno mismo huyó”, explicó. La obra transforma ese movimiento de ida y vuelta en un diálogo entre dos momentos de una misma vida: la joven que necesitaba marcharse y la mujer adulta que pudo regresar para mirar nuevamente sus raíces desde otro lugar.