Bordón: “Mientras Trump bravuconea militarmente, llega un barco con 5 mil autos chinos a Argentina, el principal socio de su MAGA”
“Hay dos mundos: el mundo de Trump y el mundo real”, sostiene el expresidente del CARI, y ubica a Sudamérica como “retaguardia estratégica” de Estados Unidos frente al crecimiento económico asiático.
En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), José Octavio Bordón calificó el momento global como “dramático, en un sentido objetivo y, si querés, académico”, porque, aseguró, “estamos viviendo un drama de transición”. A un año del inicio del segundo mandato de Donald Trump, el exembajador argentino en Estados Unidos advirtió que el mundo ya no responde a una hegemonía clara: “Estamos frente a un bipolarismo conflictivo, no hegemónico”, donde Estados Unidos intenta “fortalecerse en su propio territorio sin dejar su presencia global”, mientras China avanza como “una superpotencia en todos los planos”, desde el comercio hasta el desarrollo científico-tecnológico. En ese escenario, señala Bordón, la retórica del MAGA convive con una realidad que la desmiente: “Mientras todo eso pasa, llega un superbarco con miles de vehículos eléctricos chinos a la Argentina”.
José Octavio Bordón es sociólogo, político y analista internacional. Fue gobernador de la provincia de Mendoza entre 1987 y 1991. Se presentó como candidato a la presidencia de la Argentina en 1995 por el Frente Frepaso, elección en la que obtuvo el segundo lugar frente a Carlos Menem. Se desempeñó como embajador en Chile entre 2016 y 2019 y, anteriormente, como embajador en los Estados Unidos entre 2003 y 2007. Además, fue presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales entre 2021 y 2023, donde actualmente permanece como experto y miembro de comités. Mantiene actividad como consultor y analista de la realidad argentina y regional.
Teniendo en cuenta tu doble condición, como anteúltimo presidente del CARI y como exembajador en los Estados Unidos, ¿qué balance hacés de este primer año de Donald Trump en la presidencia, cumplido hace apenas 48 horas, y de cómo, en apenas un año y dos días, su gestión impactó y reconfiguró el escenario mundial?
Es un momento dramático, en un sentido objetivo y, si querés, académico, porque estamos viviendo un drama de transición. Hemos hablado varias sobre esta situación donde, hace varios años, la sociedad norteamericana y los distintos sectores de este país tomaron conciencia de que ya no eran la superpotencia hegemónica, por la Pax Americana inaugurada tras la caída del muro de Berlín y después ya de una prioridad y superioridad tras la Segunda Guerra Mundial de los Estados Unidos. Y esto ha llevado a un bipolarismo conflictivo, no hegemónico, entre la potencia emergente, que obviamente es China, una superpotencia en todos los planos: no solamente poblacional, en capacidad militar, comercio, finanzas, sino también, y esto es muy importante, en el campo científico-tecnológico, que va desde las biociencias y la competitividad en la producción hasta la competencia en el espacio y en el espacio profundo.
Lo segundo es que, frente a esta situación, tenemos dos aspectos. Por un lado, el tema de desacoplar: esta es la gran diferencia con los tiempos de la Guerra Fría con la Unión Soviética. Desacoplar dos economías que, para contener a la Unión Soviética, sufrieron un fuerte proceso de interacción, desarticularlas no es sencillo, le pone dificultades a ambos países y, por supuesto, a la economía mundial. En este marco, el presidente Trump supo interpretar, de alguna manera, en su primer período y ahora lo ha desplegado a pleno en su segundo gobierno, esta sensación de norteamericanos y su propuesta del MAGA, “hagan Estados Unidos grande de nuevo”, lo ha llevado a una política que no diría de aislacionismo, pero sí a la defensiva, donde el objetivo es fortalecerse en su propio territorio sin dejar su presencia global.
Un territorio que, como han dicho siempre ellos, la palabra América supone Estados Unidos. En este momento supone, la explícita supremacía a la que aspiran y el poder que tienen en todas las Américas, llegando hasta el Atlántico Norte, pasando por Canadá y, por supuesto, esta situación que se da ahora con Groenlandia, y hacia el sur, hasta la Tierra del Fuego, que compartimos Chile y Argentina, con nuestra proyección hacia los mares del sur y la Antártida. Esto está llevando a severos conflictos, no solamente de competencia global, sino con sus propios aliados occidentales.
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En esta hora, en Davos, estamos viviendo un capítulo de este drama. Yo creo que el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, fue muy fuerte en términos de aceptar que ha cambiado. Las declaraciones que acaba de hacer el canciller de Rusia, Lavrov, en términos de la sorpresa y de la decadencia que supone que dos miembros de la misma asociación, la OTAN, estén conflictivos dentro de ellos mismos, habla de su debilidad. Termino con una apreciación de lo que creo que está haciendo Trump, donde, obviamente, lo que acaba de pasar en Venezuela y las acciones que ha tomado y las declaraciones que hace.
Diría que, en esta política a la defensiva para, en su idea, volver a ser grande y, en algún momento, hegemónico en los Estados Unidos, hay una síntesis de las viejas políticas del colonialismo del siglo XVIII y XIX, actualizadas en el presente, con lo que correctamente menciona Da Emponi como el estilo, las formas, pero también el contenido y los objetivos de lo que Da Emponi, en uno de sus libros, planteó como los ingenieros del caos.
La expresión de lo que hoy significa como intento de hegemonía y de comenzar a desarticular todas las instituciones multilaterales que Estados Unidos construyó después de ser el principal triunfador de la Segunda Guerra Mundial: Naciones Unidas, la OMC y, podría seguir con otras. Las está confrontando ahora esta creación del Consejo de Paz, que en realidad es una estructura que dirige y es ejercitada por el presidente Trump y que implica la adhesión de los países que él entiende podrían ser directa o indirectamente sus aliados. Incluso invita a Rusia, a Bielorrusia, además de otros países de Oriente Medio y Medio Oriente.
Esto plantea una política de ruptura para ejercitar un nuevo poder y superar esta sensación y esta realidad de que han perdido la hegemonía. En términos de la región, termino con esto: creo que la política de Trump plantea que América Latina y, en particular, Sudamérica ha dejado de ser el patio trasero de Estados Unidos. Ahora es la retaguardia.
Es la retaguardia frente a la presencia no militar, pero sí, si tú quieres llamarlo soft power, en términos culturales, financieros, económicos, comerciales, tecnológicos y de algunas infraestructuras en la región por parte de China. Y entonces es como una política a la defensiva. Aquí es nuestro territorio y, por lo tanto, vamos a actuar como los dueños, jefes y orientadores de este espacio, que de alguna manera es el interés estratégico. La seguridad nacional de Estados Unidos llega hasta Groenlandia y llega hasta la Tierra del Fuego.
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En este intercambio tan transaccional que caracteriza al presidente Trump, ¿ceder parte de Europa a Rusia para obtener una mayor cantidad de, podríamos decir, influencia sobre Sudamérica, para convertir el patio trasero en retaguardia y, eventualmente, sacarle a Europa Groenlandia, con la enorme cantidad de terreno, pero la insignificancia desde el punto de vista económico y material, no termina siendo un mal negocio? Para ponerlo en términos de lo que imagina Trump, que todo en la vida se construye, ¿no termina demostrando más debilidad que fortaleza por parte de Estados Unidos y no le termina regalando a Rusia una posición que había perdido al darle la posibilidad de anexar parte de Europa?
Me parece que es una correcta reflexión y pregunta dentro de lo difícil que significa, en este momento, ser absolutos. Yo creo que es una debilidad por no entender los desafíos del nuevo mundo y el rol no hegemónico, pero sí de otra gran superpotencia, buscando acuerdos para temas estratégicos de la humanidad con los que coincide más y están más cerca, o con los que coinciden menos y están más lejos. El tema es que yo dejé ausente dos temas porque, si no, convertía lo mío en un monólogo. Y es que no analicé dos situaciones.
Una, indirectamente la planteé, que es la que vos sacás, que es el conflicto dentro de la OTAN y, en particular, con Europa, y no solamente con la Unión Europea como proyecto comercial, sino también con el Reino Unido. Las declaraciones de Macron hablan también de la falta de visión estratégica de Europa. La declaración de Macron o de su gobierno, viendo con simpatía que hoy el Parlamento Europeo, por estrecho margen, rechazó el acuerdo que el Consejo de la Unión Europea firmó hace pocas horas en Asunción, demuestra que intereses particulares, entendibles, de sectores de la economía, sobre todo rural de Europa, se ponen por encima de intereses estratégicos de la propia Europa en este momento tan complejo.
Pero lo otro que no analicé es la situación en Medio Oriente y a China. Porque aquí hay que entender, cuando hablo de un bipolarismo conflictivo no hegemónico, es que hay, sobre todo, dos países en Medio Oriente que son Turquía y Arabia Saudita, que si bien están, desde un punto de vista estratégico y de seguridad, más cerca de Estados Unidos que de China, juegan a un no alineamiento entre grandes potencias, no superpotencias, que ambos son, y han tenido un juego importante en esta relación que ha habido en las últimas horas con Irán.
Y, por otra parte, y aquí no voy a profundizar, India, que para mí es el otro gran país, gran potencia, que juega muy parecido, aunque mucho más cerca, con históricas tensiones con China en el Índico-Pacífico. Desde la caída de Mao Zedong vino un cambio fundamental que articula, por supuesto, la revolución china conducida por Mao, pero con la vieja tradición de la concepción del Estado, la cultura y la política del confucianismo.
Entonces, hay que analizar en profundidad lo que uno podría definir ahora en Xi Jinping, que es la continuidad de lo que inició Deng Xiaoping y otros líderes post Mao. Que es la paciencia estratégica, que tanto tiene que ver con la situación, la historia y la cultura confuciana, además con la reflexión y la visión política que hoy tiene China.
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Aparece como mirando desde lejos, y esto no hay que confundirlo con falta de estrategia ni con falta de proyecto y de visión con objetivos de corto. Piensen en el acuerdo energético que, en su momento, logró China nada menos que con Irán y Arabia Saudita en el campo energético, y también la política de soft power en la región.
Entonces, creo que, en ese sentido, Estados Unidos, o el MAGA de Trump, aprovechando el sentimiento y la realidad que viven los norteamericanos y muchos de sus líderes, muestra una fortaleza momentánea. Puede atacar sectores en Irán, puede amenazarlos, puede visitar el Reino Unido y, en lugar de ir a visitar al primer ministro en sus oficinas, lo recibe en su campo de golf en las islas británicas; lo de Venezuela, la presión sobre Colombia, las amenazas sobre Brasil y las posteriores negociaciones.
Pero, mientras todo eso pasa, después de que ya ocurrió en Brasil, llega un superbarco que depende directamente de las empresas automotrices chinas a los puertos del gran aliado de Trump, que es el presidente Milei, con 6000 vehículos eléctricos de China. A mí no me parece malo que las mismas reglas de juego para el mundo funcionen para China en Argentina. Pero esto habla de una realidad.
Hay dos mundos: el mundo de Trump y el mundo real, que no significa que el dueño del mundo sea China, pero sí que el 60% de la economía mundial, donde también, por supuesto, están países que no son aliados de China, como es el caso del Japón, de la India, de alguna manera Indonesia, Australia y otros países, Corea del Sur, es donde crece la economía. Por lo tanto, es un mundo mucho más complejo y chiquitito y a la defensiva de la idea de MAGA del presidente Trump.
RM