Candidato presidencial chileno explica la derechización en las elecciones latinoamericanas
El político y cineasta chileno Marco Enríquez-Ominami sostuvo que la izquierda debe incorporar nuevas demandas sociales como la seguridad, el orden y la soberanía digital para recuperar apoyo electoral.
En un escenario marcado por el giro político hacia la derecha en distintos países de América Latina y los debates sobre el futuro de los gobiernos progresistas de la región, el panorama electoral vuelve a poner en discusión el rol del Estado, la seguridad y la representación democrática. Según una entrevista de Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el político y cineasta chileno Marco Enríquez-Ominami analizó estos cambios y sostuvo que “gobernar es arbitrar”, aunque advirtió que los liderazgos progresistas perdieron conexión con una ciudadanía que hoy demanda autoridad, decisiones firmes y respuestas concretas.
El político, cineasta y dirigente progresista chileno, conocido también por sus iniciales ME-O, Marco Enríquez-Ominami, es hijo del histórico dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) Miguel Enríquez y de la periodista y productora de televisión Manuela Gumucio. Seguido del exilio durante la dictadura de Augusto Pinochet, regresó a Chile y desarrolló una carrera vinculada al cine, la comunicación y la política. Estudió Filosofía en la Universidad de Chile y comenzó su trayectoria política en el Partido Socialista, espacio del que se alejó en 2009 para presentarse como candidato presidencial independiente. Posteriormente fundó el Partido Progresista (PRO) y volvió a competir.
—Una visión internacional para poder hacer comparaciones. Pitágoras decía que una línea no se hacía con un solo punto, que hacían falta dos. Al mismo tiempo, para construir una proyección de futuro, se necesita tener el presente y algo del pasado. Y lo mismo nos pasa a los argentinos con nuestros vecinos, especialmente con Chile, para tratar de entender si los fenómenos son concurrentes o son distintos.
¿Qué pasó con Boric y Alberto Fernández? Aquí se le echa la culpa a la emergencia de Milei, al mal gobierno de Alberto Fernández, pero en Chile no está Alberto Fernández. También hay críticas al gobierno de Boric.
Así que, aprovechando tu estadía de un día de paso por Argentina, queríamos tener una especie de estado del arte comparado de Latinoamérica, con un corrimiento a la derecha y un fracaso, podríamos decir, de los progresismos, tanto el de Alberto Fernández como el de Boric y como el de distintos gobiernos a lo largo del continente, como Petro. Contanos tu visión.
—Me voy a arriesgar a tres hipótesis. Yo creo que gobernar hoy día es arbitrar entre el fin de mes y el fin del mundo. Está pasando en Europa con una ola de calor donde claramente no se preocuparon del calentamiento climático. Están pasando unos calores y unos incendios en Canadá atroces.
Yo creo que lo que está en crisis es la idea del árbitro. En América Latina, los jefes de Estado se propusieron ser buenos árbitros y creo que los pueblos prefieren la autoridad. Es un poco lo que hacen Milei y Trump. Dicen: “No sé si estoy equivocado o no, pero yo ejerzo poder”.
Alberto, con un contexto completamente distinto al de Milei, arbitró. Creo que los argentinos, al igual que los chilenos, los ecuatorianos, los norteamericanos y los colombianos, tienen algo: no quieren árbitros.
—Y Boric también arbitró.
—También fue un árbitro. Creo que el ejercicio de la autoridad de “me da lo mismo si tengo o no razón, yo expulso al ministro y lo humillo”. Hagamos comparaciones peligrosas. Cristina Fernández y Chávez no eran árbitros, son liderazgos distintos.
La segunda hipótesis, y me arriesgo a una segunda hipótesis, es que el algoritmo donde se da la batalla, que no es en este programa de televisión, este programa se ve por YouTube. Probablemente en YouTube, lo digo con mucho respeto, tenga más audiencia. El algoritmo es de la derecha, lo controlan. Ellos tienen, a esta hora, acceso a información que ningún líder de izquierda en América Latina tiene.
X es de alguien que apoya a la extrema derecha alemana: Elon Musk. Mark Zuckerberg no es el Che Guevara. Lo que quiero decir es que, la inteligencia artificial incluida, está en manos de líderes promercado, pero también de algunos de ellos muy vinculados a la extrema derecha o que nos consideran a nosotros sus peores enemigos.
Y la tercera, que me parece la más complicada, es que la izquierda decidió dedicarse a la deconstrucción. Vale decir: “Yo soy un presidente que tengo un tatuaje, yo soy un presidente que voy a terapia, yo les voy a contar mi maternidad, yo les voy a contar mis dolores”. Y al frente hay un salvaje, guardando, no voy a dar nombre. Hay presidentes que ejercen de modo salvaje su biografía.
Pienso en Trump, condenado, no una o dos veces, 25 veces condenado. El que dice: “A mí no me importan las dudas. Yo no estoy para dudar, estoy para hacer”. Entonces, creo que una izquierda deconstruida no responde frente a estos líderes de derecha que te dicen: “A mí qué me importa tu duda sobre tu identidad sexual, yo lo que quiero es riqueza”. Y es una izquierda que está dedicada muchas veces a la deconstrucción. Eso para ser autocrítico.
Seamos un poquito más optimistas también. Los proyectos que hoy día gobiernan, y lo podemos ver caso a caso, también son proyectos muy poco populares. No hay ninguno que arrase. Trump tiene un momento de alto desprestigio. Con Argentina soy cauto porque soy chileno, estoy en tu casa y voy a tener cuidado, pero Kast tiene una impopularidad mucho más alta que el presidente Boric a la misma fecha.
Entonces diría: vámonos con cuidado. Creo que es una crisis de representatividad que lleva 30 años. Basta de escuchar sociólogos que nos explican que hay una novedad. Así es la democracia.
Cruce entre José Antonio Kast y un niño que se negó a saludarlo: la madre terminó detenida
La democracia es profundamente insatisfactoria. No nos sigan explicando en televisión que tenemos que aprender de crisis de legitimidad. La democracia es profundamente poco respetada y valorada hace ya demasiadas décadas. Sabemos que las elecciones decepcionan y, a partir de eso, hay que construir una identidad distinta que hemos construido desde la izquierda.
—Marco, Boric, Petro, Alberto Fernández arbitraron.
—Petro un poquito menos, un poquito menos, pero bueno.
—Boric, Alberto Fernández arbitraron y la gente quiere presidentes decisionistas. ¿Es correcto lo que vos decís, que en el caso de Colombia nos encontramos con uno más decisionista? ¿Lula arbitra o decide, o es una justa combinación de las dos?
—Primero, Lula ganó con mucho menos distancia de la que ganó Alberto Fernández. Las expectativas del gobierno de Lula eran más bajas, lo mismo que con Boric, o sea, lo mismo que con Petro, guardando proporciones.
El presidente Lula está en un escenario extremadamente frágil y ha sabido, por su enorme experiencia y talento, pactar con la derecha para combatir a la extrema derecha.
Su vicepresidente, volvemos con la coquetería, no es Fidel Castro ni Alckmin. O sea, el presidente Lula ha entendido que, en un centro tan fuerte, lo único que le queda es el pragmatismo más extremo. Hoy día lo que sostiene a Lula es un crecimiento económico razonable, una inflación baja, una reducción de la pobreza y un señor Trump que se dedica todo el día a agredir.
Creo que el camino a la izquierda que lo dibuja muy bien Lula, también Alberto lo dibujó bien en su minuto, es el de la soberanía. Creo que lo que está en discusión hoy día es nuestra soberanía energética y soberanía digital.
Solo una anécdota: todos los políticos de izquierda hacemos política virtual, nuevamente entregando toda nuestra información a empresas extranjeras. O sea, todos nuestros pueblos estamos todos sin ninguna soberanía digital. No nos damos cuenta, pero cada vez que usted usa su teléfono, lo que está haciendo es enriquecer y alimentar algoritmos que son extranjeros.
Entonces, sin soberanía energética, Argentina bien sabe de esto en materia de infraestructura energética: no la tiene suficiente. Chile menos aún en soberanía energética.
En soberanía digital, ni hablar. No hay una sola aplicación argentina o chilena de comunicación seria del nivel de WhatsApp y compañía. Yo sería en eso muy duro, como ya lo hemos sido, pero también decir que los problemas de América Latina, que son los del mundo, son gigantescos.
Europa, que es el mercado más grande del mundo en términos de poder adquisitivo, también perdió su soberanía. Entonces, yo no sé si uno podría criminalizar a Alberto Fernández, incluso al presidente Boric, cuando Macron está enfrentado a problemas de alta fragilidad frente a Trump.
Que hace a una persona de derecha y la evolución de este espacio en Argentina
Toda la Unión Europea ha decidido remilitarizarse. Estamos viviendo como nunca antes un aceleramiento del tiempo.
—Los presidentes europeos también arbitraron.
—También arbitraron. Creo que también es parte del problema. Creo que Pedro Sánchez es un poco menos árbitro.
—En un proceso con instituciones sólidas no se puede no arbitrar.
—Exacto. Yo creo que gobernar es arbitrar. También alguien dirá, y también lo pienso, que gobernar es decepcionar.
Creo que es como sin solución. O sea, la sociedad avanza más rápido que sus gobiernos. Cuando usted y yo ya hemos decidido como consumidores y hemos fijado posición a las 9 de la mañana, el vocero de la Casa Rosada aparece, voy a inventar, a las 10 de la mañana. Usted y yo ya fijamos posición porque ya estamos sobreinformados.
Creo que la fatiga democrática también explica el fracaso nuestro. Hay una enorme fatiga democrática. La complejidad, que es lo que nos gusta a la izquierda, que es la complejidad, la explicación, un c***.
Las redes sociales matan la voz del experto, matan la complejidad. La derecha dice cosas simples. Por ejemplo, en el aborto, que es un tema nada que ver, pero que tiene que ver con el problema que tenemos. Yo no soy proaborto. Soy el primer legislador de mi país en la historia que legisló para despenalizar en el Código Penal la causa de cárcel de un médico o mujer que, después de violada, incluso pro choice, pudiera decidir.
¿Qué te dice un derechista asesino? “Yo soy provida”. Yo me demoro, necesito cinco minutos para explicarle que a mí no me gusta el aborto. Yo no propongo un aplauso ni un subsidio a quien aborte. Propongo que no vaya presa la mujer. Esa complejidad, la conversación, la pierdo porque al frente tengo un derechista extremo que dice: “Asesino sangriento, el bebé, tú lo quieres matar”.
Bueno, eso pasa en todo orden de cosas. En la economía es lo mismo. El crecimiento es lo único, ¿no? Lógico. El problema del crecimiento requiere un agente público.
Vuelvo a Argentina, permítame. En Vaca Muerta, si no se hubiesen hecho las obras de infraestructura, el gasoducto, la etapa uno que hizo, entiendo, Alberto Fernández, no tendría la renta que tiene Milei hoy día. Eso no lo dice Milei. Milei no dice: “Soy heredero de una inversión pública de Alberto Fernández en infraestructura, que es fundamental para la renta energética de Argentina, que le significa divisas”.
¿Eso lo reconoce Milei en sus discursos: que sin la obra pública no habría renta privada? Entonces, a mí me parece que la simplificación nos está matando.
Yo, que soy un animal político, buena parte de mi vida, y que he sido cinco veces candidato presidencial, que fui a decenas de debates presidenciales, observo en cada elección a la que he ido, algunas me fue muy bien, otras menos, la última desastrosa, que nada de lo que yo decía imprimía.
Yo tenía a Kast, que ganó con gran talento y gran mérito, que decía que había que reducir el tamaño del Estado. Sin embargo, si usted lo escuchaba, él proponía ampliar el tamaño del Estado. Kast recurría a más Estado para combatir todo: crimen, inmigración irregular. Quiere más Estado, pero le dice a usted: “Yo no quiero ñoquis”.
Bueno, claro, frente a ese debate, ¿qué hago? Escuché a una extrema derecha conmigo. Un tipo dijo: “Hay que reducir el tamaño del Estado” y, en el mismo debate, dijo que quería aumentar, escúcheme bien, en 40.000 millones de dólares la agencia pública. Yo miraba a los periodistas diciendo: “Pero, ¿alguien está oyendo o nadie oye?”.
Creo que la idea, cuando yo le trato de proponer a usted más Estado para más mercado, soy inaudible. “¿Vamos a castigar a los ñoquis?”. Ahí ya te escucho. Creo que la simplificación del debate nos está matando. Seguimos perdiendo elecciones. Perdimos en Perú, perdimos en Colombia. Creo que Lula es la gran excepción.
—¿Por qué Lula y Claudia Sheinbaum, o sea, los dos países más grandes, los países federales, resisten? ¿Hay alguna relación entre el tamaño y la posibilidad de mantener esa soberanía y esa menor influencia?
—Creo que, como dice la propia Claudia Sheinbaum, es hija política de Andrés Manuel López Obrador, que nunca arbitró. Andrés Manuel López Obrador confrontó, tomó decisiones, buenas o malas, pero fue implacable en el debate público. Fue implacable. Creo que eso le da solidez al proyecto de izquierda que es el más importante del mundo occidental, que es el de México. Por lejos, mayoría en ambas cámaras, mayoría en gobernadores, mayoría territorial, mayoría en las encuestas, mayoría electoral.
Es el proyecto más serio. Mire lo que digo: en el hemisferio occidental, México atiende la necesidad de reducir pobreza, con transferencia directa, pero también con confrontación dura y directa.
Y Lula, en un escenario completamente distinto, tiene un pragmatismo que lo lleva, a mi juicio, a una probable reelección. Yo creo que va a ganar, porque es muy pragmático y eso también es un arte.
Creo que esta contradicción entre “soy árbitro” que hemos vivido en algunos liderazgos nuestros, que es “soy árbitro y quiero ser pragmático”, es que ahí empiezan a enredarse. El arbitraje exige en algún minuto una vuelta al fin de mes, fin de año.
A gente que no está viendo hoy día que no llega a fin de mes, yo le digo: “Mire, voy a cortar la calefacción y el aire acondicionado para que usted pueda vivir, para que sus nietos vivan bien”. Muy probablemente me digan: “Mire, imbécil, yo quiero llegar a fin de mes. No me hables del fin del mundo”.
Tienes una izquierda ecologista que te habla del fin del mundo y no del fin de mes, y una izquierda que habla del fin de mes sin hablar del fin del mundo.
En eso Trump no tiene cuestión: habla solamente del fin de mes. Trump te dice: “A mí me interesa la riqueza norteamericana hoy”. No le importan los proyectos de largo plazo. A la OTAN le exige que desembolsen dinero ahora. Nosotros creemos que la complejidad de las cosas requiere pavimentar el futuro y todo eso es inaudible.
—Antinorteamericanismo. Trump dijo en las elecciones previas del año pasado en Argentina que, si los argentinos no votaban por Milei, no mantenía la ayuda económica del Tesoro norteamericano al día siguiente.
Y eso, en probablemente uno de los países que, por lo menos creemos, más antinorteamericanos del continente, obró a favor de la votación de Milei, o sea, a favor de Trump.
El hecho de que Trump le coloque 25% de aranceles a los productos brasileños, tratando de ayudar a Bolsonaro, tratando de repetir la misma estrategia que hizo con Milei, ¿qué efecto creés que va a producir? ¿Y si el antinorteamericanismo está mutando de alguna manera en América Latina, o en algunos países sí y en otros no?
—Los mexicanos tienen una frase muy provocadora, pero me gusta mucho y tiene que ver con lo que dicen: es mejor un político pobre que un pobre político. Más o menos. Una broma sobre el dinero y la política.
Yo creo que los pueblos, con justa razón, eligen liderazgos conectados al poder. Y Trump va distribuyendo los puentes. Dice: “Este sí, este no”. Eso tiene un efecto electoral. Solo que creo que se pasó, como se dice. No me gusta esa fórmula. Se pasó muchos pueblos, se excedió. Y creo que, de a poquito, la izquierda está de vuelta.
Cómo hizo el dueño del medio oficialista "La Derecha Diario" para acceder a la intimidad de Messi
En Perú perdimos por 40.000 votos, 0,1 décimas. En Colombia por 0,6 décimas, si no me equivoco, 250.000 votos.
Vale decir, ya no perdimos por 10 puntos o 20 puntos como en Chile.
Por eso creo que Lula va a ganar, porque en el peor de los casos la diferencia va a ser muy, muy estrecha, como ya fue la vez pasada. Pero me da la impresión de que Trump se pasó de largo y que hay un cierto sentimiento en nuestros pueblos también de dignidad, que es lo que explica que proyectos precarios económicamente aguantaron 70 años.
O sea, hay proyectos de izquierda, pero ¿cómo aguantan? Es que existe un sentimiento electoral que te dice: “No, no, un momento. Ni fin del mundo, ni fin de año, ni fin de mes: dignidad”.
¿Vas a ser presidente de Chile dentro de unos años?
Yo recibí un no, una sanción ni un resultado, recibí un veredicto. O sea, lo que recibí fue un veredicto en mi pueblo, muy duro. Creo que yo fui un daño colateral de una estrategia equivocada de la cual soy el único responsable.
Sigo siendo un articulador en América Latina.
Pero el humor del pueblo puede modificarse mucho.
Y esto que vos estás marcando de la reducción de la diferencia entre derecha e izquierda parece un pronóstico de los ciclos largos y los ciclos cortos, que a lo mejor el ciclo largo empieza a acabarse.
Sí, estamos en un momento pendular.
Voy a contribuir lo que más pueda desde las ideas a reconstruir la izquierda.
Me siento muy huérfano en Chile. No tengo diálogo ni con los medios de comunicación mayoritariamente ni con sus líderes. No estoy de acuerdo. Creo que Kast es un presidente legítimo, demócrata, y fue un presidente que es hijo del fracaso nuestro en el gobierno anterior.
No es que sus ideas hayan ganado, sino que era tal la bronca con una izquierda deconstruida, de la cual no me sentí parte tampoco, que fuimos duramente castigados.
Solo algunos datos. Chile llegó al voto obligatorio por primera vez en nuestra historia, obligatorio efectivo, con una multa, no como la brasileña, no de $2, de $100. Voto obligatorio efectivo.
Pues bien, el presidente Kast obtuvo 60% en segunda vuelta con la mayor participación de la historia, es decir, más legítimo que José Antonio Kast en nuestra historia democrática, no hay.
Ese es un veredicto y creo que hoy día lo que corresponde es reconocer que hay una demanda de orden y seguridad que nosotros no hemos sabido abordar desde la izquierda.
La protección social también exige la primera en las libertades, que es la seguridad.
Y no entendemos, no lo digo yo, me incluyo autocríticamente, nos cuesta entender que la presencia de un Estado protector en términos policiales se volvió una demanda prioritaria, como lo es la educación pública.
Y creo que nosotros somos mucho más débiles en la oferta de la seguridad, como es obvio, que en la oferta de la distribución. La demanda de autoridad es muy fuerte.
Qué dicen las encuestas sobre el futuro político de Javier Milei y un posible segundo mandato
Por eso es que los presidentes árbitros, como Alberto Fernández, a mi juicio, hicieron estupendas cosas en materia de empleo, en materia de reducción de un conjunto enorme de brechas en Argentina.
Hoy día la evaluación de Argentina es muy dura, muy severa objetivamente, porque creo que finalmente lo que se pide es protección en sentido de autoridad.
Probablemente la educación sea para el futuro y la seguridad sea para hoy.
El fin del mundo, fin de mes.
MV
También te puede interesar
-
Temporal en Chile: José Antonio Kast advirtió que “se vienen días de emergencia” y pidió no viajar a la costa ni a la cordillera
-
Locura mundialista en Chile: miles de bebés fueron inscritos con los nombres de Messi y Mbappé
-
Alerta por frío polar en Chile y Argentina: heladas intensas, nevadas y temperaturas extremas