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MODO FONTEVECCHIA
Antecedentes históricos

Qué hace a una persona de derecha y la evolución de este espacio en Argentina

Para el historiador Ernesto Bohoslavsky, por primera vez en mucho tiempo existe un "nosotros de derecha" que "no tiene vergüenza en reconocerse de derecha", una de las principales novedades del escenario político actual.

Ernesto Bohoslavsky 15072026
Ernesto Bohoslavsky | Imagen Web

"Por primera vez en mucho tiempo, existe un 'nosotros' de derecha que no tiene mayor vergüenza en reconocerse de derecha", sostiene el historiador e investigador del CONICET Ernesto Bohoslavsky. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), analizó cómo evolucionaron las distintas tradiciones de la derecha desde fines del siglo XIX hasta la llegada de Javier Milei y aseguró que el actual oficialismo representa "menos novedad de lo que se presenta".

Ernesto Bohoslavsky es licenciado en Historia por la Universidad Nacional del Comahue, magíster en Ciencias Sociales y doctor en América Latina Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. Se desempeña como investigador del CONICET y forma parte del Instituto de Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento, donde codirige la Maestría en Historias Contemporáneas. Es autor y coautor de diversas obras, entre las que se destacan Complot Patagónico, Fantasmas Rojos: el anticomunismo en la Argentina en el siglo XX e Historia mínima de las derechas latinoamericanas. También realizó la obra Historia de las derechas en la Argentina: de fines del siglo XIX a Milei.

—Acá tengo el libro de Ernesto, Historia de las derechas argentinas. Leí anoche la parte que más me parecía adecuada para este momento, que era El liberalismo que no fue tan liberal, 1880-1930 y la pérdida de fe que significó la llegada de Yrigoyen, del voto universal y la Ley Sáenz Peña. Porque Milei reivindica justamente esa Argentina que queda trunca a partir del yrigoyenismo. Por lo tanto, me gustaría ponerlo en contexto: ¿cuánto de la historia de las derechas argentinas nos ayuda a comprender el presente, a entender cuánto de ello hay en Milei, cuánto Milei es único, pero cuánto es un invariable histórico que la Argentina conlleva?

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—Este libro, escrito con un colega de Ciencia Política, Sergio Morresi, es también un esfuerzo por poner alguna claridad a nuestro pensamiento sobre cuánto hay de novedad en el fenómeno Milei y cuánto hay de arrastre o de continuidad. En parte porque también el propio Milei y el mileísmo se presentan como una novedad radical respecto de todo lo ocurrido, pese a que uno puede detectar continuidades en términos ideológicos y en términos de los planteles políticos a los cuales echa mano. En ese sentido, uno podría decir que esto es menos novedad de lo que se presenta. En todo caso, es interesante también notar algo que han señalado varios colegas: la relevancia que tiene la historia para el propio Gobierno de Milei. El esfuerzo para motorizar distintas representaciones del pasado, a veces incluso con un evidente costo político, como es motorizar las versiones revisionistas respecto de la última dictadura. Pero, como señalás, efectivamente hay mucho esfuerzo metido para tratar de...

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—Pero fundamentalmente apropiarse de Alberdi, reinterpretar a Sarmiento. Porque de la última dictadura se olvidó ni bien subió; quedó la vicepresidenta.

—Sí, él deja hablar. Y los videos que lanza para cada 24 de marzo dicen algo.

"Mañana jugamos contra los piratas usurpadores. No es un partido más. No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío. Contra los ingleses siempre es algo más. Es Malvinas, es Diego, es la última de Leo, es pararle el carro a los invasores. Aguante Argentina, porque hasta el último suspiro vamos a reclamar lo que es nuestro pueblo", dijo la vicepresidenta en relación al partido de la Selección argentina con Inglaterra. Obviamente, el tema de Malvinas. El padre de Villarruel combatió en Malvinas.

Vos, en el libro, marcás dos corrientes: una conservadora, liberal, republicana —podría ser el PRO, representada hoy— y otra de un nacionalismo católico. Pero no encuentro a Milei en la que podría estar representada, por ejemplo, la vicepresidenta. Entonces encuentro una representación histórica clara en la vicepresidenta, con aquel nacionalismo católico. Encuentro perfectamente representado al PRO en esa parte del Partido Autonomista Nacional, conservador liberal. Milei, ¿en cuál de estas dos está? ¿Es una fusión de ambas, es una recreación, es una tercera vía?

—Nosotros lo que postulamos es la idea de que se está produciendo una muy novedosa fusión, un acercamiento entre esas dos tradiciones que durante mucho tiempo habían tenido una actitud muy belicosa, muy intransigente. Son tipos que habían compartido muchos gabinetes en las dictaduras del 55, del 66 y del 76; en el menemismo; en menor medida, en los gabinetes de Macri. Pero ahora lo que ha ido ocurriendo es algo interesante, porque no aconteció primero en las cúpulas partidarias, sino que ocurrió por abajo, en el contexto de la pandemia, que es un proceso de acercamiento entre distintas agrupaciones, tribus, sensibilidades de derecha, desde neonazis hasta neorrepublicanos, que van cruzando lecturas, compartiendo consignas, estableciendo un "nosotros" que hasta aquí había sido imposible.

Ese "nosotros" es un "nosotros" de derecha que, por primera vez en mucho tiempo, no tiene vergüenza en reconocerse de derecha. Esa es una novedad. Es un acuerdo que, desde el vamos, deja fuera cualquier modelo económico que no sea estrictamente el neoliberal. En general, las derechas nacionalistas hispánicas tenían algún coqueteo con el corporativismo o, al menos, con mayor presencia estatal, como mínimo.

—O sea que se pusieron de acuerdo en la economía, que la economía los une.

—La economía los une, pero sobre todo diría yo que lo que los une es lo que queda afuera, como ocurre con muchas otras identidades políticas.

—El espanto.

—Los une el espanto. Me parece que esa es la clave para permanecer juntos. Ahí la intuición que nosotros tenemos es que eso explica la súbita resurrección del anticomunismo como un elemento que permite, efectivamente, encapsular el mal.

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—Podría decir, y lo digo con superficialidad, que esa derecha que pierde peso específico político durante gran parte del siglo XX y ahora lo recupera en las últimas dos décadas, crecientemente primero con el PRO y ahora con La Libertad Avanza, en realidad recupera su protagonismo político porque los cincuenta años anteriores la representaron las dictaduras militares. Entonces la salida estaba cubierta, para decirlo de alguna manera. Cuando la salida militar ya no es alternativa, hay que desarrollarse políticamente.

—La UCeDé, efectivamente, este partido neoliberal de los años 80 que termina fusionándose con el peronismo en los 90, es la primera apuesta sistemática a desarrollar un partido con electorado de masas. Hasta allí, en general, las derechas, cuando habían lanzado opciones electorales —y hubo muchísimas— yo creo que priorizaban la batalla por las ideas antes que la batalla por ganar los votos. Eran más principistas y eso las hacía, naturalmente, más belicosas también, menos inclinadas a transigir. En ese sentido, incluso la propia UCeDé termina renunciando a ese proyecto autónomo por la fusión con el menemismo en los 90.

Solo el PRO es el primero que dice: "Este es nuestro camino y vamos a seguir por aquí", traccionando, absorbiendo gente que viene, sin importar mucho, del radicalismo, del peronismo, del vecinalismo. Todo eso lo absorbe, pero no termina confluyendo con el peronismo, como sí hizo la UCeDé o como hizo incluso el MODIN, que fue la otra opción de derecha de los años 90. Entonces, el PRO es la primera opción que se presenta a sí misma como autónoma. El MODIN también, igual que la UCeDé, cooptado por el peronismo. Tanto la UCeDé como el MODIN terminan abrazados, en un caso a Menem y en el otro a Duhalde.

—Planteás en el libro también, la diferencia entre Alvear e Yrigoyen. Y uno podría decir: la derecha siempre es cooptada por el peronismo. También podríamos hablar del 45. Perón también coopta al Partido Conservador y a ciertos sectores de derecha. Hay una tendencia en que es absorbida por un fenómeno mayoritario, popular, porque de lo que carecen es de la pata popular. Ahora, en el caso de Cambiemos parece ser algo distinto. Desde el PRO también, porque la pata es radical en mayor proporción. Es el radicalismo, y el panradicalismo con la Coalición Cívica, el que le da al PRO, en Cambiemos, un perfil de partido de centro. Ahí hay un fenómeno frondizista. Cuando el propio Horacio Rodríguez Larreta dice "yo soy desarrollista", el propio Macri decía "soy desarrollista", ahí económicamente no son neoliberales.

—No. El PRO decidió un camino de evitar el antiperonismo. Hay un pacto que hizo Macri poco antes de las elecciones del 15, para inaugurar el primer monumento a Perón en la Capital Federal, con Moyano. Entonces ese camino que tomó es el camino de evitar el antiperonismo. ¿Qué es lo que le queda afuera? Lo que empieza a definir como el exterior es más la izquierda, o el chavismo. Por eso eso también impacta en términos de que se empieza a identificar a sí mismo más a la derecha y no como antiperonista. Me parece que es ese desplazamiento. A su vez, también es el primer partido que tiene apoyo mayoritario en Argentina sin renunciar, efectivamente, a tomas de postura que podrían ser consideradas de derecha. En ese sentido es, quizás, junto con el menemismo, una de las primeras apariciones de lo que en el libro llamamos un "pueblo de derecha".

—¿Qué categorías hacen a una persona de derecha? En la introducción del libro lo explicás.

—Hay varias posibles definiciones que compiten entre sí. Hay quien dice que ser de derecha es una actitud: tiende a la precaución, tiende a mesurar los cambios o a detestar los cambios. En general, es una persona bastante pesimista respecto de la capacidad humana para progresar. Y le da mucha más importancia a los orígenes que al devenir de las personas. Hay otras definiciones que son mucho más ideológicas. Las personas de derecha son aquellas que consideran que la desigualdad es preferible, o es inevitable, o es natural. Y que, por lo tanto, todos los esfuerzos por reducir o incluso eliminar radicalmente la desigualdad son esfuerzos o inútiles, o irrelevantes o, finalmente contraproducentes. Es una definición universal, si se quiere. Pero esas son un poco las que más se utilizan.

Es un tema bien complejo, porque, francamente, creo que todos los seres humanos tienen algunos de esos pensamientos. Y no todos los seres humanos son de derecha. Pero es el único mapa en el que nos podemos acomodar. ¿Qué nos dice la historia del futuro de La Libertad Avanza?

—Creo que, en parte, el tuit de la vicepresidenta nos avisa sobre los límites del fusionismo. ¿Hasta dónde se puede mantener unido? ¿Hasta dónde van a seguir deglutiendo la alianza con Israel, por ejemplo? ¿Hasta dónde van a tolerar lo que pasa con las Fuerzas Armadas en términos presupuestarios? Yo creo que ahí hay una pregunta. Si se puede sostener, atendiendo a la larguísima tradición de enfrentamiento entre las derechas, me parece que ahí hay una pregunta.

El otro interrogante es si el Gobierno efectivamente va a seguir siendo capaz de mantener una imagen de un gobierno que no es antiperonista. El Gobierno desarrolla un camino sinuoso para condenar casi un siglo de vida argentina. Pero, a diferencia del macrismo, no coloca el inicio de la decadencia en el 45, sino incluso antes, en muchas de las lecturas, con el voto universal masculino. Si consigue mantener esa idea de que no es antiperonista, algo de lo que parece convencer a una buena parte de la sociedad, si consigue eso, me parece que puede mantenerse a flote. Si, por el contrario, refuerza su perfil antiperonista, me parece que tendrá más problemas.

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—Otra forma de entender estas tribus es republicanos, conservadores liberales versus nacionalistas católicos. Pero republicanos, o sea, personas que en el fondo son bien democráticas. Eso choca. La democracia es otro factor. Hay tribus de derecha que consideran que la democracia es un problema y tribus de derecha que reivindican la democracia como una verdadera norma del ejercicio de la política. Ahí hay otro punto de colisión entre los republicanos. Por un lado, está la vicepresidenta con el presidente, pero, por otro lado, está el PRO, que le dice: reglas, normas, no solo resultados. ¿Cuánto hay en el componente de derecho del republicanismo y cuánto hay, si no, de un elemento que tiene, obviamente, la izquierda?

—Es interesante hacer una distinción entre estas dos identidades. Derecha e izquierda son identidades que buscan fines últimos. Uno podría decir: uno busca la igualdad y el otro mantener la desigualdad. Pero ahí tenés otro problema, que son los medios de los que se sirven para llegar a esos fines. Uno podría decir: ampliar la política social puede ser un elemento para reducir la desigualdad, pero también puede ser un elemento utilizado para sostener la legitimidad de ciertas desigualdades.

Y ahí me parece que el republicanismo a veces funciona más como un medio para presentarse públicamente que como un verdadero orientador de comportamientos. Yo tengo esa impresión: que muchas de las observaciones metodológicas del macrismo, en términos de "estamos de acuerdo con este resultado, pero no con el making, no con cómo llegamos ahí", no estoy seguro de que sean observaciones de principio, sino que son quizás más puestas en escena para mostrar una versión más prolija.

—¿No está ahí la verdadera ideología? Como decía Aristóteles, todos estamos de acuerdo en los fines; las discusiones son sobre los medios. Todos queremos ser felices. Las discusiones son sobre cómo lograrlo. ¿La verdadera ideología no es finalmente lo instrumental? Porque uno podría decir que muchos socialdemócratas también estarían en desacuerdo con la igualdad absoluta. Lo que plantearían no es que haya igualdad absoluta, sino que haya una posición de base donde todo el mundo tenga acceso a una calidad de vida humana. No plantean la igualdad absoluta.

—No, pero efectivamente esa disputa es histórica. Por ejemplo, la idea de que las mujeres no eran ciudadanas era una idea con la cual estaba de acuerdo una gran parte de la sociedad hace 150 años. Ese nivel de consenso se fue reduciendo. La idea de que las personas que no nacieron en el país deben tener o no los mismos derechos políticos es una idea que se somete a discusión.¿Tienen o no derechos políticos los que están presos o los que tienen problemas de salud mental? ¿Es exigible un mínimo de ingresos? Todas esas son discusiones. Van cambiando en el tiempo.

—O sea, te metiste en un tema que no es simplemente la historia de las derechas, porque al historiar las derechas, de alguna manera, estás marcando como fronteras cuántas de las ideas, en realidad, son comunes a la derecha y a la izquierda. Historia de las ideas de la Argentina, podría decir.

—Además hay un tema que es sumamente interesante, desafiante, que es la cuestión del atractivo popular que tienen. Cuando alguien plantea la formación de una oposición popular a Milei, ¿cómo hacemos para compatibilizar eso con el hecho de que buena parte del apoyo electoral a Milei viene de los sectores más pobres del país?

RM