Día 1028: Bullrich IDEA alternativa
El discurso deslucido del Presidente contrastó con la recepción que tuvo la ministra ante el círculo rojo. La hipótesis de una "astilla del mismo tronco" dispuesta a disputar la conducción del proyecto oficialista.
El 62° Coloquio de IDEA dejó una imagen política contundente: el contraste entre las intervenciones de Javier Milei y Patricia Bullrich. Ambos defendieron el modelo y alertaron sobre el peligro de volver al pasado kirchnerista, pero de manera completamente diferente.
El Presidente lo hizo desde París, por videoconferencia, en una puesta en escena informal, hasta ridícula. Habló con poco entusiasmo, sin intentar seducir, y se peleó con el presentador, mientras Bullrich estuvo físicamente frente a los empresarios y se comunicó en un lenguaje próximo a sus preocupaciones. Milei exageró las dificultades para justificarse; Bullrich pidió velocidad y que haya cambios que se reflejen en la economía real. ¿Será este el lanzamiento de Patricia Bullrich como alternativa a Milei?
No es el único caso en el que una astilla surgida del mismo tronco termina ocupando el lugar central. Aunque Bullrich tiene una extensa trayectoria y ha pasado por muchísimos espacios, la pregunta es ¿qué reclama exactamente la astilla respecto del tronco? La historia política ofrece varios antecedentes, aunque de maneras muy diferentes.
En Colombia, Juan Manuel Santos llegó a la Presidencia como heredero de Álvaro Uribe, pero terminó modificando una de las políticas centrales de su antecesor y convirtiéndose en su rival; en Ecuador, Lenín Moreno recibió el poder como continuador de Rafael Correa y luego rompió políticamente con él. Son dos formas distintas de lo mismo: alguien que conoce el sistema desde adentro y, llegado el momento, decide que es el más apto para conducirlo de otra manera, conteniendo las críticas y el desgaste que arrastra la gestión anterior.
También en Argentina existe un antecedente interesante, aunque de signo diferente. Eduardo Duhalde había sido vicepresidente de Carlos Menem y terminó enfrentándolo, hasta convertirse después en uno de los principales impulsores de Néstor Kirchner como alternativa para cerrar el ciclo menemista tras la catástrofe del 2001. Es decir, no siempre la disputa entre un dirigente y quien lo precede consiste en ocupar directamente su lugar con un proyecto diferente: a veces consiste en construir un sucesor que conserve parte de la identidad política, pero que permita clausurar una etapa.
Aplicado a Patricia Bullrich, el interrogante es qué pretende hacer con el proyecto de Milei. Bullrich no difiere con la orientación económica general, aunque introdujo en su discurso la preocupación por la industria, el comercio y la construcción. Pero lo que no está dicho es más que evidente: Milei no está bien. Su estado mental es inestable, tiene reacciones impredecibles, y eso genera desconfianza en la continuidad de su proyecto político.
Patricia Bullrich logró una recepción especialmente favorable entre los empresarios en el Coloquio de IDEA. Pidió reducir impuestos y mejorar la competitividad, pero también planteó la necesidad de reactivar el consumo, el comercio, la industria y la construcción.
La participación de Bullrich tuvo además una fuerte carga simbólica. La presencia de un dispositivo de seguridad similar al utilizado para un presidente y la recepción que tuvo durante su exposición reforzaron la imagen de una dirigente con aspiraciones de mayor protagonismo político.
Vamos a escuchar su discurso:
Detengámonos un poco en el contenido. Bullrich parte de decir que las alternativas republicanas no reeligen y que ese es el desafío. Y dice que “es importante que este proyecto pueda avanzar”. No dice “es importante que Milei pueda reelegir”, y a continuación aclara: “en qué lugar me va a encontrar, no lo sé”.
Lo cierto es que los empresarios ven cada vez menos posibilidades para una alternativa moderada o una tercera vía competitiva de cara a 2027 y asumen que la disputa volverá a concentrarse entre el modelo actual y el peronismo. Bullrich aparece como una figura capaz de defender la continuidad del modelo, pero sin la imprevisibilidad de Milei y su “emocionalidad particular”, como la propia senadora lo definió en una ocasión.
Además, Bullrich utilizó la palabra “amable”. Al pedir una “economía familiar mucho más amable”, esta tiene una etimología particularmente sugerente: proviene del latín amabĭlis, derivado de amare, «amar», y originalmente significaba «digno de ser amado». La RAE conserva además sentidos como «afable, complaciente, afectuoso», por lo que funciona como una posible contracara del estilo confrontativo de Milei. Aplicada a la economía, desplaza el eje desde los indicadores hacia la experiencia cotidiana de las familias: no alcanza con que la economía se ordene, también debe resultar más llevadera.
Ese matiz puede ser políticamente eficaz porque Bullrich no presenta la palabra como una ruptura con Milei, sino como una corrección dentro del mismo rumbo. La paradoja es que una dirigente históricamente asociada con la dureza pueda encontrar un espacio de diferenciación justamente en la idea de amabilidad. El antecedente más preciso de una utilización de este concepto en una campaña presidencial es George H. W. Bush en 1988, aunque existen otros casos vinculados a ideas similares —empatía, cordialidad, moderación o cercanía— sin utilizar literalmente la palabra «amable». Así, la expresión de Bullrich puede leerse como una pequeña operación política: conservar el tronco del mileísmo, pero ofrecer una versión más llevadera tanto de su economía como de su forma de ejercer el poder.
Escuchemos un fragmento en el que Bullrich habló de la “emocionalidad importante” del Presidente. Fue después de una tensa reunión de gabinete presidencial en mayo de este año.
¿Estará intentando Bullrich convencer a los empresarios de que ella puede representar mejor que él el proyecto que ambos comparten? No sería necesariamente el camino de Moreno en Ecuador, que terminó rompiendo con Correa, ni el de Duhalde, que buscó otro heredero para cerrar el ciclo de Menem. Sería más parecido a la lógica de Santos en Colombia: preservar una identidad política, pero disputar quién puede ejecutarla. Por ahora, esto es solamente una hipótesis: Bullrich no anunció una candidatura ni rompió con Milei. Pero IDEA dejó planteada una pregunta política que puede ser mucho más importante que su eventual candidatura: ¿la continuidad del mileísmo necesita necesariamente a Milei?
En cambio, el Presidente se presentó ante el coloquio muy desprolijo. A oscuras, con una ventana cerrada detrás, enfocado desde arriba, lo que genera que no se puedan ver sus ojos, y vestido de manera completamente informal, con una remera sobre una campera. Una imagen de un hombre que no está bien. En una palabra: deprimente.
Pero además, protagonizó un tenso intercambio con el periodista José Del Río, conductor del encuentro y editor de La Nación. Del Río intentó en varias oportunidades cerrar la controversia y llevar la conversación hacia los desafíos económicos de la Argentina, pero Milei insistió en la confrontación, por momentos desbordado. Acusó a periodistas de haber insultado a funcionarios y personas vinculadas al Gobierno. Del Río defendió a sus colegas y el Presidente elevó la tensión al preguntarle si quería que dijera públicamente sus nombres.
Vamos a ver el momento:
Pero aunque obviemos el exabrupto, el discurso de Milei tiene rasgos de exageración y desconexión con la realidad.
Ya señalamos en nuestras columnas que mientras menos resultados positivos tiene para ofrecer, el discurso del Presidente comienza a centrarse más en la amenaza que representaría una vuelta del kirchnerismo. Pero otro rasgo es que cada vez más se exageran los “palos en la rueda” de la oposición.
"Si no hubiéramos tenido que enfrentar el intento de siete golpes de Estado y gente haciendo actos terroristas en la calle, la inflación ya estaría empezando con cero hace rato”. Luce muy exagerado.
La imagen de una oposición que permanentemente le pone “palos en la rueda” no cuadra. El oficialismo fue minoría en ambas cámaras, pero durante todo su mandato, y desde el principio, consiguió aprobar sus iniciativas centrales, como la Ley Bases y el paquete fiscal, gracias a acuerdos con sectores de la oposición y con gobernadores. Tampoco sufrió múltiples paros generales ni movilizaciones multitudinarias constantes, aunque sí hubo algunas, como las encabezadas por la comunidad educativa por el presupuesto universitario, pero no fueron impulsadas principalmente por el kirchnerismo ni se pueden catalogar como “golpes de Estado”.
Bullrich, en cambio, pareció entender que IDEA no era solamente un auditorio al que había que convencer de que el modelo funcionará algún día, sino un lugar donde había que escuchar las dificultades del presente.
En un contexto en que el país está a las puertas de una recesión, el Presidente elige negar la realidad y justificarse, mientras que Bullrich cuestiona los aspectos controversiales del modelo, diciendo que hace falta acelerar los cambios para que haya alivio económico.
Bullrich les dice a los empresarios exactamente lo que muchos de ellos quieren escuchar sin abandonar el lenguaje del oficialismo. Introduce la palabra “equilibrio” dentro de un modelo que hasta ahora privilegió con claridad a determinados sectores de la economía.
Javier Milei cruzó a José Del Río en IDEA y acusó a periodistas de "insultar" a sus funcionarios
Bullrich escenificó ante el círculo rojo una versión más institucional y pragmática.
Borges imaginó en “Pierre Menard, autor del Quijote” que alguien podía escribir exactamente las mismas palabras que Cervantes y, sin embargo, producir otra obra. Porque no alcanza con conservar el texto: cambia quien lo pronuncia, cambia el contexto y cambia el significado. Menard consigue producir exactamente los mismos fragmentos del Quijote, palabra por palabra, pero al estar escritos desde otro momento histórico y otro horizonte cultural, esas mismas palabras adquieren un sentido diferente.
Algo parecido podría ocurrir con el mileísmo: Bullrich podría defender las mismas ideas generales, pero pronunciadas desde otro lugar, con otro tono y otra relación con el poder, e intentar mantener la adhesión que Milei está perdiendo.
La diferencia que dejaron ambas participaciones en IDEA no fueron dos proyectos económicos distintos, sino dos maneras de imaginar su continuidad. Milei apareció defendiendo su gestión y explicando por qué los resultados todavía no alcanzan; Bullrich apareció defendiendo el rumbo en términos generales, pero señalando que ese rumbo necesita corregir sus desequilibrios y producir resultados visibles. E implícitamente, un personal político menos inestable mentalmente. Quien empieza a explicar que un proyecto debe continuar, pero de otra manera, empieza también a construir la posibilidad de conducirlo.
Y, en perspectiva, el interrogante es si puede existir el mileísmo sin Milei. La respuesta dependerá de si Bullrich logra convertirse en esa astilla que conserva el tronco, pero reclama para sí la capacidad de hacerlo crecer de otra manera.
La pregunta fundamental es que si puede existir un mileísmo sin Milei y si eso sería beneficioso o perjudicial para los argentinos.
MEG