El Canciller de Brasil analizó el conflicto en Medio Oriente
Mauro Vieira condenó los ataques de Estados Unidos, Israel e Irán, remarcó la necesidad de respetar la Carta de la ONU, alertó sobre la fragilidad del orden internacional y defendió la vía de la negociación como única salida.
En medio de la escalada bélica en Medio Oriente, el canciller brasileño Mauro Vieira advirtió que se trata de “una conflagración enorme, muy importante, en una parte del globo que es central para el equilibrio de toda la política internacional” y remarcó que lo que está en juego es el propio sistema surgido tras 1945. “No podemos acordar con la destrucción del derecho internacional”, sostuvo, al tiempo que reclamó “respeto a la Carta de la ONU y al derecho internacional” frente a una crisis que pone bajo presión al multilateralismo y a las Naciones Unidas. "Condenamos el ataque inicial de Estados Unidos y de Israel, pero de la misma forma también pedimos contención para que no haya, en terceros países, movimientos que lleven a la muerte", expresó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Mauro Vieira es el actual ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, cargo que ocupa desde el primero de enero de 2023 bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva. Previamente fue canciller durante el segundo mandato de Dilma Rousseff. También fue embajador en destinos estratégicos como Argentina, Estados Unidos y representante ante la ONU. Ha sido una figura clave en la defensa y avance del acuerdo comercial con la Unión Europea, calificándolo como un paso con profundo significado geopolítico en este año.
El presidente Lula dijo recientemente en la India que no quería una nueva Guerra Fría y todo parece indicar que ya pasamos a la guerra caliente. Nos gustaría una reflexión suya sobre el estado del mundo a partir de lo que pasó en Medio Oriente el último fin de semana y lo que está sucediendo en este momento.
Habíamos combinado esta entrevista desde la semana pasada y no podíamos imaginar que hoy estaríamos viviendo esta situación de conflagración en Medio Oriente, una región que es muy sensible y que es central para el mundo, porque allí están los mayores productores de petróleo. Por allí circulan los barcos, los petroleros, con grandes cantidades de petróleo exportado y vendido a otras naciones.
Es lamentable lo que ha sucedido. Brasil se manifestó aún el sábado por la mañana sobre los ataques de Israel y de Estados Unidos a Irán y, el mismo día por la tarde, también criticó y condenó los ataques a países de la región por parte de Irán, en un acto que es contrario al derecho internacional y a las disposiciones de la Carta de la ONU, en la que se limita la reacción y también los actos bélicos a los países que realizan los ataques, teniendo en cuenta que hay poblaciones civiles que están sufriendo en los países de la región.
Por lo tanto, nosotros condenamos el ataque inicial de Estados Unidos y de Israel, pero de la misma forma también pedimos contención para que no haya, en terceros países, movimientos que lleven a la muerte, a la pérdida de vidas y a la destrucción de instalaciones físicas. Esa es la posición de Brasil.
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El papa Francisco decía, hasta no hace mucho tiempo, que estábamos en una tercera guerra mundial fragmentada. Con toda su experiencia diplomática, ¿le parece verosímil esta idea de que en realidad estamos ya en un punto de fricción comparable con lo que podría ser, aunque sea simbólicamente, una especie de tercera guerra mundial?
Yo diría que, sin duda ninguna, es una conflagración enorme, muy importante, en una parte del globo que es central para el equilibrio de toda la política internacional. Brasil siempre defendió el multilateralismo, siempre defendió el primado de las Naciones Unidas, de su Consejo de Seguridad y del derecho internacional.
No podemos concordar con la destrucción del derecho internacional y de las normas de convivencia que fueron construidas a partir de 1945, después de la conflagración mundial que terminó en 1945 y que dio lugar al sistema multilateral general, con las Naciones Unidas, el GATT, después sustituido por la Organización Mundial del Comercio, y las instituciones de Bretton Woods.
Si no tenemos reglas para regir la actuación y la convivencia de los Estados, vamos a llegar a conflagraciones de este tipo. La Segunda Guerra Mundial se concentró en Europa, que era Occidente, era el centro del mundo, y el resto era la periferia. Hoy la situación es totalmente diferente.
Hay una creciente presencia de otros Estados y de otras regiones con un papel fundamental en el equilibrio del planeta. Por eso, es más que necesario que haya ahora un respeto a las reglas de convivencia internacional, a la Carta de la ONU y al derecho internacional.
En la primera presidencia de Lula fue el momento pico del concepto BRIC, incluso BRIC solitario, con Brasil, Rusia, India y China. En ese contexto del multilateralismo, el BRICS aparecía como una promesa muy promisoria a nivel mundial. Hace unos años se produjo la invasión de Rusia a Ucrania, afectando el prestigio internacional de uno de los principales componentes, Rusia. Hace dos años Argentina, con el nuevo presidente Milei, rechazó la invitación a integrar el BRICS, entre otros motivos porque Irán era uno de los otros invitados a integrar el bloque.
De alguna manera, esta situación bélica que se produce con distintos integrantes del BRICS, uno de los fundadores originales como Rusia, y los casos de acusaciones a Irán de participar en acciones terroristas, ¿afectan el prestigio, la posibilidad de que el BRICS se convierta en lo promisorio que tenía como idea cuando nació?
Sí, el BRICS nació originalmente con los cuatro países y fue un órgano que tuvo gran relevancia en la actuación internacional. La ampliación que ocurrió hace dos o tres años trajo al BRICS una representatividad mayor. Allí está, evidentemente, también Irán, como están también algunos países del Golfo que fueron involucrados en esta conflagración que ocurre en este momento. Es evidente que es una situación difícil, pero no solo para el BRICS, sino para el mundo entero.
Creo que las Naciones Unidas están bajo presión, están pasando por un momento definitivo. La actuación de las Naciones Unidas ahora, el uso de las Naciones Unidas como espacio de negociación, de conversación y de acuerdos, tiene que ser valorizado y llevado adelante, o estaremos viendo cada vez más la erosión de la Organización de las Naciones Unidas.
Creo que el BRICS pasa también por un momento así, porque hay dos partes del conflicto que ahora están dentro del BRICS. Pero también eso es un desafío muy grande y puede ser benéfico que, en medio de este contexto de los actuales diez países del BRICS, se pueda llegar a un encuentro, a una solución, a un encaminamiento de esta cuestión. Es fundamental que haya respeto a las reglas multilaterales, que haya negociaciones. Nosotros siempre apoyamos las negociaciones de Estados Unidos y también de la Unión Europea con Irán. El plan de acción conjunta para Irán fue apoyado por Brasil; lamentablemente, no avanzó.
En el primer mandato del presidente Lula, Brasil, junto con Turquía, estuvo directamente involucrado en la negociación de un mecanismo y de una declaración llamada Declaración de Teherán, en la que se logró desactivar en aquel momento las tensiones que estaban llevando a un casi conflicto. Ahora, veinte años después, vemos ese conflicto realizarse. La declaración hecha, creo que en 2004, entre Brasil, Turquía e Irán fue un óptimo inicio para una solución de la cuestión nuclear de Irán. Infelizmente, tampoco avanzó. Varios países, en aquella ocasión, no quisieron aceptar y llevar adelante las decisiones.
Como decíamos, en el caso del BRICS Rusia quedó incluso con la imposibilidad del propio Putin de viajar a reuniones internacionales por el pedido de captura que tiene en La Haya y, por otro lado, China, al ser el actor principal del enfrentamiento comercial que Estados Unidos y el presidente Trump llevan adelante, queda también en el centro del conflicto. Los dos grandes pacifistas, podríamos decir, del BRICS, que son India y Brasil, quedaron de alguna manera con la representación mundial de esa multilateralidad en paz, en no conflicto con ninguna de las potencias. Me gustaría una reflexión suya sobre el papel específicamente pacifista que deben jugar Brasil e India en este contexto internacional, donde la Guerra Fría hoy es una guerra comercial entre Estados Unidos y China y la guerra militar se plantea en el caso de Rusia con la amenaza atómica.
La posición de Brasil es muy clara y el presidente Lula ha dicho, desde el inicio de su mandato e incluso un poco antes de asumir, que condenó la invasión de Rusia al territorio ucraniano. De la misma forma, en el primer año de este tercer mandato, condenó los actos terroristas de Hamas perpetrados contra Israel, que llevaron luego a una conflagración en la región.
No hay duda de que la posición de Brasil es de pacifismo, de concertación, de negociación internacional, de valorización de los espacios de negociación. En cuanto a eso, no hay duda. Brasil es un país que quiere continuar siendo un actor global. Queremos tener comercio, relaciones de cooperación, relaciones culturales, científicas, tecnológicas y comerciales con todos los países del mundo. Esa es nuestra forma de actuar. Tenemos numerosos mecanismos de integración de los que formamos parte y a los que damos mucho valor. El primero de ellos es el Mercosur, que es un importante mecanismo de concertación, no solo económica y comercial, sino también de concertación política entre las partes.
Y todos los demás: el BRICS, la OEA, la Organización de los Estados Americanos, las Naciones Unidas y todos los otros organismos multilaterales que ya mencioné, creados después de 1945, incluyendo primero el GATT y después la OMC, así como las instituciones financieras de Bretton Woods, como los bancos de desarrollo, el Banco Mundial y el Banco Interamericano. Necesitamos interlocución y promoción de la negociación. No necesitamos iniciativas bélicas que pongan en riesgo la estabilidad del mundo y la vida de las personas. Esa es nuestra posición.
Estaba prevista una visita de Lula a Estados Unidos, una reunión con Donald Trump inicialmente para comienzos de marzo. El presidente Lula, en una conferencia de prensa, ya dijo que no quería que Brasil fuera una colonia tecnológica. Me gustaría entrar de lleno en el tema del viaje del presidente Lula, la reunión con Donald Trump y la relación de Brasil con Estados Unidos.
El presidente Lula tuvo, evidentemente, un encuentro personal con el presidente Trump en Malasia, en Kuala Lumpur, el año pasado, que fue muy bueno. Tuvieron varios contactos telefónicos, conversaron muchas veces. El presidente Trump invitó al presidente Lula para una visita a Estados Unidos en marzo, mes que recién comenzamos.
No hay una fecha prevista, pero si se pudiera llegar a un acuerdo respecto de una fecha, creo que será importante que los dos presidentes puedan estar nuevamente juntos. Tenemos una amplia agenda con Estados Unidos. Tenemos 202 años de relaciones bilaterales. Fue el segundo país en reconocer la independencia de Brasil, inmediatamente después de Argentina.
Es un país importante, con el cual tenemos una importante relación comercial, un comercio total de un poco más de 80 mil millones de dólares. Estados Unidos tiene superávit y ese comercio bilateral es objeto de procesos, del mismo modo que otros tipos de negociación en otros sectores, como cooperación en minerales críticos, combate al tráfico y a los crímenes transnacionales. Son varias las áreas en las que tenemos cooperación y negociación con Estados Unidos.
Por eso es importante que la relación entre los presidentes sea buena y que haya contactos, como siempre los hubo. El presidente Lula, a lo largo de sus tres mandatos, tuvo muchas relaciones con todos los presidentes estadounidenses que coincidieron con él en la presidencia de Brasil. Siempre fueron diálogos y relaciones muy positivas, independientemente de la coloración política, independientemente de si eran del Partido Demócrata o Republicano. Por lo tanto, tengo certeza de que nuestras relaciones se mantendrán en ese nivel y que continuaremos teniendo, siempre que sea posible, encuentros presidenciales o de otro nivel. Yo mismo ya me encontré en Estados Unidos tres veces con el secretario de Estado.
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La Corte norteamericana limitó los aranceles que Trump podía imponer y, en ese contexto, mi pregunta es cómo modificó la decisión de la Corte los problemas de las empresas brasileñas en las exportaciones.
Las sanciones colocadas contra Brasil eran de dos naturalezas: primero, un 10%, como prácticamente todos los países, sobre todo de la región; y después, por razones políticas, un 40% adicional. Las razones políticas estaban totalmente vinculadas a presiones hechas contra el juzgamiento del ex presidente de la República. Desde el primer momento fue dicho por mí al secretario de Estado y por el presidente Lula al presidente Trump que eso estaba fuera de cuestión. No se podía tratar ese aspecto porque, primero, estaba en manos de otro poder de la República, que estaba juzgando a partir de pruebas muy claras y concretas. Eso está acabado. El juicio fue terminado, las sentencias para cerca de 15 o 20 personas ya fueron dictadas y están cumpliendo las condenas.
El segundo aspecto de esa imposición del 40% era un alegado superávit brasileño con Estados Unidos. Eso es absolutamente falso. Brasil tiene un déficit de cerca de 20 mil millones de dólares, o un poco más, el año pasado, si se consideran bienes y servicios. Solo en bienes, el año pasado fueron 12 mil millones de dólares. Por lo tanto, el argumento no se sostenía, de que deberíamos tener ese 40%. El presidente Lula, desde el primer momento, y fue la instrucción que me pasó en las negociaciones y en los encuentros que tuvimos, no solo yo, sino también el ministro de Finanzas, Fernando Haddad, con su contraparte, y el vicepresidente de la República, Geraldo Alckmin, que es ministro de Industria y Comercio, nos indicó que no podíamos tener ningún tipo de negociación mientras estuviera vigente ese 40%.
La decisión de la Suprema Corte norteamericana eliminó el 40%. Brasil está, como todos los otros países, sometido a una tarifa igual para todos y continuamos listos para avanzar en las negociaciones y en los entendimientos que veníamos manteniendo desde el año pasado, con vistas a encontrar soluciones para cada uno de los problemas planteados por ambas partes. Estábamos listos, como dijo el presidente Lula, para negociar todos los ítems, todos los temas. No había temas tabú, temas prohibidos. Podíamos discutir todo, siempre dentro de la perspectiva del interés nacional. Todo lo que estuviera de acuerdo con el interés nacional podía ser negociado.
RM/ff