Rebusque creciente

Fuerte advertencia de Martín Rapetti: “El mundo y no sólo Argentina se dirige a una estanflación”

El economista analizó la tensión entre empleo, crecimiento y reglas de juego en una Argentina donde cada vez más personas quedan afuera del trabajo formal. Advirtió que sin una economía que crezca y sin un tipo de cambio competitivo, las reformas no alcanzan.

Crisis. Por la gestión libertaria, Argentina quedó como la segunda peor del mundo. Foto: NA

El crecimiento económico y un tipo de cambio competitivo son factores decisivos para la generación de empleo en Argentina, por encima del impacto directo de las reformas laborales. A partir de esta entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el economista Martín Rapetti analizó la compleja situación macroeconómica del país y advierte que “El mundo y no sólo Argentina se dirige a una estanflación”.

El economista argentino especializado en macroeconomía, desarrollo económico y política productiva, Martín Rapetti, es director ejecutivo de Equilibra, una consultora que analiza la economía del país, y también investigador del CONICET. Se formó en la Universidad de Buenos Aires y obtuvo su doctorado en Economía en la University of Massachusetts Amherst. A lo largo de su carrera se dedicó a estudiar temas como inflación, tipo de cambio, crecimiento y restricciones externas en economías como la argentina.

El tema del día es el nuevo índice de desempleo: 7,5%, 17% entre los más jóvenes a fines de diciembre, cuando todavía uno debería suponer que, dado que la economía sigue sin recuperarse, podría ser peor cuando se conozca el índice acumulado a lo largo de 2026. Mi pregunta es si vos creés que, de alguna forma, la modernización laboral ya partía del diagnóstico de que el desempleo iba a subir, como ocurrió durante el gobierno de Macri o el de Menem. Y si finalmente —voy a hacer una simplificación, a ver si la hago correctamente— la convertibilidad tenía la inflexibilidad de que había personas con salarios en el uno a uno en dólares que podríamos considerar altos para lo que vino después, pero generaba una enorme cantidad de desempleo; llegó Duhalde y lo que hizo fue reducir el sueldo a la mitad y emplear al doble de gente. ¿Creés que hay dentro del gobierno la idea de que, para aumentar el empleo, hay que reducir los salarios, bajar el costo laboral y, de alguna manera, la reforma laboral persigue ese objetivo?

La lógica detrás de la reforma implica implícitamente que existen ciertas restricciones, obstáculos y costos para la contratación que, si se eliminan, permiten mejorar la incorporación de mano de obra.

Si bien no es un campo donde me he especializado, hay otros investigadores que trabajaron más esos temas. La evidencia es mixta, pero hay buenas razones para pensar, según varios estudios, que el régimen laboral no ha sido el factor principal detrás de la falta de generación de empleo. De hecho, se pueden observar dos períodos muy claros con el mismo régimen laboral durante los últimos 20 años, o incluso se puede extender a la convertibilidad con regímenes no muy distintos. Hubo etapas de escasa creación de empleo, otras de fuerte crecimiento y un período reciente de más de 12 años con muy baja generación de puestos.

Esto está vinculado con el tipo de cambio. Es un tema estudiado y en esto he realizado algunas contribuciones. El tipo de cambio es un precio relativo entre el salario y el valor del dólar; cuando el tipo de cambio real está bajo, los salarios en dólares son altos, contratar trabajadores resulta más caro y son más rentables las actividades capital intensivas y poco intensivas en trabajo. Así, la expansión económica absorbe poca mano de obra.

Por el contrario, cuando el tipo de cambio real está alto y los salarios en dólares bajos, no solo es más barato incorporar personal, sino que los sectores intensivos en trabajo son más rentables y, al expandirse, demandan más empleados. Por eso, si uno tuviera que ordenar los factores por importancia, diría que el crecimiento económico del país define principalmente la expansión del empleo en el mediano plazo; en segundo lugar, influye el valor del tipo de cambio, y recién en un tercer o cuarto lugar aparecen las normas y el régimen laboral.

Ahora, me viene a cuento una de las veces que viví en Brasil. Recuerdo que había ganado el Premio Nobel de Economía un economista que planteaba, por su propia experiencia en Brasil, que eso que se enseña, que normalmente capital y trabajo no son sustituibles y que sin capital un país no se desarrolla, no era tan así. Él ponía el ejemplo de que Brasil había logrado desarrollo abaratando el costo del trabajo y decía que, si una grúa costaba determinada cantidad de dólares y la tarea que realizaba era equivalente a 100 personas tirando una cuerda, y el salario de esas 100 personas durante el tiempo de amortización de la grúa era menor que el costo de la grúa, había que contratar a esas 100 personas y no comprar la máquina. Así se había desarrollado la Transamazónica, el Brasil del boom económico de los años 70, con salarios bajos. Yo, siguiendo tu planteo, digo: coincido, la reforma laboral es lo último, pero si no tenés lo más importante —que el crecimiento no viene muy fuerte—, y al mismo tiempo el tipo de cambio desalienta la contratación de personal y sí alienta la utilización de capital, la consecuencia final es que la única manera de reducir o evitar el aumento del desempleo es bajando el costo laboral. ¿Es correcta esta inferencia?

No sé si está en el formato de la cabeza del equipo económico, eso no lo tengo claro, pero efectivamente creo que muchas veces se escucha que la causa del estancamiento son las leyes laborales, y yo no creo que sea así. Muchos suponen que destrabando el marco normativo laboral se impulsará el crecimiento.

Me refería a que lo vean como un paliativo a las condiciones que ellos mismos generan con el dólar barato.

Sí, creo que, como esto implica abaratar no solo la contratación sino también el despido, en un contexto recesivo puede generar más desempleo o, al menos, mayor pérdida de empleos en el sector privado formal. Especialmente ahí es donde se pueden perder puestos, porque un rasgo distintivo de esta economía, comparada con la de los 90, es que ahora se pierde mucho empleo en el sector privado formal y ese empleo, hasta hace poco, se compensaba principalmente con creación de empleo informal, sobre todo de trabajadores autónomos, gente que hace changas y no aporta a la seguridad social, aunque en las cifras del INDEC aparezcan como empleados.

En los 90, quienes caían del empleo formal pasaban directamente al desempleo. Ahora hay un eslabón intermedio: diversas changas. Es lo que Diego Voci, mi socio, llama la economía del rebusque.

En efecto, existe una forma de sobrevivir. No hablamos de Rappi o Uber, porque esos servicios están formalizados de alguna manera, sino de personas que hacen changas vendiendo tortas en una plaza o feria, artesanías, acompañando a un jardinero en algún country, cortando pasto o levantando ramas, sin relación de dependencia. Así, se configura como un ejército de reserva, si se me permite el término, que cae en una economía de rebusque, como dice Diego Voci. Eso es lo que hoy genera empleo en la Argentina.

Contame qué sentís que va a pasar con la inflación. Leí tu último informe respecto de la no baja de la tasa de interés en Estados Unidos y tus predicciones sobre cómo iba a terminar afectando a la Argentina. Encontramos un gobierno que, en el mes 27 de su plan antiinflacionario, tiene la situación inversa a la esperada: el primer año bajó y el segundo subió respecto del primero o, al menos, respecto de la cifra más baja al final del primero. ¿Cómo ves la complicada situación del gobierno con la inflación?

Bueno, yo, antes del conflicto en Irán, imaginaba una inflación probablemente un poco más baja que la de 2025, anualizada, y que en diciembre de 2026 estaría apenas por debajo de 2025, no mucho más. El gobierno tenía una idea casi fantasiosa de 10%. Otros analistas eran un poco más optimistas que nosotros y creían que sería algo menor.

Hoy, el conflicto en Irán abre una serie de complejidades para la economía argentina. Para resumirlo, el mundo se dirige a una estanflación. En términos sencillos, se reduce la oferta de un producto crucial para la economía global: la energía. Con menos oferta, sube el precio del gas y del petróleo. Esto tiene dos efectos: por un lado, encarece directamente la energía; por otro, como toda la producción requiere energía, se trasladan costos al resto de los productos, generando inflación.

Milei afirmó que la inflación mayorista “está bajando” y que esto anticipa una caída en precios minoristas

Al mismo tiempo, al subir el costo de la energía, empresas y personas destinan más ingresos a pagarla, lo que retrae la demanda en otros sectores. Así, la economía se contrae. Ese es el fenómeno estanflacionario: precios al alza y caída de la actividad.

Creo que la economía mundial marcha hacia eso. En Argentina, esto genera varios impactos. Por un lado, habrá importación de inflación: productos importados y energéticos serán más caros. Por otro, existe un beneficio: como somos exportadores netos de energía, el saldo comercial podría mejorar. Pero un mundo más estanflacionario reduce la demanda global, incluyendo la de productos argentinos.

El punto más relevante es el financiero. Cuando ocurre esto, se produce unflight to quality”: los fondos de inversión se refugian en activos más seguros, como los de Estados Unidos, y salen de países emergentes, entre ellos Argentina. Esto reduce el financiamiento justo cuando el país buscaba volver al mercado internacional.

Es como si la pileta empezara a perder agua justo cuando nos estábamos por tirar. Las necesidades de financiamiento aparecerán en 2027, un año electoral, con alta incertidumbre. En ese contexto, los inversores pueden mostrarse reacios a prestar. Es un escenario que no estaba a la vista. El gobierno dejó pasar una ventana a principios de año para emitir deuda, y ahora la guerra en Irán cambió el panorama.

Hoy, la situación es mucho más compleja.Todo esto se combina con los problemas de empleo, los bajos ingresos, un contexto global adverso y un frente financiero más complicado. Empiezo a ver con preocupación el panorama.

 

MV/ff