Gustavo Marangoni: “El Gobierno venía sobre ruedas y se le pinchó el neumático”
El analista político consideró que el paro general tiene un trasfondo estrictamente económico y advirtió que la estrategia oficial para bajar la inflación “no es neutral” y genera costos en la industria y el empleo.
El politólogo Gustavo Marangoni afirmó que el paro general de la CGT general “tiene un contenido político” porque lo que está en juego es una política económica. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190) señaló que la baja de la inflación basada en apertura comercial y dólar barato implica consecuencias sobre el empleo y el entramado productivo, y planteó que la discusión de fondo es si los puestos de trabajo perdidos “tienen un espacio que los pueda absorber”.
Gustavo Marangoni es licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad del Salvador y magíster en Relaciones Internacionales de Flacso.
Néstor Sclauzero: El Gobierno dice que es extorsivo este paro. ¿Cómo ves la medida de fuerza y el escenario que se plantea en el Congreso?
Me parece que esto fue un incremento. Hace dos semanas el paro ni siquiera estaba en la discusión de la CGT o lo estaba muy tibiamente. A veces se da el efecto mariposa, aquello de que el aleteo de una mariposa en Australia genera un tornado en Nueva York. Cuando se empezó a discutir la reforma laboral y hasta se obtuvo la media sanción, también había pasado inclusive con todo lo que implicaba, y fue una declaración, una entrevista del ministro (Federico) Sturzenegger, que puso todos los focos en el tema de las licencias médicas, lo que empezó a generar como una suerte de incendio, sobre todo en el tema de la reforma laboral.
Algunos empezaron a señalar, a partir del estado de la opinión pública, que ese artículo en particular sobre las licencias no se debía aprobar y que eso tenía que llevar también la discusión a otros niveles, y que inclusive en el Congreso se tenía que tomar una actitud más asertiva al respecto. Concomitantemente con eso, aparece el tema Fate. Entonces se fue armando toda una historia que termina en este paro que.
Todos los paros nacionales, todas las huelgas generales, tienen un contenido político. Esto lo saben los que lo hacen y los que lo sufren. Lo que se discute es una política económica. Entonces, por supuesto que para el Gobierno esto tendrá el carácter extorsivo, palos en la rueda, detener el cambio, etcétera. Para quienes impulsan o apoyan la medida, es una forma de interpelar sobre las consecuencias de una política económica. Si me permitís acudir a una analogía facilista, para un Gobierno que venía sobre ruedas, justamente el neumático se le pincha, y se establece toda esta situación que era impensada pocas semanas atrás, cuando el Gobierno parecía estar solo en el centro de la escena y quizá, como consecuencia de estar solo en el centro de la escena, se dan estos apresuramientos, errores no forzados, declaraciones inoportunas que terminan de alguna manera agregando o uniendo, al menos temporalmente, a todos los que se oponen al oficialismo.
NS: ¿Es la torpeza política que se le adjudica también al Gobierno o a los de La Libertad Avanza lo que llevó a esto? Porque lo de FATE, algunos dicen que la decisión de tomar la situación puntual de cerrar la planta fue quizás también monopolizada políticamente para generar en estas horas un escenario favorable a cualquier protesta. ¿Lo ves desde ese lado o fue de manera circunstancial?
Creo que en la narrativa del Gobierno está la idea de plantear complots, como presentarse víctima de la conjunción del club de lo malo. Entonces, antes de las elecciones eran el riesgo K y todos los que generaban la corrida cambiaria, etcétera. Ahora son los empresarios o "empresaurios", como los denomina el Presidente, unidos a los sindicalistas zurdos. Pero la verdad es que la estrategia que tiene el Gobierno para bajar la inflación, que se apoya en la apertura comercial y en el dólar barato, ha generado un descenso de la inflación, pero también tiene consecuencias. Ninguna política económica es neutral, y esta menos que menos. Y además los funcionarios del Gobierno se jactan de la parcialidad de su política. Por eso un poco la reacción de ayer es curiosamente contradictoria.
Cuando se conoce el cierre definitivo de la planta de Fate, el Gobierno critica justamente esta unión de sindicalistas de izquierda y empresarios prebendarios en la narrativa oficial, y a la vez convoca una conciliación obligatoria. Dentro de la lógica que predica el Presidente y los principales funcionarios, si la empresa tiene estas características, lo que tendría que suceder es que cierre y que en todo caso se consuman productos importados más económicos y eso redundará en un beneficio por mayor eficiencia y productividad de la economía. Pero la realidad, por supuesto, tiene sus leyes y en la pantalla hay 920 personas y sus correspondientes familias que ahora van a pasar una situación de desempleo, y que es evidencia de otros costos que se vienen dando en pequeñas y medianas empresas, sobre todo del entretejido industrial, no es algo que se pueda asimilar fácilmente.
NS: Si vemos esto que marcás vos, quizás sea cierto que hay empresarios que añoran lo que pasó hace un tiempo atrás y el dueño de FATE es de una familia de mucho dinero. No es que se hayan enriquecido en los últimos años. Tienen una larga historia, pero también parece que tuvieron beneficios extras. Y también es cierto que el peronismo muchas veces perdió la conducción de muchos gremios y los sectores más extremos que encabeza políticamente el Partido Obrero han llevado a protestas en donde no hay nada que convenga desde el punto de vista político gremial a una resolución, sino que van al conflicto permanente. Quizás las dos cosas también tengan parte de verdad y den oxígeno a esta posición, porque finalmente al Gobierno no le va mal con estas posturas que manifiesta, ¿no?
El perro puede tener pulgas y piojos a la vez. Puede ser cierto que hay sectores económicos que durante mucho tiempo pescaron en la pecera y puede también ser cierto que una política de apertura que no tiene ningún tipo de restricciones ni de salvaguarda, que tienen otros países, probablemente sea un remedio tan gravoso como la enfermedad.
El Gobierno tiene un objetivo, que es el que le ha permitido en buena medida ganar las elecciones intermedias, que es bajar la inflación a como dé lugar, lo cual tiene sentido porque heredó un país con tres dígitos de inflación. Ahora, ese remedio tiene costos, tiene contraindicaciones. Cuando uno compra cualquier remedio en la farmacia hay todo un papelito con letra muy chiquitita que te dice: “Mire, esto puede generarle tal cosa y tal cosa, tenga cuidado”. Los 200.000 puestos de trabajo registrados que han desaparecido en los últimos dos años, ¿tienen un espacio o un lugar que los pueda absorber al margen de la economía de las aplicaciones?
Porque los motores de la economía que privilegia, vía el RIGI y otras iniciativas, esta administración son poco mano de obra intensiva, pero aquellos que están más sometidos al combo de apertura comercial y dólar bajo son más mano de obra intensiva. Entonces, al margen de plantearlo como bondad o maldad, éticamente bueno de un lado y malo del otro, hay una cuestión de intereses y de necesidades. Entonces, los beneficios de tener cubiertas más económicas, si circunscribimos al tema Fate, ¿se compensan con otras ventajas en materia de creación de empleos en otros lados o lugares? ¿O quienes caen no tienen dónde reinsertarse? Y yo creo que es eso lo que se está discutiendo.
NS: Esta es una discusión que tiene más de 40 o 50 años. Yo no sé si todos los países discuten el valor del dólar como una variable de cuestión central para la política de un país. Porque acá, cuando tuvimos el dólar barato pasó lo que pasó con la apertura de las importaciones y con el dólar caro tampoco es que el país se ultradesarrolló. Esta es una cuestión de fondo que en el común de la gente entra mucho y me parece que le da mucho argumento y apoyo al propio Gobierno cuando saca la discusión sobre este tema.
En parte eso es lo que explica la decadencia de la Argentina en las últimas décadas, porque hace décadas discutimos lo mismo. A veces la gente te dice: “Acá no te aburrís nunca en la Argentina”. Y en el caso mío personal, que ya tengo unos cuantos años, digo al contrario, no hay nada más aburrido que discutir siempre lo mismo. Yo era chico y se hablaba de la inflación, era chico y se hablaba de las ventajas de importar. Después se hablaba de los beneficios de proteger, y después se volvía a hablar de los beneficios de la importación, después de los beneficios de proteger, de un tipo de cambio estable y bajo, un tipo de cambio alto y competitivo. Y la traducción económica de eso es que tenemos un PBI per cápita que en términos es prácticamente equivalente al de 1974. Y en términos de crecimiento hace 12 o 14 años que nos quedamos prácticamente con la fotografía congelada del mapa de actividad de la República Argentina.
Entonces es obvio que estas discusiones, en las cuales pendularmente cambiamos argumentos, y lo podemos ver en el énfasis con el que se plantean ahora desde el oficialismo las ventajas de abrir la economía, uno dice que es muy difícil en este mundo proclamar el cierre o la protección total, pero también, precisamente cuando naciones que el propio Gobierno admiran, como la de Estados Unidos, están planteando la idea de proteger fuentes de trabajo, Argentina abre. Y probablemente la discusión es si tiene que abrirlo a todos por igual.
¿Se tiene que aplicar la misma política comercial a la fabricación de neumáticos, a la fabricación de alimentos, a todo lo que tiene que ver vinculado con la industria textil, manufacturera en general? ¿O habrá que hacer alguna cuestión sectorial, poner incentivos, etcétera? Pero claro, muchas veces esto conlleva discusiones que tienen que estar menos vinculadas a sesgos cognitivos y más apoyadas en datos y en la sostenibilidad de una política. Porque a lo mejor hay políticas que son muy redituables en el corto plazo en términos electorales, permiten ganar una elección o dos elecciones, pero después el tiempo demuestra que en lo que para nosotros es larguísimo plazo, y para las naciones en general, que son siete o diez años, terminan colapsando, ya sea por falta de financiamiento externo o por aumento de la inflación vía emisión monetaria.
NS: Y quizás también el uso abusivo de algunas cuestiones. La palabra subsidio hoy en la Argentina es casi una mala palabra. Eso obedece a que se ha extremado el uso de eso con cuestiones que no siempre terminaron siendo subsidios, sino prebendas para personajes o sectores. Países de la región, mantienen también muchas veces esa discusión, pero lo macro sigue relativamente estable y nosotros no logramos eso. ¿Esa estabilidad es la que también genera todo este escenario que no solo es económico, sino obviamente que es político en general en la Argentina?
En general, en la Argentina, y sobre todo en determinadas narrativas, la tibieza tiene mala prensa. Fulano es un tibio y eso parece ser el peor de los insultos, pero en general nos bañamos con agua tibia. Si hace mucho calor le das un poquito más a la fría; si hace frío, le das un poco más a la caliente. Pero en realidad, en la aplicación de políticas económicas, nosotros pasamos del agua hirviendo al agua helada. Hasta hace pocos años no se le negaba un subsidio a nadie. Todo era susceptible de ser subsidiado y se hacía eso sin reparar en el costo que tenía en términos fiscales y tributarios para la sociedad en general. Y ahora se pasó a la idea de que cualquier subsidio o cualquier protección es mala.
Entonces, en algún lugar del medio, en algún lugar de la paleta de grises entre esos blancos y esos negros, puede haber a lo mejor políticas más sensatas y racionales. Puede haber sectores que legítimamente necesiten protección y subsidios porque tienen un efecto positivo en cuanto a mantener determinados puestos de empleo y otros que no lo requieran porque lo único que hacen es facilitar el enriquecimiento de determinados empresarios. Pero esa discusión requiere probablemente de una suerte de estabilidad intelectual y emocional que muchas veces la dirigencia no suele tener o no suele caracterizarla, y que parece que estamos lejos hoy.
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