Poder en el discurso

Por qué Milei utiliza constantemente metáforas de violación anal

Para Susana Toporosi, la recurrencia de imágenes sexuales degradantes no es casual. “Está hablando cómo piensa el poder”, explica. “Las palabras pueden ser usadas como proyectiles”, señala y vincula el lenguaje del Presidente con una cultura de “descargas directas” sin mediación simbólica.

Susana Toporosi Foto: Intagram Susana Toporosi

El uso reiterado de metáforas de connotación sexual violenta por parte del presidente Javier Milei abre interrogantes que exceden lo retórico. ¿Se trata solo de un estilo provocador o de una forma de expresar relaciones de poder más profundas? Para la psicoanalista Susana Toporosi, especialista en violencia sexual infantil, “el abuso sexual es un crimen de poder” y ese esquema se filtra en el lenguaje. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), explicó que en una cultura de “descargas directas”, donde “los impulsos no pueden esperar”, las palabras dejan de ser mediación y se vuelven acto: “Las palabras pueden ser usadas como proyectiles para destruir y dañar”.

Susana Toporosi es una destacada psicóloga, psicoanalista e investigadora especializada en el abordaje del abuso sexual en las infancias y la adolescencia. Se desempeñó como coordinadora del área de salud mental de adolescencia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en la ciudad de Buenos Aires. Trabaja activamente en la Facultad de Psicología de la UBA desde el año 2009, en investigaciones sobre violencia sexual contra las infancias y adolescencias. Ha publicado obras de referencia en su campo: En carne viva. Abuso sexual infantojuvenil (2018), La crueldad y el horror. Violencias sexuales durante la niñez y adolescencia y su última publicación, Entre el trauma y el vivir, obra enfocada en la práctica clínica y en las herramientas de detección e intervención terapéutica frente a situaciones de vulneración y abuso sexual.

Aquí tenemos el libro Entre el trauma y el vivir. Y yo le pedí a Susana previamente, cuando combinábamos este reportaje, más allá del tema del reportaje, que es la detección y tratamiento frente a la violencia sexual infantil, poder encontrar puntos de contacto que el psicoanálisis nos permita comprender, otra forma de violencia, oral-sexual, que caracteriza a la época, donde los insultos generalmente tienen alguna connotación sexual. ¿Hasta qué punto incluso el uso exacerbado que hace el presidente y los libertarios, de alguna manera, se conectan con esto? ¿Si es una forma de abuso? ¿Si yo estoy exagerando en mi asociación?

El abuso sexual o la violencia sexual es un crimen de poder, que se realiza a través de la sexualidad, pero tiene que ver con el poder, el dominio, el sometimiento, en un vínculo asimétrico: quien tiene mayor poder. Es una forma de dominio sobre el que está en un lugar más vulnerable. Y cuando, por ejemplo, nosotros estamos viviendo atravesados por una cultura en la que se ha perdido la función que habitualmente tiene la cultura de contener, de transformar los impulsos, de ayudar a hacer una transformación… En esta cultura en la que nosotros vivimos, es una cultura de las descargas directas, de los impulsos que no pueden esperar. Y dentro de esos impulsos están también estas formas de descarga directa sobre quienes tienen un lugar más vulnerabilizado, que no es solamente respecto de la sexualidad, sino en muchos otros terrenos.

Si pensamos, por ejemplo, la apropiación de los cuerpos, que implica, por ejemplo, la última ley laboral, que es exprimir los cuerpos de los trabajadores y trabajadoras al máximo, apropiarse de esos cuerpos por parte del poder, que en realidad, en un sistema donde lo único que tiene libertad para existir es el capital. Por ejemplo, Milei dijo que el Estado “es un pedófilo frente a niños envaselinados”. Está hablando el poder en la cultura nuestra a través de las palabras de Milei, sin ninguna transformación, con un lenguaje directo. Está hablando cómo piensa el poder.

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Es una banalización de la violencia sexual contra las infancias. Hablar de esa manera sobre el Estado, pero está hablando una cultura, sobre todo cómo piensa el poder en relación a que se ve como alguien muy poderoso, que puede someter, a su libre albedrío, a quienes están en lugares vulnerables. Lo demás son cosas para ser consumidas, y si no, hay que tirarlas a la basura si no sirven.

¿Por qué usa todas las metáforas o la gran parte de las metáforas tengan esa connotación sexual y de violencia sexual? Porque es cierto lo que usted dice, de que habla la cultura, pero en líneas generales, la mayoría de los seres humanos reprimimos esos impulsos, y la cultura casualmente nos permite moderar esos impulsos. ¿Qué dice del sujeto que no modere esos impulsos y usa continuamente esos ejemplos, esas metáforas sexuales violentas, no sexuales románticas ni amorosas?

La verdad que, más allá de lo que le pasa a la persona de Milei, que no sabemos pero podemos inferir, a mí me parece interesante pensar esto que planteaba previamente respecto de que la función de la cultura de poder transformar esos impulsos, hoy no se cumple. Sobre todo que, quien detenta el poder siente una impunidad absoluta para poder usar sus impulsos, que en este caso es la sexualidad pensada bajo un modelo de lo que es la masculinidad patriarcal, que es dominar y someter al más débil.

Es la forma en que nuestra cultura, de alguna manera entiende cuál es el lugar de los varones, y que está a toda libertad de expresión bajo estas formas, como aparece en el lenguaje que usa el presidente. No hay ahí ninguna transformación, no hay ninguna contención para transformar en otra cosa, no hay metáfora. Directamente se usa la sexualidad en cómo la piensa la sexualidad, porque es como una radiografía esto de cómo Milei, o cómo el poder político-económico, piensa la sexualidad como una forma de apropiarse de los más débiles y de dominarlos, de someterlos. Y por eso me parece que usa ese lenguaje directo, sin ningún tipo de transformación.

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Usted dice que, finalmente, el abuso sexual, en el extremo, o la violencia sexual en el extremo de la violación, es una de las formas de demostración de poder. De las tantas formas en las que se puede hacer abuso del poder de los cuerpos. Hasta voy a la biopolítica de Foucault. Hasta uno podría decir la forma en que Napoleón consumía 500.000 franceses todos los años en sus ejércitos para sus batallas, ¿puedo hacer el recorrido inverso y decir: “Si finalmente esa violencia sexual no es más que otra de las formas de expresión y canalización de la forma de ejercer el poder violentamente, que el lenguaje utilice la violación implica algo en la relación con el poder”? Si bien uno puede decir: “Bueno, Napoleón usaba 500.000 cuerpos por año para llevar adelante sus guerras, y era una forma de cosificación de los cuerpos”. Ahora, que justo la oralidad del presidente utilice siempre como metáfora la violencia sexual, ¿qué dice?

El lenguaje también está atravesado por las relaciones de poder. De alguna manera, es un modo de mostrar cómo funcionan las relaciones en la sociedad. Cuando el presidente banaliza la violencia contra las infancias, lo cual me parece una cosa muy grave, yo creo que estamos en un momento donde las infancias y las adolescencias están en una situación de verdadero riesgo.

A lo mejor yo tengo un prejuicio. Siento que algo dice, y que trato de encontrar a ver si puedo descubrir algo, que nosotros consideramos que el periodismo siempre es una tarea de descubrimiento, que está cubierto algo que hay que descubrir tratar de entender por qué esa recurrencia.

Obviamente, y salvando todas las gigantescas distancias, en la historia del fascismo una de las características es la violencia, el mayor grado de violencia. Si bien todo poder requiere el ejercicio de un grado de violencia, una de las características como sistema político del fascismo es un mayor grado de la violencia como forma de poder. Si usted quiere, el soft power y el hard power. Si bien siempre en el poder existe un ejercicio de la amenaza, de la producción de daño, los grados con los que se utilizan y las formas con que se los lleva adelante es lo que marcan el carácter del sistema de poder, que es más civilizado o menos civilizado.

Entonces, que el hecho de que el lenguaje sea siempre sexual y al mismo tiempo violento me pone en contradicción con aquello típico del psicoanálisis, que es que lo que no se puede poner en palabra se pone en acto. Entonces uno puede decir: “Bueno, mejor que hable así y que las descargas sean orales, y que no las lleve a la práctica de manera material”, pero al mismo tiempo me queda como demasiado poco. O sea, ¿tengo que disculpar que una persona que, si no, llevaría los actos de violencia a lo físico, los pueda expresar oralmente? ¿Qué reflexión le genera todo esto que estoy diciendo?

El lenguaje muchas veces es un acto, no hay ahí un movimiento, un cambio y una transformación. Hay una descarga directa, es como un proyectil. Las palabras pueden ser usadas como proyectiles para destruir y dañar. Y hay mucho de esto en este sistema actual. De hecho, los neofascismos tienen también esta característica de estas descargas bajo formas directas, donde el lenguaje funciona para amedrentar y de esa manera lograr su misión.

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¿Exagero nuevamente si extrapolo que, en una sociedad la figura del presidente cumple un rol de padre, y que de alguna manera hay una representación de la protección familiar de los adultos en la protección hacia los ciudadanos por parte del gobierno?

Por supuesto que son modelos identificatorios muy importantes, y que tenemos en este momento la gravedad de lo que sucede en la sociedad respecto de los jóvenes que, cuanto más vulnerables, tal vez, por un montón de razones, actuales de la sociedad, de lo que les pasa a los adultos, con respecto a poder estar en condiciones de maternar y paternar en estos tiempos, muchos de estos jóvenes que se sienten muy vulnerables buscan figuras con las que identificarse que implican, lo que se supone que parecen figuras fuertes.

Justamente, frente a su propia vulnerabilidad, buscan figuras fuertes y encuentran muchas veces en el neofascismo, o en el narcotráfico, o en los grupos delincuenciales, lugares que les ofrecen la ilusión de una identificación fuerte para ser alguien cuando se sienten muy débiles. Entonces esto también es lo que explica por qué grandes sectores de la población, y muchos sectores socioeconómicos bajos, los varones, en esta búsqueda de identificación, de sentirse fuertes, votan este tipo de gobiernos.

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¿Qué punto de contacto usted encuentra entre la violencia sexual infantil y el bullying?

Lo que podría decirle, que yo veo en la clínica, es que muchos chicos que vivieron situaciones de violencia sexual, muchas veces les cuesta mucho, poder seguir viviendo con la presión que ejerce en sus cabezas la presencia compulsiva de las imágenes de esa violencia sexual padecida.

Muchas veces aparecen ciertos mecanismos defensivos que tienen que ver con desconectarse un poco de sí mismos, de sus propias emociones, y muchas veces, en la adolescencia, son chicos que están un poco aislados, desconectados de entender lo que les pasa a sus pares. Y entonces, muchas veces, son objeto de bullying. Un adolescente saliendo de la escuela con una amiga y un amigo, van a la casa de la amiga. La chica se queda dormida y el varón intenta besarla. A ella, que había sido abusada sexualmente por su progenitor en la infancia, era una chica que estaba muy desconectada de todo lo que era lo romántico. Ella decía que no entendía cómo podía ser que a sus amigas les interesara lo romántico.

Y resulta que, cuando este varón le quiere dar un beso, ella me cuenta y me dice: “No sabés qué asco, me quería meter saliva de su boca adentro de mi boca”. Era como que ella no entendía el sentido que tenía un beso de este chico con ella. Es como una incomprensión de algo fundamental de sus pares. ¿Por qué le pasaba esto? Porque, para poder seguir viviendo después de un trauma, tan intenso como el que ella había vivido, se había desconectado emocionalmente de sí misma y de entender un montón de cosas de sus pares. Y esto la llevaba a que la excluyeran, en algunas oportunidades, a haber vivido alguna situación de bullying también.