China y EEUU, esos gigantes que no saben jugar al futbol
Mao lideró una revolución agraria, para conseguir alimentos baratos para mil millones de habitantes, pero su meta era la ingeniería. América hizo lo mismo y es potencia mundial. Argentina recorre el camino inverso: “niega un presupuesto digno a las universidades y no puede alimentar a menos de 50 millones”.
La noticia más sobresaliente del último mes -amén de las brutales guerras que continúan y no tienen fin en el corto plazo- fue que los popes de la inteligencia artificial de EEUU fueron a reunirse con sus pares chinos a Pekin. Los dos presidentes auspiciaron el encuentro para intentar una especie de control y división del trabajo hasta donde se puede coordinar con semejantes magnates.
Es curioso que estas dos principales potencias del mundo hayan hecho a lo largo de su historia, un recorrido similar para estar donde están, aunque por diferentes caminos: reforma agraria, industrialización, poder financiero, inteligencia artificial.
Mao dirigió una revolución socialista y campesina llegando al poder en 1949 y su primera medida fue la reforma agraria para conseguir alimentos a bajo precio para más de mil millones de habitantes.
Para ocupar y proveer de energía, caminos, transporte, educación, salud a más de mil millones de habitantes se requería industrializar al país harto atrasado y castigado por guerras e invasiones varias. Se necesitaba ante todo una firme decisión política, mano de obra competente y tecnología de avanzada.
La primera, la decisión política, fue motivo de controversias. China empezaba una discusión interna feroz para liberar o no su economía. Resolvió apostar al homo economicus y que en los centros agrícolas y empresas se quedaran con una parte de los beneficios como motor e incentivo de la producción.
La mano de obra competente para la industria fue desarrollándose con las carreras de ingeniería y las escuelas técnicas siendo las especialidades que más egresados tenía. La mano de obra abundante y de muy bajo costo en dólares fue también el gran atractivo para el capital extranjero.
Respecto a la tecnología hizo malabares para salir del pantano como país pastoril y, como siempre, los principios son muy duros. Un tema muy conversado en la facultad, en mi época de estudiante, era la picardía que tenían los chinos para comprar maquinaria sofisticada en las exposiciones japonesas, pero por unidad, así después las desarmaban y copiaban. Es que ciencia y tecnología eran su prioridad a cualquier precio.
En 1972, el presidente de EEUU, Nixon, visitó China y lo recibió Mao para empezar a incorporar semejante mercado de más de mil millones de personas al comercio mundial y principalmente al norteamericano.
Hace unos años visité China y viajé por Pekín, Shanghái, Siam etc en trenes de alta velocidad, que asombraban por su puntualidad y confort. Subí a edificios de más de 100 pisos con ascensores que llegaban al último en segundos.
El guía que tuvimos en el tour, que hablaba perfectamente el español, nos dijo que había sido uno de los estudiantes rebeldes de la famosa revuelta de Tiananmen. Fue un movimiento de cientos de miles de estudiantes y obreros en 1989 que reclamaban más democracia y participación de las bases obreras y estudiantiles.
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También criticaban la apertura económica. Lamentablemente, fue aplastada por el gobierno y fue un punto de inflexión que sentenció que el Partido Comunista siguiera siendo el único partido legal sin oposición de ningún tipo.
La democracia, si alguna vez existió, quedó definitivamente sepultada.
Habían pasado 50 años, desde el todo caótico en 1949 a ser una potencia mundial en el inicio del siglo XXI. Fue un centro mundial de inversiones extranjeras y también empezaron a florecer los millonarios y los mil millonarios.
Los chinos se destacaron en diferentes deportes, ganando incluso más medallas de oro que EEUU en los juegos olímpicos de Pekín del 2008. Menos en el fútbol.
EEUU, por su parte, su camino fue también la reforma agraria a fines del siglo XIX en su avance descarnado hacia el Oeste y la decisión de industrializar al país. Tan estrictos fueron en sus inicios que prometían cárcel a quienes contrabandearan productos del extranjero si ya se fabricaban en los EEUU.
Y tan drástica fue la decisión de industrialización que hubo una guerra civil del Norte contra el Sur, para resolver por las armas que país iban a construir: … agrícola o industrial. Cinco años después ganó el Norte y terminó siendo, varias décadas después, el país más poderoso del mundo. Y el más cruel, siendo el único capaz de arrojar una bomba atómica sobre una población civil.
Hoy, ambos imperios dominantes juegan su carrera por el liderazgo en la Inteligencia Artificial sin que nadie sepa dónde termina esta nueva etapa.
En nuestro país, amén de la guerra de Unitarios y Federales, no hubo reforma agraria. Por el contrario, el gobierno repartió hasta el fin del siglo XIX más de 40 millones de hectáreas entre menos de 2.000 personas.
Pero este país agrario sufrió las crisis de la economía mundial y las guerras obligaron a que el plan productivo agrícolo-ganadero tuviera que permitir y alentar una industria sustituta de importaciones. Tanto fue así que, hasta 1976, la desocupación fue un problema menor.
Pasan los años y la Argentina hoy recorre el camino inverso al de las potencias: va de un país semi industrial a un país agrícola pastoril, petrolero y minero de muy bajo impacto en el empleo. Abrió sus puertas a la importación bajando sus barreras aduaneras, y cierran 25 mil unidades económicas.
No le interesa la educación y niega un presupuesto digno a las universidades y centros de investigación científica. Y este país que produce alimentos para 400 millones de personas no es capaz de alimentar a los 50 millones que somos, haciendo una aventura el llegar a fin de mes para una gran mayoría de argentinos.
Es que el plan de Javier Milei está integrado al mundo de los grandes centros financieros como J.P. Morgan, Black Rock etc, no de la producción industrial. El resultado es conocido: mientras estos se llevan miles de millones de dólares haciendo que Adorni parezca un simple ladrón de bicicletas, por otro lado, permiten como consecuencia lógica del plan económico, que al país le sobren la mitad de sus habitantes.
Pero la novedad, siguiendo a las grandes potencias, es incentivar a los magnates de la Inteligencia Artificial del mundo, como el conocido anti democracia Peter Thiel dueño de la empresa Palantir, a que se instalen aquí y tengan un paraíso fiscal en la Argentina. Y mientras Trump y Xi esbozan algún control y el Papa León XIV exige el desarme lisa y llanamente de lo hecho y empezar de nuevo con una I.A. al servicio de la humanidad, aquí la propuesta sería libertad empresaria total.
La Argentina, si sigue este camino, navega hacia un precipicio de miseria y desocupación a gran escala, con una deuda externa nunca vista, de más de US$ 450 mil millones y con una venta de activos - patrimonio de todos- a precios que suenan más bien a regalos de Navidad. A esto se llega también por el silencio cómplice de los partidos y sindicatos mayoritarios que se autoproclaman opositores.
Y en este mundo de las contradicciones, se verá en estos días que los chinos, primera potencia industrial, con más de 1.400 millones de habitantes -casi 30 argentinas-, no consiguen 11 jugadores para jugar en el mundial de fútbol. Que en EEUU se juega su segundo mundial producto no de su trayectoria en el fútbol porque no la tienen sino por su poder financiero, pero que es muy difícil que alguna vez ganen algo porque por ahora son unos troncos, mientras que nosotros, país decadente económica y moralmente, paraíso de buitres, ya ganamos 3 campeonatos mundiales. ¿Nos tendremos que conformar con esto?
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