Consumo

Deudas impagablas en la era del mileísmo insensible

“Cuando la plata no alcanza para llegar a fin de mes, utilizar la tarjeta de crédito o las aplicaciones financieras no constituye una decisión verdaderamente libre, sino un recurso extremo y muy caro”, analiza el autor. Las decisiones oficiales sobre salarios, tarifas, empleo y tasas son responsabilidad del actual gobierno.

“La calidad nutricional de la mesa familiar se viene resquebrajando”: advierten por el menor consumo de carne y lácteos Foto: .

La alta morosidad de los créditos y las deudas impagables es una de las consecuencias más graves de la política económica del gobierno. Sin embargo, Javier Milei y Luis Caputo responsabilizan a quienes tomaron esos créditos y sostienen que el Estado no debe intervenir para aliviar la situación. 

El discurso libertario afirma que nadie obligó a las familias a endeudarse. Pero omite que las decisiones oficiales sobre tasas, salarios, tarifas, empleo, importaciones y regulación financiera contribuyeron decisivamente a deteriorar la capacidad de pago de los hogares.  No se responsabilizan ni de sus propias acciones. La ideología libertaria comienza a mostrar su rostro absolutamente insensible y hasta hace alarde de ello. 

Una de las consecuencias de la política económica del gobierno es la alta morosidad de los créditos y la acumulación de deudas impagables, que aprietan a distintos sectores sociales. Contrariamente a las reacciones clásicas de la política frente a los desafíos electorales, el gobierno y, de manera explícita, el ministro de economía, Luis Caputo, y el presidente Javier Milei, no sólo se desentendieron del problema, sino que responsabilizaron a los ciudadanos que tomaron esos créditos.

Según su posición, cada persona debe hacerse cargo individualmente de sus propios problemas y el Estado no tiene que hacer nada para aliviar la situación. Es una manifestación coherente con los postulados libertarios, resumida en la frase: “Nadie les puso una pistola en la cabeza para tomar los créditos”, que ahora no pueden pagar.

'Nadie les puso una pistola en la cabeza para tomar los créditos', que ahora no pueden pagar"

A diferencia de la inflación, que continúa a un ritmo estable cercano al 2 % mensual, el problema más urgente es ahora la morosidad crediticia. El Banco Central, en su última Encuesta de Condiciones Crediticias, indica que la principal causa de los atrasos es la pérdida de capacidad de pago y no el incremento o la toma de nuevas deudas. Describe claramente lo que la sensación popular ha manifestado con total claridad: “la plata alcanza cada vez menos”.

Endeudarse o para vivir en situación de calle

El Gobierno, pretendiendo ser coherente con su filosofía libertaria, argumenta que los créditos fueron tomados individualmente y en total libertad. Sostiene que las decisiones respondieron a causas o motivos propios de cada individuo; que los salvatajes estatales son injustos porque serían pagados por terceros no involucrados —lo que identifica con el “socialismo”— y que algunos morosos especulan con la cotización del dólar.

En resumen, para el mileísmo el Estado debe retirarse de todo juego económico y su responsabilidad social debe minimizarse al extremo.Sin embargo, las incoherencias comienzan a aflorar. Nadie les “puso una pistola en la cabeza”, pero ocurrieron muchas otras cosas donde el gobierno resultó ser su impulsor, por lo que resulta incongruente hacerse el distraído o diciendo “yo no fui”. 

El Banco Central, en su última Encuesta de Condiciones Crediticias, indica que la principal causa de los atrasos es la pérdida de capacidad de pago y no el incremento o la toma de nuevas deudas"

Antes del proceso electoral de 2025, el Gobierno manipuló groseramente las tasas de interés, elevándolas para secar la plaza y evitar una suba del dólar.

También lo hizo de manera permanente para regular sus necesidades de refinanciamiento, afrontar el pago de bonos y controlar la inflación.

Esos cambios afectaron directamente a los deudores y constituyen una de las principales causas de la incobrabilidad crediticia.
Para simular que “todo marcha de acuerdo con el plan” (TMAP), el Gobierno alentó además el consumo de bienes básicos, principalmente electrodomésticos, con el argumento de que la inflación continuaría bajando y que los “brotes verdes” estaban muy cercanos.Algunos le creyeron y se endeudaron. Ahora pagan las consecuencias.

Por acción gubernamental, los servicios básicos —luz, gas, expensas y agua— aumentaron de manera desproporcionada y desequilibrada, en relación con los ingresos. Por eso el dinero, ya sea en forma de salarios o de otras entradas, no alcanza. Como resultado, disminuye el consumo de todo lo demás: ropa, salidas y otros gastos de los hogares.

Salarios, empleo y endeudamiento forzado

El salario se deterioró frente a todas las demás variables y, en especial, frente al precio de los alimentos.

El ingreso real de los hogares cayó más de un 15 por ciento desde el cambio de Gobierno.

La política de libre importación, anti-industrial y destructora de las pequeñas y medianas empresas, provocó despidos y caída del empleo por cierre de compañías.

El DNU 70/2023 eliminó los límites y sanciones sobre los intereses y liberó los punitorios. Financiar consumos con tarjeta llegó a costar hasta un 500 por ciento"

Más de 300 mil puestos de trabajo fueron destruidos. Una gran cantidad de familias quedó sin ingresos y no pudo afrontar las cuotas de sus créditos.

Cuando la plata no alcanza para llegar a fin de mes, utilizar la tarjeta de crédito o las aplicaciones financieras no constituye una decisión verdaderamente libre. Es un recurso extremo y muy caro.

Más de la mitad del financiamiento obtenido mediante tarjetas o aplicaciones se destina a la compra de alimentos.

El DNU 70/2023 eliminó los límites y sanciones sobre los intereses y liberó los punitorios. Financiar consumos con tarjeta llegó a costar hasta un 500 por ciento. Esa fue una decisión estrictamente adoptada por el gobierno de Milei. Debería hacerse cargo de sus consecuencias.

La proclamada heroicidad de la política mileísta para frenar la inflación —autoprovocada por la enorme devaluación inicial— choca moralmente con la decisión de responsabilizar a las familias por los atrasos o incumplimientos de sus créditos.

Esos incumplimientos son, en gran medida, consecuencia de las medidas políticas tomadas por el propio gobierno.

El gobierno engaña con promesas incumplidas, desprotege por decreto y después culpa a las personas por caerse.

El gobierno debería impulsar ya mismo una baja sustancial de las tasas de las tarjetas y de todos los créditos.

Las diferencias entre las tasas pasivas y activas son descomunales. Esto corrobora, una vez más, que el sector financiero es el más protegido y favorecido por este gobierno.

Libertad sí, pero para elegir nuevos empleos, educar a los hijos, esforzarse viendo un futuro posible, pagar créditos con tasas no usurarias y elegir un gobierno que no engañe.

*Consultor de Análisis y Riesgo Geopolítico, ex profesor de Escuela Superior de Guerra (ESG), ex miembro de Centro de Estudios Estratégicos de Ejército FFAA, Lic. Cs. Químicas FCEN UBA; integrante de Fuerza Suma FS+.