IA: prohibida para niños, obligatoria en la escuela
Un estudio demostró que varias operaciones cognitivas se desarrollan a pleno entre los 10 y 15 años. “Pero no indica cuánto daña ese ahorro del esfuerzo cognitivo”, señala el autor. La enseñanza de IA será obligatoria en la escuela primarias de CABA.
Esta semana OpenAI presentó ChatGPT for Teens, una versión para usuarios de 13 a 17 años, con más protecciones, controles parentales y detección de edad aunque se mienta en el registro. Pero una regla se mantiene: no está permitido para menores de 13.
La noticia llegó justo cuando la Ciudad de Buenos Aires presentó su anexo curricular de IA y Protección Digital para la primaria. De primero a tercero los chicos aprenderán sobre IA sin interactuar. En cuarto y quinto el uso pasa a ser grupal. En sexto y séptimo, experimentación de IA individual con supervisión docente. Se habla de "la incorporación explícita y progresiva de la IA en el currículo obligatorio". No es optativo. Ahí me frené.
Una persona aprende a usar ChatGPT en una tarde. Construir criterio lleva años, y la primaria es donde comienza.
Lo difícil es saber cuándo una respuesta está mal, cuándo algo que suena convincente es apenas verosímil, cuándo conviene dudar o directamente pensar solo. Ese aprendizaje tarda años. Un estudio en Nature Communications, con más de 10.000 participantes, encontró que las funciones ejecutivas (planificación, control inhibitorio, memoria de trabajo) se desarrollan a toda velocidad entre los 10 y los 15 años.
UNESCO recomienda 13 años como piso para usar IA generativa en el aula. Las empresas también"
Eso no demuestra que usar IA antes de los 13 "dañe el cerebro", pero tampoco tenemos certezas sobre poner una tecnología que ahorra esfuerzo cognitivo justo en la edad en que ese esfuerzo construye esas capacidades.
El propio documento parece advertirlo: habla de "delegación cognitiva", de preservar la autoría, de la "falsa empatía" de los sistemas conversacionales. Y por momentos se pone más técnico que su público: propone abordar en primaria "vulnerabilidades técnicas como el prompt injection". Chicos que todavía repasan las tablas del siete. ¿Cuál es el apuro?
UNESCO recomienda 13 años como piso para usar IA generativa en el aula. Las empresas también: ChatGPT y Grok exigen 13 y, hasta los 17, permiso de los padres. Claude, de Anthropic, directamente pide 18. Gemini admite menores de 13 solo si un padre lo administra o si lo habilita una escuela. Recordemos esto; ya vuelvo a ese punto.
Las mismas empresas que fijan esos pisos están acumulando juicios. OpenAI suma al menos ocho demandas en Estados Unidos que vinculan a ChatGPT con suicidios, varios de adolescentes, y daños psicológicos; en el caso de Adam Raine, de 16 años, su defensa fue que el chico violó los términos: los menores no pueden usarlo sin permiso de sus padres.
Google, codemandada junto a Character.AI por familias de adolescentes fallecidos, cerró en enero un acuerdo sin admitir responsabilidad; en marzo recibió otra demanda por el rol de Gemini en el suicidio de un usuario.
Nada de esto prueba causalidad, pero no es ciencia ficción: en 2025, 44 fiscales generales estadounidenses ya habían advertido a estas compañías por los riesgos para menores. Noruega recorrió este año el camino inverso a la Ciudad: tras décadas de digitalización y una caída de casi 30 puntos en lectura en PISA, en junio prohibió la IA generativa en primaria, ni en el aula ni en las tareas. El mismo rango que la Ciudad vuelve obligatorio. "Lo más importante es que nuestros hijos aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas", dijo el primer ministro Jonas Gahr Støre.
Ahora, volvamos al punto pendiente. CABA habla de "cuentas institucionales" sin nombrar a nadie, pero la Ciudad ya habilitó Google Gemini y capacitó a más de 7.000 docentes en la Gemini Academy, "con certificación oficial de Google", como anuncia el propio Ministerio. La formación no la dictó el Estado: la dictó Google.
El Ministerio mandó a sus docentes a inscribirse en un sitio de la empresa, para una capacitación regional producida fuera del país. Un comunicado oficial de febrero ya daba por hecho lo que el anexo de agosto presenta como decisión pedagógica: la formación, decía, "anticipa la implementación de Gemini en las cuentas de estudiantes de Nivel Primario". O sea, los chicos van a usar Gemini.
La elección no es capricho: Google es la única de las grandes cuyos términos permiten que una escuela lo habilite a menores de 13. Cualquier otra herramienta que un docente lleve al aula choca con los términos de su fabricante. La paradoja es que Gemini K-12, el producto para niños, fue calificado de alto riesgo por el Youth AI Safety Institute de Common Sense Media.
Entre los hallazgos: no ajusta sus respuestas por edad, trata igual a un chico de sexto grado que a uno del final de la secundaria. La progresión gradual del anexo existe en el PDF; en la herramienta, parece que no.
Argentina aplica criterios de edad en otros terrenos: nadie cree que la mejor prevención de la ludopatía sea dejar apostar temprano para aprender a apostar bien. Con la IA, en cambio, hay un tecno-optimismo curioso: muchos adultos todavía vemos ChatGPT como una calculadora con esteroides. Pero un chatbot conversa, recuerda, adapta el tono, simula empatía durante horas. Para un adulto puede ser una herramienta pero para un chico de diez, esa frontera es bastante menos obvia.
Los chicos deberían aprender sobre IA temprano: que inventa datos, que tiene sesgos, que una voz amable no siente nada. Pero alfabetizar no obliga a exponer; el "acompañamiento permanente" queda impecable en un PDF; después hay un docente formado por videos grabados, treinta alumnos y una tecnología que también los adultos estamos aprendiendo a entender.
La IA va a formar parte de la vida de estos chicos. Esconderla hasta los 18 sería absurdo. El desafío es que ChatGPT o Gemini se aprenden en una tarde. El criterio, en años.
La Ciudad dice ser la primera de la región. Ser primera no es lo mismo que tener razón. El resto quizá no está atrasado: quizá espera evidencia antes de hacer obligatoria una tecnología sobre la que todavía tenemos demasiadas preguntas. Los autores del anexo conocen los riesgos, los describen con precisión, y aun así fijan el salto antes de los 13. En Noruega, al menos, decidieron obligar una espera.
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